‘El Divino Narciso’, un remontaje que viajará de Mérida hasta Cuba

La obra también ofrecerá funciones en La Rendija, el martes 26 a las 18 y 20 horas
Foto: Facebook Teatro la Rendija

Esta puesta en escena es “como un proclamar de esperanza, volver a alabar al Dios de las semillas, recordar nuestros orígenes, a nuestros ancestros y poder evocarles con esta luz de haber logrado este viaje con el alma y encontrarte en cada ser”.

En 2016 Teatro La Rendija presentó por primera vez el remontaje de El Divino Narciso, ahora, cerca de llegar a su octagésima función, viajarán hasta Cuba, por segunda ocasión, para presentar la obra; esta vez, como invitadas de la Secretaría de Cultura para formar parte de la programación a la Feria Internacional del Libro de Cuba.

Antes de irse, ofrecerán dos funciones, el martes 26 a las 18 y 20 horas, para el público de La Rendija. Raquel Araujo, fundadora del teatro, expresa que la obra normalmente tenía una duración de poco más de hora y media, pero para estas presentaciones (y su viaje a Cuba) fue condensada en una, por lo que “consideramos que es una buena oportunidad para que estudiantes puedan conocer el verso de Sor Juana a un precio muy accesible, que es de 60 pesos”.

Presentarse en Cuba, por segunda vez, significa mucho para el elenco presente, pues la directora apuntó que cuando fueron la ultima vez ganaron el Premio de la Crítica Teatral Cubana y es ahora un reto estar ahí de nuevo. 

Mientras me cuenta que una de las maravillas de esta obra es que es representada por seis mujeres, llega una de ellas y se sienta en una de las sillas que ya están situadas rodeando el sillón en el que me encuentro escuchando a Raquel, la miramos de reojo y continúa, “es algo que le ha dado un aliento muy especial a la obra, por la visión, ha sido como el encuentro de seis mujeres del siglo XXI con una mujer del siglo XVII”.

Con tres siglos de diferencia entre ellas, considera que sus textos tienen vigencia hasta el día de hoy, “es alucinante cómo resuena, cómo vibra en ti, reverberan sus palabras”… Cuando termina de decir eso, casi todas las sillas se han ocupado; nadie lo dijo, pero enseguida noto que a mi alrededor tengo a mujeres extraordinarias y, entonces, comienzan a hablar y lo comprueban con sus expresiones, lo que dicen, sienten, viven y transmiten.

Les preguntó por qué esta obra que llevarán a Cuba es especial y toma la voz Katenka Ángeles para que su interior vea la luz; para ella, cada estrofa escrita en la época del barroco, toma sentido incluso en el presente y “cada vez que digo las palabras que Sor Juana escribió tienen un significado enorme en la forma en cómo resuenan en mi propio cuerpo sus palabras”.

Aún seguimos buscando respuestas de lo que la escritora hablaba en aquel tiempo: el amor, la relación humana con la naturaleza y muchos otros temas que continúan siendo importantes para la actualidad, expresa.

Apenas termina de hablar desbordan también las perspectivas de Itzel Riqué, quien reconoce, entre las palabras católicas de la autora, mensajes entrelíneas, “allá hay mucho de lo que Sor Juana no quería decir, o decía entre palabras, dejaba entrever otro discurso que tiene que ver más con el alma, con ser mujer […] Es un mensaje muy fuerte que Narciso sea representado por una mujer, el territorio es un discurso político y nuestros territorios en esta obra están muy en juego con el eco de Sor Juana”.

Mientras cuenta que para ella el abordaje de esta obra no tiene que mirarse desde la óptica católica necesariamente, llega otra de sus compañeras y toma la silla que aún estaba vacía, pero continúa explicando que la puesta en escena abre la posibilidad a cuestionar(se) qué es la gracia para sí misma y cómo es la relación con su espiritualidad. “Toda la divinidad se encuentra permeada en el aire, el contacto con la otra persona, que va más allá de el prójimo, va a una relación de cómo me reflejo en el otro ser humano”.

Aparece también la mirada de Aida Segura con una analogía con un viaje, “me parece que es como ir atravesando capas, la loa nos presenta esta realidad y cuando nos vamos adentrando con las palabras de Sor Juana vamos yendo más profundo en el sentido”.

Con cada repaso y ensayo, pasa de la oscuridad a la luz, “era una época muy oscura en la que fue escrita esta obra y está llena con toda una luz de formas”, pero es solamente cuando miran el dolor de cada elemento que lleva a un amor para crear la unidad con el todo.

Ella, así como sus compañeras, se observan a sí mismas diferentes hoy en comparación con la primera vez que estuvieron en la puesta en escena, “creamos una alquimia en la escena, venimos a presentar esta gran verdad, este gran hecho histórico que sucedió  ha permeado en nuestras generaciones y es como una liberación de alguna manera, como un proclamar de esperanza, volver a alabar al Dios de las semillas, recordar nuestros orígenes, a nuestros ancestres y poder evocarles con esta luz de haber logrado este viaje con el alma y encontrarte en cada ser”.

Desde su visión, Narciso, no se enamora únicamente de la naturaleza humana, sino de la naturaleza en general, cada ser vivo y el reconocimiento del amor a todas las especies como a la propia persona.

Nara Pech me mira y me pide que le formule nuevamente la pregunta porque fue la última en llegar y quiere expresar sus sentires, pero está en descontextualizada con lo que originó que sus compañeras de escena abrieran sus corazones de ese modo, le dirijo la pregunta directa hacia ella, “¿qué hace especial a esta obra?”.

De ahí, se deja guiar por lo que lleva dentro, “para mí implica un rencuentro”, pues, aunque iniciaron en 2016, “los versos de Sor Juana siguen entrando en el cuerpo y siguen abriendo compuertas emocionales muy impresionantes”.

Deja notar su admiración por la mujer que, con tan solo unos versos, habla sobre filosofía y mitología cristiana, pero conteniendo también un sinfín de mitologías, “que al final representan los intereses más profundos, hablamos del amor más profundo y de las propias dificultades que tenemos en el camino para alcanzar la comunión”.

A quienes presencien la obra, pide no enfocarse en entender las palabras y términos de Sor Juana, sino más bien “se entreguen al juego musical que la poesía tiene y a toda la construcción de imágenes que caracterizan a la dirección de Raquel Araujo y al Teatro de La Rendija como lenguaje”.

Sasil Sánchez parece tímida, me pregunto si querrá hablar, pero decido preguntarle directamente y valora el cuestionar y cuestionarse para tomar sentido de lo que Sor Juana comunica, en particular, con seis mujeres en escena creando una atmósfera que recuerda la vigencia de un texto que data de tanto tiempo atrás y continúa atravesando la realidad, que “en vez de modificarse tiene cierto aumento y cada vez nos cobra más sentido las palabras de Sor Juana y todo lo que ella en su momento quería decir […] Es la invitación a dejarse llevar por lo que se escucha, mira y siente”.

Llegar a Cuba en este momento “es una muy buena oportunidad por el contexto, la colonización y el contexto crudo que vive, llevar este fragmento de la loa es identidad”, apunta Itzel Riqué y su directora de escena, Raquel Araujo, continúa invitando a mirar esta obra con las mujeres que tanto abundaron en lo que ésta significa y les mueve por dentro, “ver y escuchar, sobre todo escuchar y nuestros cuerpos acompañando…”, dice mientras mueve su cuerpo hacia delante y levanta la mano derecha hasta la altura de su barbilla “es una gran oportunidad para quienes se quieran acercar al teatro clásico en verso”.

Explica que podrán ver el choque entre el personaje de la religión y cómo se irrumpe la fiesta pagana de América de Occidente y comienza la evangelización “como una forma, también violenta, de dominación”.

En esta versión sintetizada de El Divino Narciso, Sasil Sánchez Chan participará en lengua maya desde la loa; y en la segunda parte con un bloque musical.

“Desde un principio la obra estuvo cargada de muchas imágenes, no solamente a nivel texto y verso. Un poco de lo que se rescató fueron las piezas musicales que fueron especialmente hechas para esta obra con música de gente yucateca”, explicó.

El Divino Narciso ha tenido temporadas en Ciudad de México (Cdmx); en el Festival de Teatro Clásico Almagro, en España; en el Iberescena de Islas Canarias; y también había estado en Cuba para otro festival, aunque ella no participó en esa ocasión.

Esta primera visita a Cuba, Sasil Sánchez la describe como “un choque bastante fuerte” al considerar que el contexto que se vive en las regiones puede ser representativo y contener una carga, no sólo en el ámbito emocional.

“Sino en lo que significa para mi el estar involucrada en estos procesos de lucha social, en mi caso desde la parte maya; pero también conocer el contexto que se vive ahí, ver esa parte de la historia de manera más sustanciosa”, sentenció

Tenerla frente a ella y pisar esa tierra, prosiguió, “tendrá un significado especial que la llevarán a nuevos cuestionamientos importantes y necesarios en los momentos por los que atraviesa el mundo”.

“El hecho de llegar (a Cuba) a través de la escena y sobre todo con esta participación; con la palabra que me lleva a estar ahí tiene una carga no solamente política sino significativa para mí, es algo muy grande e importante”, concluyó Sánchez Chan.

 

Edición: Laura Espejo


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