Mueren casi 100 mil caracoles chivita en la laguna de Bacalar

Esto puede impactar a otros organismos menos notables que habitan la laguna
Foto: Cortesía

Un estudio realizado por especialistas de varias instituciones y presentado en el marco del Día del Caracol Chivita, que se conmemora este sábado, arrojó que aproximadamente 94 mil 339 caracoles chivita (Pomacea flagellata) de todas las tallas murieron en la laguna de Bacalar al parecer por inusuales lluvias que ocasionaron el arrastre de materia que cambió las condiciones ambientales y fisicoquímicas del agua.

Las lluvias derivadas de la tormenta tropical Cristóbal ocurridas entre el 1 y 6 de junio del año en curso tuvieron influencia en el cuerpo lagunar y según los especialistas del departamento de Sistemática y Ecología Acuática del Colegio de la Frontera Sur, del Instituto de Biodiversidad y Áreas Naturales Protegidas de Quintana Roo (Ibanqroo), de Agua Clara Ciudadanos por Bacalar y Geo A.C., serían la causa de una mortalidad masiva de caracol chivita. Estos colectivos pretenden realizar estudios complementarios de contaminantes en sedimentos y tejidos, con los que se podrá conocer los factores que intervinieron en la muerte de los caracoles.

Presentaron un estudio realizado en las últimas semanas que reportó una pérdida de la diversidad de procariotas asociados a los microbialitos de hasta 50 por ciento. Los microbialitos del norte de la laguna, con una concentración menor de amonio y nitratos, son más diversos que los ubicados cerca de la ciudad de Bacalar y hacia el sur, donde las concentraciones de amonio y nitratos son mayores.

Una de las hipótesis es la presencia de nutrientes asociada al uso de fertilizantes y otros agroquímicos como el glifosato en la agricultura, tanques sépticos defectuosos u obsoletos y la falta de tratamiento de aguas residuales.

Para conocer los índices de mortalidad del caracol se realizaron métodos de evaluación consistentes en muestreo por cubetas, conteo de caracoles durante siete días en varios predios y conteo por cuadrantes de un metro por un metro en 12 puntos ubicados a lo largo de la laguna.

De los datos obtenidos se concluyó que la mortalidad de los caracoles está sujeta a variaciones espaciales y aun cuando son estimaciones deben tomarse en cuenta para los criterios de manejo del caracol en la laguna. Estos datos dan una idea del impacto que este evento inusual de mortalidad puede causar en la laguna en el mediano plazo, pues al no haber caracoles disponibles, los procesos de pastoreo en la vegetación se ven limitados y el número de gavilanes caracoleros también podría verse afectado, puesto que el caracol es su dieta predilecta.

El estudio dado a conocer enfatiza que un evento de esta naturaleza puede impactar a otros organismos menos notables que habitan la laguna de Bacalar, por lo que sería urgente empezar un programa de monitoreo de fauna indicadora de condiciones de calidad ambiental en el cuerpo de agua.

“Se debe recordar que la belleza de la laguna de Bacalar depende del ciclo y conectividad de la naturaleza, ello invita a que, de forma urgente, el desarrollo urbano, el uso de agroquímicos y el turismo se realicen con respeto y adaptación a su vocación natural. Temas como la capacidad de carga, el desarrollo urbano planificado con base en el ciclo del agua, la implementación de sistemas de captación y uso de agua de lluvia son acciones necesarias porque la laguna depende de la vegetación y el uso de suelo fuera de ella”, menciona el documento.

Los especialistas señalan que Bacalar necesita operar sistemas de tratamiento de aguas negras que no generen lodos ni agua residual y que ésta no se inyecte en aguas profundas sino que se trate de forma adecuada para su posible reutilización.

Edición: Elsa Torres