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del

Carlos Meade
Foto: Víctor Camacho
La Jornada Maya

Viernes 11 de noviembre, 2016

Sí, se sabe que el EZLN ha manifestado, más de una vez, su escepticismo respecto de los procesos electorales en México. ¿Por qué ahora plantean una candidatura indígena y femenina?

Los partidos, ha dicho (¡y con cuánta razón!) son todos corruptos; el INE y el TRIFE, ha señalado, en lugar de vigilar el cumplimiento de la ley electoral, se prestan al juego de las simulaciones y forman parte del mismo sistema corrupto, al que además blindan con impunidad garantizada. ¿Para qué entonces participar en esta mascarada?

Descontando los exabruptos rabiosos de una izquierda dogmática que nunca ha entendido la propuesta revolucionaria-anticapitalista del EZLN y haciendo a un lado las expresiones alarmadas de los simpatizantes de Morena, partido que no ha sabido o no ha querido acercarse a los pueblos indios; más allá de estas declaraciones descalificadoras, a veces racistas, es importante dejar claro que no se trata de hacerle el juego a la derecha, quitándole votos a AMLO. Primero, porque él se los quita solo al no sumarse, por ejemplo, a las luchas por la defensa de Wiricuta, del río Yaqui, de las normales rurales y de tantas otras batallas que libran hoy los pueblos indios y los mexicanos de abajo.

El sentido de este cambio en la política del EZLN, ahora muy cercano al Consejo Nacional Indígena (CNI), tiene que ver con el lugar desde donde se mira al mundo (abajo y a la izquierda, muy abajo y muy a la izquierda) y con la concepción del tiempo, que para los pueblos indios no se mide por trienios y sexenios, sino por generaciones.

Desde ese lugar, en Los Caracoles autónomos y con una perspectiva temporal abierta y paciente, tejen una agenda que incorpora todas las luchas de los pueblos contra la represión, el saqueo de tierras y recursos, la defensa del agua, de las selvas y bosques, etc. Se trata entonces de subir esa agenda a la mesa de la política nacional, para visibilizarla, aprovechando el proceso electoral. Pero no se engañan pensando que los problemas de los de abajo se resolverán por la vía electoral. Tampoco se engañan pensando que pueden ganar ni que, ganando, podrán resolver una problemática que tiene más de 5 siglos de antigüedad. Es evidente que son muchos frentes donde hay que dar esa lucha. La contienda electoral es sólo un nuevo espacio a explorar.

Para el EZLN y la CNI, el proyecto de participación electoral se mira en un horizonte de largo plazo. No se trata de lanzarse a conquistar el poder político y para ello aliarse con quien sea. Se dice, desde Morena, que el surgimiento de movimientos de izquierda reformista han irrumpido en el mundo y que nuevos actores participan para democratizar la vida política y defender derechos y conquistas que los “ajustes estructurales” les han arrebatado. La verdad es que, hasta el momento, esos movimientos no han logrado mover ni un milímetro las políticas neoliberales, que cargan las crisis a los bolsillos de los trabajadores. Y es triste observar que esos movimientos, como Syriza en Grecia o Podemos en España, han traicionado a sus bases al alcanzar posiciones de poder y no defender, desde allí, los reclamos que les dieron vida.

Por otra parte, los gobiernos de izquierda reformista que han tomado el poder en muchos países de América Latina han terminado acomodándose en la economía extractivista, dictada desde las cúpulas del poder capitalista. Quizá algunos han logrado aliviar temporalmente la pobreza extrema pero no han ido al fondo del problema: el capitalismo mundial integrado, que enriquece al uno por ciento de la población, élite que hace uso de los gobiernos del mundo para salvaguardar sus intereses. Esa vía ya no parece viable para las mayorías que, engañadas por los poderosos aparatos mediáticos, ahora están favoreciendo una vuelta a la derecha, con gobiernos populistas que muy pronto enseñan su verdadero rostro.

Las propuestas reformistas están llegando a su destino final: el callejón sin salida. Pero no todo está perdido. Las luchas de los pueblos indios, su organización, sus valores, su audacia y creatividad están mostrando, al que sabe mirar, nuevas rutas, nuevas estrategias. Las fuerzas de la izquierda institucional, que tienen muchas telarañas que remover para ver más claro y más lejos, deberían acercarse a las luchas de los de muy abajo y muy a la izquierda.

Tulum, Quintana Roo

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