Líderes mayas quintanarroenses hacen públicas cartas a AMLO

Solicitan más atención a los pueblos originarios y garantías para ejercer sus derechos
Foto: Rosario Ruiz

En el marco de la visita del presidente Andrés Manuel López Obrador, miembros de la etnia maya quintanarroense han hecho públicas, en redes sociales, sendas cartas en las que solicitan a la Federación más atención a los pueblos originarios y garantías para que ejerzan sus derechos.

La primera misiva fue dada a conocer por Carlos Chablé Mendoza, cronista de Felipe Carrillo Puerto. En ella destaca algunas imprecisiones históricas: “me entero que dicha actividad será a puertas cerradas en el museo de Tihosuco. ¿Por qué no hacerla en algún centro ceremonial maya masewal? El sitio que escogieron para hacer el evento fue una ciudad colonial y no el lugar donde comenzó la guerra; esta inició en Tepich, población vecina. El gran levantamiento maya, conocido como Guerra de Castas, inició en julio de 1847, o sea, hace 174 años y nunca hubo armisticio, ni acuerdo de paz efectivo”. 

El 3 de mayo, continúa el historiador, los pueblos y centros ceremoniales mayas masewales celebran a la Santísima Cruz y el 3 de mayo de 1901 tampoco fue el fin de la guerra, ni los mayas huyeron a la selva ante la invasión del ejército mexicano a Noj Kaaj Santa Cruz, actual Carrillo Puerto; ya la habían abandonado antes para continuar la resistencia desde la selva. Los últimos enfrentamientos registrados y documentados entre el pueblo y los militantes ocurrieron en abril de 1933 en Dzulá y 1979 en Chemax. Los detonadores fueron esencialmente los mismos que motivaron el levantamiento maya en 1847: invasión e intento de despojo de territorio a un pueblo maya que se defendió y trató de frenar las agresiones de extraños que eran apoyados por las fuerzas militares y de seguridad pública. 

“Debo decirle presidente que los recuerdos de la guerra en cuestión aún siguen presentes en la memoria de los abuelos y abuelas mayas masewales, no olvidaron la persecución y el exterminio padecidos, fueron los waches -soldados- los que lo hicieron bajo las órdenes de crueles jefes militares entre los que se cuenta al chacal Victoriano Huerta. Así que no basta que el Estado mexicano pida perdón, pues existen todavía secuelas de la invasión, conquista y colonización que deben ser reparadas, entre estas los daños sufridos por los mayas durante la llamada Guerra de Castas”, señala. 

Otra carta es firmada por Alfaro Yam Canul, indígena maya cruzo’ob, descendiente directo del combatiente de la guerra social maya teniente Ladislao Yam y defensor de las tradiciones, usos y costumbres: “sea usted bienvenido a nuestro territorio. Usted debe de conocer a viva voz nuestros sueños y esperanzas, entender nuestra filosofía cotidiana y, por supuesto, sabemos de antemano que su sensibilidad humana así lo percibe”.

“Los mayas cruzo’ob fuimos sometidos a una gran campaña de exterminio militar por los criollos y los grupos más oscurantistas de la península de Yucatán y de la mano gobierno federal de Porfirio Díaz, que se aliaron para proteger sus intereses de dominación colonial, según para acabarnos y talar nuestras raigambres, aunque cabe recordar que en aquellos años del siglo pasado estaban distanciados por sus utilidades económicas”, narra en su misiva.

Solicitan que el presidente demuestre su “buena fe” mediante un gran proyecto de desarrollo integral indígena regional y que tenga como centro la antigua capital maya Noh Cah Santa Cruz Balam Nah Kampocolch hoy en la ciudad de Felipe Carrillo Puerto, Quintana Roo. “Si bien es cierto, que el paso del Tren maya de alguna manera nos beneficiaría, se le debe de añadir un gran apoyo presidencial, que impacte y que beneficie a los pueblos y comunidades de la zona indígena, porque en todo caso nada más serviríamos, como ha ocurrido eternamente, de referentes étnicos y utilizados como objetos sin ningún valor, dando pie para que las cúpulas económicas tanto a nivel nacional como mundial, se enriquezcan todavía más, a nuestras costas en pleno siglo XXI”.

Edición: Estefanía Cardeña