Con la participación de científicos internacionales y el respaldo de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), la península de Yucatán es escenario del Proyecto Mayas, una iniciativa de investigación que busca revelar las rutas de circulación del agua subterránea y las estructuras geológicas que conforman uno de los sistemas acuíferos kársticos más extensos del planeta.
Encabezado por Robbie Schmittner, explorador y especialista en buceo de cuevas, el proyecto propone una nueva interpretación sobre el funcionamiento del sistema hídrico subterráneo, al plantear que las grandes redes de cavernas inundadas, como Ox Bel Ha y Sac Actun, podrían ser solamente formaciones secundarias de procesos hidráulicos de dimensiones mucho mayores.

Foto: Conanp
La investigación se concentra en seis grandes estructuras geológicas, entre ellas el Anillo de Cenotes de Chicxulub y la Sierrita de Ticul, en Yucatán; y la zona de fractura de Holbox y la región estructural de Akumal, en Quintana Roo, cuya posible interconexión podría explicar los movimientos del agua a través de extensas regiones de la península y el sur de México.
Una de las hipótesis centrales plantea que las corrientes marinas del Canal de Yucatán podrían influir en la circulación regional del agua subterránea, aunque esta posibilidad todavía deberá comprobarse mediante mediciones y estudios hidrogeológicos.
Para ello, especialistas realizan exploraciones subacuáticas, estudios geofísicos con drones, análisis de la composición química del agua, mediciones de corrientes y muestreos biológicos. En los trabajos participan instituciones como la UNAM, GeoSphere Austria y la Universidad Friedrich Schiller de Jena, Alemania, además de organismos mexicanos como el INAH y la Conanp.

Foto: Conanp
Durante las exploraciones también se han identificado hallazgos de interés científico, entre ellos restos humanos de la última Edad de Hielo y un pez cavernícola ciego que podría representar una nueva especie para la ciencia.
El proyecto busca desarrollar un programa de investigación de al menos cinco años que permita comprender mejor las conexiones del acuífero, identificar zonas vulnerables a la contaminación y generar conocimientos para proteger los cenotes, humedales, manglares, lagunas costeras y arrecifes.
La investigación cobra especial relevancia para Quintana Roo, donde el crecimiento urbano, la presión inmobiliaria y el tratamiento insuficiente de aguas residuales representan amenazas para la calidad del agua subterránea, de la que dependen comunidades, actividades económicas y ecosistemas de la región.

Foto: Conanp
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