de

del

Carlos Mena
Foto: Notimex
La Jornada Maya

Miércoles 14 de diciembre, 2016


Siempre he sostenido que la falta de interés de la población por las noticias económicas obedece a las siguientes razones:

1. La impotencia de manifestarse públicamente ante sus efectos; como el aumento en la tasa de las tarjetas de crédito, el aumento de precios por tipo de cambio, negación de créditos, falta de ventas, y otros.

2. Existe un desinterés de los gobiernos estatales de comentar esas noticias, ya que sus participaciones dependen del número de habitantes, principalmente porque el éxito o fracaso económico local no es proporcional a sus ingresos y el éxito económico no es su prioridad; de hecho, son un testigo mudo adicional del manejo económico del país; no pueden morder la mano que les da de comer.

3. El tiempo del impacto en su bolsillo; es decir, que suban las tasas en el mundo tarda de semanas a meses en que suban en México. Si se deprecia el peso pasa mucho tiempo para que suban los precios; si otorgan un préstamo al gobierno pasan semanas o meses en que se empiece a pagar capital e intereses y en verse la merma de inversión y que empiecen los recortes.


Estos factores contribuyen al deterioro de la economía familiar. Aun así, no podemos visualizar la importancia o significado de los sucesos económicos en la prensa, por ejemplo, la salida de Carstens del Banco de México significa mucho; ha sido vista como una traición, parecida a la del capitán que salta al agua cuando el barco se está hundiendo, como la del oportunista que sonríe en época de paz y se esconde en época de guerra.

No hay nada más equivocado. En sus comunicados ha sido el único que ha criticado el endeudamiento público, el único que defiende el aumento de reservas para apuntalar el crédito internacional, el único que ha presionado con recortes para equilibrar el presupuesto. Él pagó el seguro del precio del petróleo para blindar el presupuesto de 2014 y ganó cientos de millones de dólares por la baja petrolera, pero esta autonomía y atinada visión nadie la ha reconocido.

El gobierno federal, vía el secretario de Hacienda, increíblemente es su antagónico; bajo el agua lo tildan de ortodoxo y pesimista; los empresarios lo ignoran y quieren más gasto, a los gobernadores no les competen sus decisiones directamente, ya que sus ingresos no dependen de su economía local. La sociedad, amarrada de brazos, sólo protesta con su voto por la economía actual, pero no se puede manifestar en su planeación o desarrollo; los pobres no tiempo; su prioridad es comer hoy, mañana será otro día.

Carstens se va siempre diciendo lo que debemos pero no queremos escuchar; se va con el respeto de todos los que sabemos que siempre tiene razón, pero no queremos aplaudir, porque su prioridad no es la política que gusta del gasto y endeudamiento. Carstens es necesario pero incómodo, tiene razón en irse picoteado por todos y espero que encuentre un lugar donde se aprecie su sana administración y políticas económicas.

Chetumal, Quintana Roo

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