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Ana Ramírez
14/05/2026 | Cancún, Quintana Roo
La diversidad religiosa va en crecimiento en Quintana Roo, a la par de la migración que se genera en el destino, compartió el investigador Felipe Gaytán Alcalá, quien reconoció que existen casos de discriminación, conflictos culturales y el aumento de cultos en el estado.
"Quintana Roo, un estado que destaca por su juventud y dinamismo, se ha convertido en un epicentro de transformación social y cultural en México", compartió en el marco del Simposio Internacional de Libertad Religiosa, que se celebra en Cancún el 13 y 14 de mayo.
La diversidad religiosa se manifiesta en la presencia de grupos que a menudo operan al margen de la aceptación social mayoritaria, como las comunidades musulmanas y judías, así como las tradiciones afrodescendientes, que enfrentan en ocasiones un rechazo persistente, incluso en ciudades que se consideran abiertas al mundo, como Cancún.
Existe una tensión latente entre lo que el Estado reconoce institucionalmente y las prácticas populares que emergen en las calles, como los pequeños altares que son destruidos y reconstruidos constantemente, evidenciando una lucha por el reconocimiento y el derecho a existir.
"Nuestra libertad religiosa está afincada estrictamente en México sobre una perspectiva catolicocéntrica. Todo lo queremos pasar por una dimensión católica, sin entender que hay otras formas, como los musulmanes, las comunidades judías… estos cultos que no pasan necesariamente por eso, incluso las cuestiones hasta de coaching que en Quintana Roo se han dado, con temas energéticos, espirituales", ejemplificó.
A este escenario se suma el fenómeno de los rituales que mezclan la cosmogonía indígena con las necesidades de infraestructura moderna, casos donde se solicitan permisos a los aluxes para la construcción de obras conviven con iglesias cristianas que demandan los mismos privilegios para colocar sus propios símbolos.
Al final del día, enfatizó, Quintana Roo se erige como un espacio social donde no sólo cuentan los creyentes de diversas denominaciones, sino también un número creciente de no creyentes que ejercen su libertad de una manera distinta, conformando una sociedad cada vez más plural.
Lo que antes era un panorama dominado mayoritariamente por la tradición católica, apuntó, hoy se muestra como un abanico de creencias que desafían las estructuras tradicionales de la laicidad y la convivencia pública en el destino, aunado a la evolución de la relación entre el gobierno y las organizaciones religiosas.
Sin embargo, este crecimiento no está exento de conflictos y el fenómeno migratorio ha puesto a prueba la capacidad de respuesta de las comunidades religiosas.
Muchas de ellas han brindado apoyo humanitario a los migrantes que llegan a la entidad, pero en ocasiones se han visto envueltas en complicaciones legales, incluso con grupos señalados injustamente al intervenir en el traslado de personas, enfrentando acusaciones de trata de personas mientras intentaban realizar labores de asistencia.
Edición: Estefanía Cardeña