Un regalo de los dioses

Especial: Fauna nuestra
Foto: Rodrigo Díaz Guzmán

En pirámides e iconografía maya se aprecia el descenso del dios abeja, que trae a los humanos el regalo sagrado de la miel para mantenerlos sanos. Se trata de Ah Mucen Cab, la deidad de las abejas sin aguijón o meliponas.

“En el caso de Tulum, y de Cobá en particular, nos dejaron una mitología que dice, por lo que vemos en las pirámides y en el códice de Madrid, que los dioses bajaron a la tierra a entregar el regalo más preciado, que era la vida, la semilla de la vida y ésta es las abejas que están a punto de nacer”, explica Virgilio Gómez Morales, director de Casa Itzamná y especialista en apicultura.

Destacó que los mayas se reflejaban mucho con las abejas y pensaban que eran sus ancestros, porque en las colonias de las abejas tienen diferentes funciones: hay vigilantes, arquitectos que construyen los potes de miel, donde se colocan las abejas que van a nacer, otros van por la comida, el néctar y el polen, otros se dedican a  limpiar la basura o sacar a las abejas que murieron, otras más son las nodrizas, que están arriba de las que van a nacer dándoles calor.

“Todo este tipo de funciones le enseñó a los mayas que la dificultad más grande se podía superar con solidaridad, con la unión de la comunidad, por eso la palabra cab significa miel, comunidad, tierra y universo”, mencionó el entrevistado.

Hay tres principios mayas para entender esto: que debemos ser responsables de nosotros, ser cuidadosos y reproducir la naturaleza y el tercero es que tenemos que ver por todos los demás, todo dentro de esta conciencia de comunidad y de colonia.

La importancia de la abeja y la miel fue descrita por Fray Diego de Landa, un misionero franciscano español quien describió “abejas que no picaban y de las que se extraía miel” cuando visitó la península de Yucatán en 1549, lo que plasmó en su obra Relación de las Cosas de Yucatán.

El códice de Madrid también describe la relación de los mayas con las abejas, a quienes define como “animales domésticos” al igual que el guajolote. La miel obtenida de ellas era un producto básico para el comercio, su dieta y para la obtención de la cera de la que fabricaban velas y tapones para ánforas.

De la página 100 a la 112 muestra la historia de la relación cada 13 días con las abejas; cada 13 días es un periodo y ellos lo relacionaban con la naturaleza para saber cuándo cosechar o crear una nueva colonia.

“Hoy tenemos que despertar para entender la importancia que tiene la abeja en esta zona”, mencionó Gómez Morales, quien narró un relato maya que aprendió en Cobá, según el cual los dioses después de crear al hombre estuvieron tan satisfechos que se convirtieron en abejas para quedarse con la humanidad por el resto del tiempo. “Eso nos habla de la relación tan cercana que existe y nuestra responsabilidad de cuidar a las abejas”, dijo.

Es necesario, destacó, que hagamos nuestras estas historias y ayudemos a la conservación de las abejas sembrando plantas, árboles florales, consumiendo miel y conociendo más de esta abeja nativa que es la melipona.

Edición: Elsa Torres


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