La Jornada Maya
Los Xibalbá
Foto:

Ulises Carrillo y Miguel Cocom Mayén
Foto: Elena Suro Azcárraga
La Jornada Maya

Mérida, Yucatán
Viernes 1 de noviembre, 2019

El inframundo tiene muchos nombres; en Yucatán se llama Xibalbá. En cada cultura, de forma paralela a una noción del paraíso celestial, existe la sólida creencia de un mundo subterráneo en el que también hay vida después de la muerte. Esa es una constante universal, sin importar épocas o geografías.

Elías Canetti señaló que “se muere con demasiada facilidad. Morir debería ser mucho más difícil”. En ese sentido, está comprobado -desde Homero en el inicio de la civilización- que la muerte es una narrativa constante, ingrediente de toda gesta heroica, pasional, moral y hasta administrativa. Alguien siempre se muere, es la constante que conecta todo.

En la cultura maya todo está conectado también entre los vivos y los muertos. La ceiba, árbol sagrado, enlaza el inframundo con la tierra y la bóveda celeste. Su sombra abarca todas las superficies y dimensiones; una sombra que no sólo cubre, sino a veces es sombría.

Para los antiguos mayas en nuestra región, entrar al Xibalbá sólo era posible a través del anillo de cenotes. El [i]Popol Vuh[/i], su libro sagrado, describe uno de esos descensos a través de las cuevas de roca caliza; uno que ocurrió antes de la creación del hombre. Dos dioses, lo hermanos gemelos Hunahpú e Ixbalanqué, visitaron el inframundo para tomar registro de esa dimensión y conocer sus usos y costumbres.

El camino al Xibalbá no era muy diferente del camino que conducía a Mictlán, el inframundo Mexica. A Mictlán únicamente se podía llegar a través de un recorrido largo y sinuoso, el cual se conocía como El Camino de los Muertos, en donde todo trasciende, menos las monedas.

Un camino humilde hacia donde todos nos dirigimos y que en la mitología Inca lleva a la ciudad de Uku Pacha -o Mundo de Abajo- donde Garcilaso de la Vega debate sobre lo complejo de la existencia con César Vallejo.

Así, para los griegos el Xibalbá se denominaba el Hades, plano subterráneo en el que se encuentran la morada de los muertos y el Tártaro. En la cultura egipcia el inframundo tiene también nombre bisílabo: Duat, lugar en el que el espíritu del fallecido es guiado por el señor de la muerte.

Según relata el [i]Popol Vuh[/i], para llegar al inframundo había que descender unas escaleras muy inclinadas, cruzar peligrosos ríos, elegir entre cuatro caminos y superar complicadas pruebas.

Afortunadamente, la pericia de Hunahpú e Ixbalanqué, sumada a los nuevos materiales de construcción y la nueva religión de La Cruz, han hecho más accesible el camino a los edificios y espacios del inframundo.

Hoy, las Ciudades del Xibalbá están más cerca que nunca, son nuestros cementerios a ras de tierra, pero no por ello menos profundos.


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