Hugo Castillo
Foto: Afp
La Jornada Maya
Viernes 20 de julio, 2018
El miércoles pasado, una nueva ley aprobada por el parlamento israelí degradó legalmente a segunda clase a los ciudadanos palestinos que viven en el país.
La nueva legislación, que establece a Israel como “la patria histórica de los judíos” y que les da el derecho exclusivo de “autorrealizarse nacionalmente” en el territorio, hace oficial el programa político de la extrema derecha en el país. Este sector busca, desde hace algunos años, la eliminación de cualquier rastro de presencia árabe en la tierra prometida.
La decisión del Knesset también representa un cambio de paradigma en el conflicto árabe-israelí. No sólo se degradó el estatus de los palestinos en el país, sino que también se desconocieron sus aspiraciones nacionales, haciendo que las únicas opciones viables para resolver la disputa sean aceptar el territorio que los sionistas decidan dejar a los árabes o llevar a cabo una revuelta que obligue al régimen de Benjamin Netanyahu a realizar algún tipo de concesión a la Autoridad Palestina.
Con esta nueva ley la posibilidad de una resolución pacífica del longevo conflicto territorial resulta muy improbable. No es ningún secreto que el actual gobierno de Israel lleva mucho tiempo preparando el camino para la erradicación del movimiento palestino y esta maniobra legal indica que pronto lograrán su cometido.
Resulta curioso resaltar que la aprobación casi coincidió con el aniversario natal número 100 de Nelson Mandela, el líder africano que luchó por eliminar la segregación racial en su natal Sudáfrica, y es que la nueva ley representa exactamente eso: una nueva forma de discriminación en contra de la población palestina que vive en los territorios ocupados por Israel.
Los eventos en el Medio Oriente nos recuerdan la falta de memoria que tiene la humanidad. No se ha cumplido ni un siglo del Apartheid sudafricano, evento que el mundo entero condenó y que en su momento representó un avance en la lucha global contra la discriminación, y hoy, a la vista de todos, se está gestando otra gran estructura de segregación. Esto sin mencionar que muchos países se escudan en alianzas políticas para ignorar esta nueva catástrofe humana.
No se trata de derechos religiosos o políticos. Se trata de permitir que la gente que vive en Palestina, judíos o musulmanes, árabes o no, pueda vivir plenamente y que sus garantías fundamentales sean respetadas.
Habrá que ver si la estrategia de Benjamin Netanyahu logrará dar el resultado esperado de borrar la historia palestina de la mentalidad israelí y de borrar de la memoria humana los recuerdos de las segregaciones vividas en décadas pasadas.
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