Carlos Águila Arreola
La Jornada Maya
Cancún
31 de julio, 2015
Los trabajos de chapeo y desmonte en Malecón Tajamar para la construcción de un megaproyecto son legales desde hace 10 años, de acuerdo con los permisos y la manifestación de impacto ambiental (MIA) otorgados por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) en 2005, y la cual pese a vencer a finales de este año fue extendida por la dependencia hasta febrero de 2016.
Luego que ciudadanos denunciaron desde el miércoles en redes sociales la destrucción del manglar en la zona de El Table, pues en tres días destruyeron más de la mitad del área, donde habitaban pájaros, ardillas, iguanas, cotorros y halcones, Juan Carlos González Hernández, delegado del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur), habló de la situación:
“Las construcciones para el megaproyecto se realizan a marchas forzadas en algunas de las 69 hectáreas de la zona, al acercarse el fin de la vigencia de la MIA”. Dijo que lo abrupto y acelerado del chapeo y desmonte se debe a que “aquellos que no lo hagan corren el riesgo de no poder construir lo proyectado”.
Comentó que el proyecto, uno de los más ambiciosos, busca reactivar el centro de la ciudad. “Entre otros, están comprometidos la Basílica de María del Mar –sería la más grande de México–; una plaza comercial; más de 3 mil viviendas residenciales y edificios para oficinas.
El proyecto es tan ambicioso, recordó Juan Carlos González, que según la MIA “en el Plan Maestro Malecón Cancún se establece que para 2020 se requerirán unas 10 mil viviendas para estratos socioeconómicos medio y medio alto, y el proyecto podría satisfacer hasta 50 por ciento de esa demanda”.
Consideró que quizá el único resquicio legal al que se pueda recurrir para detener el chapeo y desmonte es alegar que el promovente incumple con parte de su compromiso: brindar protección a las especies mencionadas, contenido en el capítulo IV de la MIA-p, en especial las que están bajo estatus en la NOM-059-Semarnat-2001: mangle, palma chit, cocodrilo, rana o iguana rayada.
“Así, desarrollará un programa de rescate de vegetación –que al parecer no existe– y acciones de cuidado (no matar, capturar o molestar) a la fauna existente y, en caso necesario, reubicar aquellos individuos que no se desplacen al predio contiguo al sur y que pudieran resultar afectados por la construcción del proyecto”, se lee en la autorización.
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