Los niños también padecen depresión y deben atenderse: especialista

Se estima que 5 por ciento de la población adulta la ha padecido en edad infantil
Foto: Juan Manuel Valdivia

Se estima que 5 por ciento de la población adulta ha tenido depresión en edad infantil. La terapeuta Georgina Buendía Cobos consideró, sin embargo, que la cifra puede ser aún mayor y que en su mayoría no son atendidos por un especialista. Explicó que la depresión es multifactorial y que puede presentar síntomas emocionales y conductuales en donde lo importante es detectarla y atenderla.

En entrevista en el marco del día de la depresión, que se conmemora este 13 de enero, la terapeuta conductiva-conductual explicó que la depresión infantil aún es un tema del que no se habla mucho: “estamos hablando de que 5 por ciento de la población ha tenido depresión durante la infancia o adolescencia y es un estimado porque justamente, como no todo el mundo accede a atención psicológica, supones que el número es más alto”.

Añadió que muchos de los pacientes adultos tuvieron depresión infantil sin saberlo, por lo que destacó la importancia del apoyo de un especialista desde los primeros signos. “Falta información de eso, mucha gente no sabe que tuvo depresión desde la infancia”, citó.

Precisó que la mayor incidencia de episodios de depresión es entre los ocho y 11 años y también al inicio de la adolescencia, entre los 13 y 15 años. No obstante, se dijo preocupada de que recientemente se registren más casos desde los ocho años, es decir, a menor edad.

La depresión infantil -explicó la también académica de la Universidad de Quintana Roo (Uqroo)- es multifactorial y aunque comparte algunas características con los adultos, tiene sus peculiaridades. Por una parte, se relaciona a la genética, es decir, si existe algún antecedente familiar, pero sobre todo se enmarca en el contexto social del individuo.

“Hay personas que dicen ¿qué problemas pueden tener los niños?, pero sí pueden, ellos tienen problemas a su edad y nivel y puede haber factores de riesgo en su entorno”, detalló.

La profesional de la salud emocional indicó que los síntomas son los aspectos relevantes a destacar, como una tristeza constante, llanto en exceso o irritabilidad, pues hay niños y niñas que en lugar de mostrar tristeza expresan enojo o se aíslan de la familia y amigos; mientras que hay características de carácter conductual, como dejar de disfrutar de actividades que le eran placenteras e incluso pueden presentar actitudes suicidas.

“Los niños tienden a ser sinceros y decir ¿qué pasaría si no estuviera?, o algún cambio en la higiene del sueño, como dormir mucho, dormir intermitentemente, tener pesadillas constante o pérdida del apetito, bajas en el rendimiento escolar y también pueden presentar síntomas físicos como dolores de cabeza, de estómago, náuseas, que se dan justamente cuando se presentan cosas que no quiere hacer o existe preocupación”, destacó la especialista.

¿Qué hacer en estos casos?, se le cuestionó, a lo que respondió que padres y madres de familia deben hablar con el menor sobre qué ocurre y que un especialista determine si se trata de depresión o si es un factor momentáneo.

Aunque no hay un estudio conclusivo, la psicóloga añadió que durante este periodo de pandemia se han incrementado los casos de ansiedad en menores, un asunto vinculado con la depresión casi siempre, sobre todo en aquellos pacientes que están más conscientes del contexto, muchas veces afectados por la respuesta de los adultos.

“Es una cadenita, si a los papás les puede afectar también a los niños; mucho de cómo toman los niños la pandemia tiene que ver con cómo la enfrentan los papás, los abuelos o el entorno en el que crecen, se afectan mutuamente”, dijo.

En este periodo muchas familias han acudido a atención sicológica e incluso hay un incremento en ello, principalmente en adolescentes y esto tiene relación con la educación a distancia, estrés y depresión. 

La entrevistada afirmó que no es un asunto complicado el detectar depresión en los infantes, sobre todo si existe comunicación, pues inmediatamente hay cambios en el discurso que “prenden los focos” sobre la necesidad de intervención. Recomendó hablar también del suicidio, pues afirmó que ello ayuda también a prevenirlo.

“Cuando hablo con adolescentes que necesitan atención sicológica mucho tiempo después descubro que en parte no se animaban a pedir ayuda porque en su entorno escuchaban y se sentían culpables de hacerlo, y lo principal es que sepan que pedir ayuda está bien, y que van a ser oídos y que sepan que podrán hablar sin ser juzgados, eso abre la puerta al siguiente paso, que es la atención sicológica”, dijo.

El trabajo con niños y adolescentes implica trabajar con la familia para ver cómo ayudar al niño y al entorno. “No hay que tener miedo a la palabra depresión, es algo que se puede prevenir y a la vez algo que puede pasarle a cualquier persona, incluso a los niños, y lo mejor es quitarle el miedo a pedir atención sicólogica siendo adultos, porque eso le quitará el miedo a los niños a pedir ayuda”, concluyó.

 

Edición: Laura Espejo