de

del

Jhonny Brea
Foto: Rodrigo Díaz Guzmán
La Jornada Maya

Viernes 7 de diciembre, 2018

“La única manera en que te vas a ir es si dejas el dinero para el súper y los uniformes de los niños planchados”, me dijo La Xtabay, en lo que yo me concentraba en quitarle el kiritz precisamente a una de las camisas escolares de El Kizín. Ya saben, las labores propias de mi sexo.

La cuestión es que, por cuestión de trabajo y gracias al mismo, me vi en la necesidad de abordar un avión, cosa que en lo personal disfruto, pero primero es necesario programar todo el estoicismo del que es capaz todo macho omega grasa en pecho, espalda peluda, nalga de cebolla, abdomen de lavadora y bebedor de cerveza light es capaz.

Voy a darme un quemón por la edad, pero yo sí recuerdo que ir al aeropuerto era todo un acontecimiento y más que nada una aventura a la que se iba con gusto. Abordar un avión ameritaba que uno empleara sus mejores galas. Las mujeres llegaban luciendo el maquillaje y el peinado permanente recién hecho con Margot Ham o con Ariff, vistiendo el terno y el rebozo de lujo, el de las plumas. Hasta parecían legisladoras yendo a la toma de posesión de AMLO. Era una fiesta ver a las damas antes de subir las escaleras iniciando sus pláticas con un “porque verás, chulita, hoy toca ir a Jiuston para un chequeo…”. Hoy, llegan todas desmañanadas, con la cara lavada apenas porque hay que estar mucho tiempo antes de que salga el vuelo, portando una almohada al cuello, y el atuendo es el mismo que llevan al gimnasio.

Las aerolíneas también han bajado mucho su calidad de atención. Antes solían ofrecer una comida a bordo. Claro, no era nada del otro mundo ni de un sazón que mereciera elogios, por aquello de la inocuidad, pero ahora las pobres aeromozas te venden hasta los cacahuates del Oxxo (esos de tubo carísimos) a un precio que llama a utilizar la tarjeta de crédito y pedir meses sin intereses.

Y hoy, además, la aventura comienza desde que uno está haciendo cola para subirse al avión desde la sala de espera. Si se tiene conexión en la Ciudad de México, no falta el aviso de que el aeropuerto está cerrado por niebla y no entran ni salen vuelos. Si uno lleva conexión, comienza a rezar y la adrenalina sube al parejo que la devoción.

Si uno tiene la suerte de entrar de inmediato al avión, una vez en la cabina no se sabe si el humo que hay adentro es porque la nave se está quemando o si es parte de la fumigación de la nave, y ésta incluye a los pasajeros. Si es el caso, nada más imagino que voy a visitar Guanajuato y lo supongo procedimiento de rutina.

[b]Macho omega que se respeta[/b]

Lo mejor contra el kiridz no deja de ser escama de jabón, un cepillo, y luego un chorrito de polegía desleída en agua tibia. Eso antes de meter a la lavadora y listo.

[b][email protected][/b]


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