Nombre científico: Cryptoheros chetumalensis
Distribución: Cuenca del río Hondo y del sistema lagunar de Bacalar, en Quintana Roo
Dieta: Larvas de insectos, crustáceos diminutos, algas y semillas, entre otros
Tamaño: 10 centímetros
Amenazas: Contaminación del agua, relleno de humedales y deforestación de las riberas 

En las tranquilas aguas de lagunas, ríos y arroyos del sur de Quintana Roo habita una especie de pez que, pese a formar parte del paisaje acuático de la región desde hace miles de años, fue reconocida por la ciencia apenas en 2007: se trata de Cryptoheros chetumalensis, conocida comúnmente como mojarra chetumaleña, un cíclido de agua dulce que constituye uno de los peces nativos más representativos de la cuenca del río Hondo y del sistema lagunar de Bacalar.

La especie fue descrita científicamente por el investigador Juan Jacobo Schmitter-Soto, especialista del Departamento de Sistemática y Ecología Acuática de El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur), durante una revisión taxonómica de las mojarras centroamericanas. 

Su nombre científico hace honor a Chetumal, ciudad cercana a la localidad donde fue identificado el ejemplar tipo, un arroyo tributario del río Hondo, consolidando así el vínculo entre la biodiversidad regional y la identidad del sur de Quintana Roo.

Schmitter-Soto explicó que la mojarra chetumaleña pertenece a la familia Cichlidae, grupo que incluye algunas de las especies de peces de agua dulce más diversas y con comportamientos reproductivos más complejos del continente americano.



Foto: Bernard Dupont


Actualmente, se sabe que Cryptoheros chetumalensis habita lagos, remansos de ríos, arroyos de corriente lenta y cuerpos de agua con abundante vegetación. En Quintana Roo puede encontrarse en la laguna de Bacalar, la cuenca del río Hondo y diversos sistemas acuáticos ubicados al sur de Tulum. Su distribución también se extiende hacia Calakmul, en Campeche, así como a cuerpos de agua de Belice, formando parte de la biodiversidad característica del sureste de México y del norte de Centroamérica.

Uno de los rasgos que permite distinguirla de otras mojarras similares es su patrón de coloración. Presenta siete barras verticales oscuras distribuidas a lo largo del cuerpo, pero carece de la característica mancha negra en la base de la cola que poseen otras especies emparentadas. Además, destaca por el intenso color azul de sus ojos, una característica poco común entre los cíclidos de la región y que facilita su identificación por parte de especialistas.

Los adultos alcanzan una longitud máxima cercana a los 10 centímetros, aunque la mayoría mide entre ocho y nueve centímetros. Su cuerpo comprimido lateralmente le permite desplazarse con facilidad entre la vegetación acuática, donde encuentra refugio frente a depredadores y localiza buena parte de su alimento.



Foto: Nathan


La mojarra chetumaleña posee una alimentación omnívora y oportunista. Consume pequeños invertebrados acuáticos, larvas de insectos, crustáceos diminutos, algas, semillas, detritos y materia orgánica en descomposición. Gracias a esta dieta variada participa en el reciclaje de nutrientes dentro de los ecosistemas acuáticos y contribuye al equilibrio de las cadenas alimenticias.

Al igual que otros integrantes de la familia Cichlidae, esta especie destaca por desarrollar un comportamiento reproductivo altamente especializado. Forma parejas estables y monógamas durante la temporada de reproducción, una estrategia relativamente poco frecuente entre los peces de agua dulce. La pareja selecciona cuidadosamente un sitio con fondo arenoso o lodoso, donde construye un nido sencillo.

Después del desove, tanto el macho como la hembra permanecen vigilando los huevos y, posteriormente, a las crías recién nacidas. Ambos padres defienden con firmeza el territorio contra peces, crustáceos y otros posibles depredadores, además de ventilar los huevos con movimientos de las aletas para asegurar una adecuada oxigenación.

Este cuidado parental incrementa considerablemente las probabilidades de supervivencia de las crías, una característica que distingue a muchas mojarras de otros grupos de peces, cuyos huevos quedan abandonados una vez depositados.

Debido a su comportamiento territorial y a la intensa atención que brinda a sus descendientes, Cryptoheros chetumalensis se ha convertido también en objeto de estudios científicos relacionados con la evolución del comportamiento animal, la reproducción y la adaptación de especies de agua dulce tropicales.

Aunque su distribución es relativamente restringida, actualmente la mojarra chetumaleña está clasificada como especie de Preocupación Menor debido a que sus poblaciones se consideran estables y no existen evidencias de una disminución significativa a nivel global.

Sin embargo, especialistas advierten que la conservación de sus hábitats resulta indispensable, ya que la contaminación del agua, el relleno de humedales, la deforestación de las riberas y las alteraciones hidrológicas podrían afectar las poblaciones locales en el futuro.

Para los investigadores de Ecosur, especies como la mojarra chetumaleña representan un ejemplo de la extraordinaria riqueza biológica que alberga el sur de Quintana Roo. Su descubrimiento científico, relativamente reciente, demuestra que la región todavía guarda importantes secretos sobre su biodiversidad y subraya la necesidad de continuar investigando y protegiendo los ecosistemas acuáticos de la península de Yucatán, donde aún existen especies cuya historia apenas comienza a ser conocida por la ciencia.


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Edición: Estefanía Cardeña


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