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Ana Ramírez
01/02/2026 | Cancún, Quintana Roo
Ante el riesgo permanente de enfermedades transmitidas por mosquitos, como el dengue, zika y chikungunya, autoridades de salud en Quintana Roo mantienen un monitoreo constante en colonias con alta presencia de agua estancada, particularmente aquellas ubicadas en zonas cercanas a manglares y cuerpos de agua naturales, donde las condiciones favorecen la reproducción del vector.
De acuerdo con René García González, técnico en salud del área de Epidemiología de Vectores en Cancún, las acciones preventivas se realizan de manera coordinada entre distintas dependencias.
“Por la cercanía que tienen al manglar, trabajamos en acciones continuas con otras dependencias. Nosotros apoyamos las actividades para revisar los canales de agua y las zonas que, cuando se inundan, liberan el agua; no controlamos el área, pero sí damos seguimiento permanente”, compartió.
Uno de los principales instrumentos de vigilancia epidemiológica son las ovitrampas, dispositivos distribuidos estratégicamente en distintas colonias y puntos de la ciudad. Estas trampas permiten detectar la presencia y densidad de huevecillos del mosquito, información clave para definir las acciones de control.
“Las ovitrampas nos marcan la pauta de las acciones a tomar. Están distribuidas en toda la ciudad, sobre todo en zonas como la Lombardo y Donceles. De ahí obtenemos los datos, se levanta una papeleta y se contabilizan los huevecillos. Dependiendo de la cantidad, se determina la prioridad y el tipo de intervención”, especificó.
Las colonias con mayor acumulación de agua, especialmente aquellas rodeadas por manglar o con problemas de drenaje, son clasificadas como zonas de atención prioritaria. Sin catalogarlas como conflictivas, las autoridades las consideran áreas de riesgo elevado debido a la combinación de agua natural y residuos humanos, un entorno ideal para la proliferación del mosquito transmisor.
“Son zonas un poco más rojas, por decirlo de alguna manera, porque tienen mucha agua en su cercanía. Es agua de manglar y también agua contaminada por actividad humana. Por eso el trabajo es continuo, constante y sin pausas”, subrayó.
La vigilancia se refuerza conforme al calendario de riesgo epidemiológico, que identifica los periodos del año con mayor probabilidad de brotes, principalmente durante la temporada de lluvias. A partir de este calendario y de los datos obtenidos en campo, se programan recorridos, supervisiones y fumigaciones, como acciones preventivas específicas.
Aunque no se realizan operativos masivos de “peinado” en todos los casos, las intervenciones se ejecutan de manera focalizada y coordinada, priorizando los puntos con mayor riesgo.
La prevención, insistió, no depende únicamente de las brigadas, sino también de la participación ciudadana, por lo que recomendó eliminar recipientes con agua estancada, mantener patios limpios y reportar zonas con encharcamientos persistentes para reducir la presencia del mosquito.
Edición: Emilio Gómez