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del

Daniela Tarhuni
Foto tomada de la web
La Jornada Maya

15 de febrero, 2016

A poco más de 100 años de que Albert Einstein presentara la Teoría General de la Relatividad, que dio lugar a un profundo desarrollo del estudio científico sobre el origen y la evolución del universo, científicos del Observatorio de Interferometría Láser de Ondas Gravitacionales (LIGO) en Estados Unidos, confirmaron la primera detección directa de las ondas gravitacionales, hecho que valida la predicción de Albert Einstein sobre su existencia.

La teoría sustentada por Einstein establecía que la aceleración de grandes masas que se generan por eventos muy violentos en el universo, liberarían energía en forma de ondas que curvan el espacio-tiempo como si se tratase de pesas sobre una hoja gigante, alterando los patrones de movimiento de los objetos. Esas masas debían ser enormes, por ejemplo, las generadas en el [i]big bang[/i], en la creación de una supernova o en la colisión de dos agujeros negros que orbitan juntos hasta fusionarse.

Si bien alguno de estos sucesos debería generar distorsiones tan violentas como para poder detectarse en la Tierra, habría que tener presente que cuanto más se alejan estas ondas de su origen, más pequeña se vuelve su amplitud. Por ejemplo, la amplitud de una onda que inicialmente mide varios kilómetros, al viajar millones de años luz hasta nuestro planeta, queda reducida a un tamaño milimétrico, que la vuelve muy difícil de detectar.

En 1915, Einstein no disponía de los avanzados y finos instrumentos de medición que tenemos ahora. La ciencia y la tecnología tuvieron que avanzar hasta generar instrumentos de extrema precisión y sensibilidad, como los del experimento LIGO. De acuerdo con el Servicio de Información y Noticias Científicas de España, consiste en un sistema de dos detectores idénticos separados por tres mil kilómetros de distancia: uno de ellos en Hanford, Washington y el otro en Livingston, Luisiana, para detectar las vibraciones increíblemente pequeñas generadas por el paso de las ondas gravitacionales.

“En cada detector, un haz de luz láser se divide en dos y se envía por túneles iguales de vacío que miden 4 km de longitud y están dispuestos de forma perpendicular. Dentro hay unos interferómetros que hacen rebotar la luz láser entre espejos situados en los extremos de estos gigantescos tubos. Si una onda gravitacional pasa por estos instrumentos, extienden y comprimen la longitud de los brazos junto con el resto del espacio, lo que hace que la luz de uno de los haces viaje un poco más allá que la del otro en una pequeñísima fracción del ancho de un átomo”, señala la agencia.

Después de varios meses de trabajo el equipo internacional de científicos del LIGO dio a conocer la semana pasada que en septiembre de 2015 detectaron pequeñísimas perturbaciones en los haces de luz de sus detectores debido a las ondas gravitacionales generadas por la fusión de dos agujeros negros, con formación de un agujero negro más grande, después de un viaje de 1,300 millones de años luz.

Si bien el anuncio confirma la teoría de Einstein, esto no es lo más importante. Hoy como hace 100 años, la humanidad está presenciando una revolución científica. El anuncio de la semana pasada representa el inicio de una nueva forma de estudiar el cosmos, que se suma a todos los estudios que se realizan actualmente en la astronomía. A través de las ondas gravitacionales se podrán estudiar los agujeros negros que las producen, o quizá nos arroje otras luces sobre el [i]big-bang.[/i]

El anuncio hecho por el LIGO la semana pasada no se dio por generación espontánea, muchos científicos aportaron desde hace 100 años sus investigaciones para que el día de hoy comprobemos experimentalmente lo que Einstein pudo establecer en forma teórica. De hecho, este hallazgo ha sido posible gracias a la colaboración de más de mil científicos de 15 países.

La conferencia de prensa celebrada en Washington, retransmitida a un sinnúmero de países por Internet, generó un gran revuelo mediático, lo que también nos habla de una nueva forma de compartir los hallazgos científicos: animaciones, [i]gifs[/i], y por si fuera poco, los propios científicos del LIGO han creado tonos para el celular a partir de los sonidos detectados. ¡Toda una maravilla!

El anuncio de este hallazgo en un mundo en el que las perspectivas no resultan esperanzadoras, viene a ser como un remanso que nos hace creer que en esta época la humanidad sigue en el camino de buscar el conocimiento que nos lleve a entender mejor el universo y a nosotros mismos, con la misma emoción que los exploradores de tiempos remotos.

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