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Ana Ramírez
28/06/2026 | Cancún, Quintana Roo
Si bien la lucha por los derechos de la diversidad sexual en Cancún ha avanzado significativamente, como en todo el país, al interior del movimiento LGBT+ persisten deudas históricas que afectan de manera particular a las mujeres lesbianas, pues a pesar de compartir la bandera del arcoíris, las integrantes de este sector han señalado que enfrentan una doble invisibilidad: una externa, impuesta por la sociedad y otra interna, por la falta de espacios propios y la normalización de violencias, indicó Eli Hernández, activista LGBT+, en el marco de la conmemoración del 28 de junio, Día del Orgullo.
Durante años, expuso, la organización se ha centrado en perfiles masculinos, dejando a las mujeres en una posición periférica donde deben adaptarse a dinámicas que no siempre las representan adecuadamente en sus contextos específicos. "No es como que se haga todo como tal a un lado, solo que no hay como tanta participación. Yo he buscado e impartido talleres también para las chicas y no hay mucha participación de las chicas", explicó.
Esta baja asistencia a talleres y colectivos responde a múltiples factores socioculturales, pues prevalece una tendencia a la discreción entre las mujeres, motivada por el temor a la exposición o la falta de redes de apoyo sólidas que brinden seguridad real. El tabú, dijo, que rodea la orientación sexual femenina sigue siendo un obstáculo para el activismo, lo que genera una baja representatividad que dificulta atender sus necesidades, dejando a muchas solas frente a sus problemas cotidianos.
Un punto crítico, afirmó, es la violencia intragénero; las agresiones entre mujeres son frecuentes, pero enfrentan un muro de silencio institucional y al no encajar en la concepción tradicional de violencia de género, donde se espera un agresor masculino, las denuncias por parte de lesbianas son ignoradas por las autoridades. Afirmó que la Fiscalía a menudo no da seguimiento a estos casos alegando que, al ser dos mujeres involucradas, el conflicto carece de la gravedad necesaria, dejando a las víctimas en total indefensión legal y emocional.
Este desamparo se suma a la carencia de representación real, porque en diversos municipios, los espacios de la comunidad han sido ocupados por personas ajenas al colectivo diverso, restando voz a quienes viven las problemáticas.
Incluso se ha denunciado que figuras políticas usurpan estas posiciones para cumplir cuotas o beneficiar amistades, sin un interés genuino en legislar a favor de las mujeres de la diversidad, quienes se sienten desplazadas incluso en los proyectos que deberían encabezar por derecho propio.
Enfatizó que la exigencia lésbica es clara: autonomía y validación; no basta estar en una marcha, se requieren instituciones que entiendan que la violencia no tiene género exclusivo y que el liderazgo debe ser de quienes viven esa realidad.
Edición: Emilio Gómez