Paul Antoine Matos
Foto: Twitter @miseleccionmx
La Jornada Maya

Mérida, Yucatán
Jueves 28 de junio, 2018

[b]Los mexicanos festejamos[/b] la vida y la muerte por igual. El futbol, dice Eduardo Galeano, es el espejo del mundo, y en México se refleja esa pasión al disfrutar y sufrir las victorias más imposibles y las derrotas más esperadas, con la misma emoción. Ya sea un bautizo, una boda o el Día de Muertos, los mexicanos celebramos con algarabía, entre mares de alcohol y comida, la existencia.

[b]La selección ha[/b] pasado de la vida a la muerte en tres partidos de la Copa del Mundo, pero como escribe Octavio Paz en El Laberinto de la soledad, el mexicano no se entrega a ella, por más que la adule, la festeje, la cultive y la abrace.

[b]Hasta un pase[/b] a octavos de final borde de la crisis se celebra. En la Ciudad de México los aficionados acudieron a la embajada coreana y aquí al Monumento a la Patria. Sabedores de la derrota, la festejamos con una burla. Nos reímos en su cara.

“[b]Ante la muerte[/b], como ante la vida, nos alzamos de hombros y le oponemos un silencio o una sonrisa desdeñosa”, continúa Paz.

[b]Y escribe que[/b] “la presión de nuestra vitalidad, constreñida a expresarse en formas que la traicionan, explica el carácter mortal, agresivo o suicida, de nuestras explosiones. Cuando estallamos, además, tocamos el punto más alto de la tensión, rozamos el vértice vibrante de la vida. Y allí, en la altura del frenesí, sentimos el vértigo: la muerte nos atrae”.

[b]Paz define a[/b] la sociedad mexicana y su futbol. Lo que sucedió contra Suecia es el ejemplo máximo de esa presión que recibe el mexicano sobre su vitalidad: líder con seis puntos, un empate era calificar con seguridad, era preferible una derrota dolorosa, “tocar el punto más alto de la tensión, rozar el vértice vibrante de la vida”.

“[b]Y allí, en[/b] la altura del frenesí, sentimos el vértigo: la muerte nos atrae”. México se encontraba en el frenesí: “seremos campeones del mundo”, decíamos en lo más alto. Y luego miramos hacia abajo: el vértigo. La muerte seductora vestía de blanco, con cuatro estrellas sobre el pecho.

[b]En el futbol[/b], a México le apasiona depender de los demás. En el camino a Brasil 2014, un gol de último minuto de Estados Unidos mandó a la selección al repechaje contra Nueva Zelanda y se salvó de la eliminación previa al mundial. Ahora, con la única necesidad de empatar, se encajan tres goles y se dependió de una Corea del Sur orgullosa que derrotó con dos anotaciones, de último minuto también, contra Alemania, la campeona del mundo.

[b]Si hace el[/b] máximo o el mínimo esfuerzo, en los mundiales México llega hasta los octavos de final. Desde 1994, por siete ediciones consecutivas, ha alcanzado esa etapa del torneo. Por más que intente pasar al quinto partido o quedar eliminado en primera ronda, su destino es llegar hasta ahí.

[b]Para el mexicano[/b], la muerte merece ser recibida con grandeza. ¿Cuál es el fin de perder la vida por una trivialidad? México no se juega la vida contra equipos como él o menores, que carezcan de significado. No muere frente a Suiza, Serbia, Corea del Sur, espera hasta que el rival sea digno.

[b]Es tanta esa[/b] necesidad de dignidad que México siempre elige morir contra equipos que le signifiquen una fiesta. Después del luto, los siguientes cuatro años se recordará esa defunción como el día en el que casi le ganamos al mejor, y se hará con una cerveza en mano.

[b]La muerte es[/b] más hermosa cuando ésta es acompañada de una injustica de la vida. Ahí radica la ironía del mexicano. “¿Te acuerdas del golazo de Maxi? ¿El #NoEraPenal de Robben? ¿De Donovan y la expulsión de Rafita? ¿Los penales?”, repetimos en fiestas y borracheras.

[b]México elige su[/b] propio destino y, suicida consciente, prepara la muerte más bella contra Alemania, Estados Unidos, Argentina, Holanda y, tal parece que ese funeral en Rusia será contra Brasil.

[b]Por eso viste[/b] a la Muerte como una mujer que en vida fue guapa, por eso los colores iluminan los altares a principios de noviembre, con comida y con alcohol.

[b]México elige su[/b] propio destino. Elige la muerte más bella. No la aburrida. La prefiere porque sabe que, de vencerla, la fiesta y la seducción se prolongarán 90 minutos más para sentir el vértice vibrante de la vida.

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