Obra de José Guadalupe Posada dialoga con la de otros artistas, gracias a Rocha

'La vida no vale nada', primera exposición del monero en Mérida
Foto: Rocha

Gonzalo Rocha, monero del periódico La Jornada, estará este jueves en Mérida presentando su exposición La vida no vale nada en la galería Lux Perpetua. Se trata de la primera muestra que el caricaturista presenta en Yucatán y constará de 20 litografías enfocadas en la obra de José Guadalupe Posada, a quien se le atribuye la creación de La Catrina.

Las piezas, en las que figuran osamentas, se imprimieron en el taller de artes gráficas La Máquina, en Oaxaca; además de ellas, exhibirán impresos originales del propio Posada. El encuentro será a las 19 horas en dicho recinto ubicado de la colonia Itzimná. 

 

Rocha

 

Antes del evento, el maestro Rocha compartió en entrevista con La Jornada Maya detalles sobre La vida no vale nada, así como sus perspectivas sobre el oficio del monero y otros temas de interés que se presentan a continuación:

 

Juan Manuel Contreras: Maestro Rocha, platíquenos sobre la exposición La vida no vale nada.

Gonzalo Rocha: Es un trabajo de tres años que he podido hacer mientras no hago cartón político. El tema es (José Guadalupe) Posada, tanto su persona como su obra; y lo pongo a dialogar con otros artistas. Mi metodología para crear nuevas imágenes es entablar un diálogo con sus propias obras y con otras, como la Guernica de Picasso. 

Lo convierto en una cosa de Posada: las calaveras, los muertos, los fantasmas y sus pueblos. El título de la exposición hace referencia a José Alfredo Jiménez y su famosa frase “la vida no vale nada”. En este caso, la obra es un billete que no tiene valor y plasma una de las imágenes de El chalequero, uno de los primeros feminicidas reconocidos. Es una crítica al poco valor que se le da a la vida en México.

Hay todo tipo de diálogos, como una calavera-alacrán. Ahora que murió el maestro (Francisco) Toledo, tomé una obra que se le ha atribuido a Posada, pero en realidad no es de Posada; sin embargo, él la convirtió tomando como influencia el arte de Toledo, su colorido y las tierras de Oaxaca.

También figura Diego Rivera, el artífice de La Catrina. Originalmente la calavera tan famosa de Posada era la ilustración del corrido La Garbancera y se burlaba de las mujeres que, por gastarse todo en un sombrero adornado, se quedaban sin ropa. Rivera, quien retoma esta obra en su mural Sueño de una tarde de verano, retrata ese personaje, pero la viste elegantemente y le da por título La Catrina. Eso es algo de lo que podrá verse.

 

 Rocha

 

JMC: ¿Cómo conoció la obra de Posada?

GR: Llevo muchos años en el periodismo y una de las cosas afortunadas que me sucedieron cuando era muy joven fue que, en los orígenes de La Jornada, se nos ocurrió para estas épocas justamente, hacer un suplemento de calaveras. Las calaveras nos remiten a Posadas y su obra.

Esa tradición periodística la inició él y (Manuel) Manilla y desde ahí tengo ese gusto por retomar su obra y sus ideas de dibujar como muertos a los vivos, hacerlos calavera y jugar con el tema de la muerte. Estamos hablando de 1985, y durante muchos años -más de 25- publicamos anualmente ese suplemento.

El Día de Muertos, además de ser eso, para nosotros (los moneros) es el Día del Caricaturista, porque es el día que nos permitimos reírnos de la muerte. La muerte es muy democrática, finalmente les toca a todos, ya sean pobres o ricos; entonces es el día que podemos burlarnos, decir cómo se murió alguien basándonos en las críticas que podamos hacerle en vida

 

Rocha

 

JMC: ¿Qué es lo que más admira de la obra de Posada?

GR: La obra de Posada es muy polifacética, él trabajó publicidad, estampitas religiosas, periodismo, pero particularmente lo que más nos llegó es lo correspondiente a su llegada a la Ciudad de México en donde trabaja con el editor (Antonio) Vanegas Arroyo. Posada era un ilustrador de la vida cotidiana y la nota roja, entonces esta cuestión descarnada le tocó dibujarla a él. 

A veces las imaginaba (las escenas) y otras veces las copiaba de las fotos, pero lo que se reproducía en los periódicos eran sus dibujos. También hizo caricatura política, pero en este ámbito no trabajaba solo, lo hacía junto con otros grandes caricaturistas de la época. 

Este arte no ha caducado pese a estar en un periódico; en cambio, mucha de la caricatura política caduca porque los personajes ya no son reconocibles para nosotros: si no hablan de personajes icónicos como (Emiliano) Zapata o Porfirio Díaz, no las entendemos, a menos que investiguemos. Las calaveras y los crímenes quedaron, porque son anónimas.

 

Rocha

 

JMC: ¿Qué opina del impacto que ha tenido la figura de La Catrina en la cultura mexicana?

GR: Es un ícono del país, diría que compite con la bandera -el águila y la serpiente- y con la Virgen de Guadalupe, es uno de nuestros puntos de referencia. 

También ha trascendido por lo que se dice de los mexicanos: que nos burlamos de la muerte y no le tememos. Yo creo que sí le tememos, pero es cierto que el mexicano juega mucho con eso, por ejemplo, las canciones que hablan de la muerte; La vida no vale nada de José Alfredo. Posada es el gran retratador de ese juego.

 

JMC: Es una imagen con una crítica implícita desde sus orígenes, ¿Ésta continúa vigente?

GR: Hay distintos puntos de vista al respecto. A Posada lo retoman los muralistas y lo vuelven un mito revolucionario, pero no lo fue tanto en su momento, por lo menos en el sentido ideológico. Más bien era un tanto conservador.

Hay estudios que se han hecho sobre imágenes de caricatura política en donde se ven cartones que fueron en apoyo al dictador, o muy tibios en su crítica. Yo diría que (Posada) tiene algo que tenemos todos los mexicanos: que somos conservadores y liberales al mismo tiempo. La cultura mexicana, tanto política como de comportamiento, es una mezcla muy extraña de ambas cosas.

Entonces, así era Posada, eso lo retrataba muy bien, fue el gran traductor de esa cuestión del sentir mexicano. 

 

Rocha

 

JMC: Será la primera vez que exponga en Yucatán, ¿cómo ha visto el crecimiento del estado en los últimos años?

GR: Me gusta, pero me preocupa porque ese desarrollo expansivo se lleva de corbata a la naturaleza. El progreso tiene cosas positivas, pero también preocupantes, porque irrumpe los ecosistemas, las costumbres de las personas en las comunidades; y ahí empieza ese ‘agarrón’ entre la resistencia de los pueblos y el avance del capitalismo.

Desgraciadamente el progreso viene con capitalismo, entonces es un sentimiento encontrado. Por un lado, me gusta que exista ese desarrollo inevitable, pero por otro deseo que esto suceda de la mejor manera. Por ejemplo, ahora con el Tren Maya ojalá las comunidades por donde pasará se beneficien y no termine como ha sucedido en otros lugares, en donde pocas familias son las que terminaron ganando.

 

JMC: ¿Qué papel juegan los moneros en los periódicos de actualidad?

GR: Yo crecí siendo un periodista de los medios impresos y sigo teniendo eso ‘impreso’ en mí. Ahora hay toda una gama de nuevas maneras de hacer periodismo a las que no estoy acostumbrado, pero que están acabando con una forma de hacer periodismo.

Es preocupante, porque creo que la lectura de las noticias es muy ávida y tiene una inmediatez con ventajas y desventajas en un sentido de democratización, porque hoy cualquier persona puede subir información, y antes pasaba por filtros. Hoy todo eso se ha borrado.

De igual modo, la lectura de la información no es profunda, a veces es muy superficial; y la buena caricatura necesita de un buen lector, ya que es una síntesis profunda de lo que está sucediendo, no es el meme.

Muchas veces se nos ha comparado (a los moneros) con el meme, pero este puede llegar a ser muy superficial, es un juego sin una profundidad política o crítica; es anónimo y carece de compromiso de quien lo elabora. Por el contrario, la caricatura que plasma el compromiso y la ideología del autor, es una visión enriquecida de la información.

 

Rocha

 

JMC: ¿Cómo nace el monero Rocha?

GR: Empecé joven en la revista de caricaturistas La Garrapata, en 1979. Éramos tres caricaturistas y un escritor de humor. Era un proyecto muy libre que no tenía los mismos requisitos de un periódico, pues en aquel entonces era muy difícil ‘tocar’ a la figura presidencial y esas cosas que hoy se han vuelto más sencillas.

El oficio de caricaturista se hace en los medios, no vas a una universidad para formarte. Puedes -y debes- estudiar periodismo, ciencias políticas o artes; pero no existe un diploma para las labores creativas. Uno se va haciendo en el día a día, esa es la escuela.

En La Jornada llevo 37 años, desde su origen, y esa es mi gran escuela, al igual que otros caricaturistas con quienes he compartido como Magú, Helioflores y Naranjo que fueron grandes maestros, junto con otros que leí y luego conocí como Rius. También los directivos del periódico, Carlos Payán, Carmen Lira y Julio Scherer, ellos fueron mis maestros.

 

JMC: ¿Alguna vez se ha sentido censurado?

GR: No, nunca he padecido censura. He tenido la fortuna de trabajar en medios -como en el caso de La Jornada- de los que fui parte de su formación, entonces son medios también alineados a lo que yo pienso, por lo tanto, no chocamos. Tendría problemas de censura si trabajara en un lugar que tuviera una visión diferente de la vida.

Por fortuna, me he desarrollado en un periódico con el que comparto una manera de pensar parecida. Los directivos me han dado mucha libertad, fueron contadas las ocasiones en las que hubo discrepancias, pero no lo puedo llamar censura, simplemente son eso, discrepancias y a veces razones de mucho peso, pero nunca me dejaron de publicar algún cartón. 

 

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Edición: Estefanía Cardeña