Tras varios años de sequía en suelo mexicano, la legendaria banda española Ángeles del Infierno regresa con una gira que tomó en cuenta al sureste con una presentación en el Club de Leones, en Mérida.
Juan Gallardo, Robert Álvarez y compañía llegan con la firme convicción de demostrar que el heavy metal que comenzaron a crear en 1980 sigue vigente entre el público.
Ángeles del Infierno es un referente del heavy metal en español. Con su álbum debut Pacto con el diablo, lanzado en 1984, la banda comenzó a sumar simpatizantes en España y en todo el público hispanohablante.
El vocalista Juan Gallardo, en compañía del guitarrista Robert Álvarez, adelantó que el show de este sábado 11 de noviembre va a constatar que la banda sigue de pie y lista para reafirmar su lugar como una de las leyendas en español.
Lee también: Cornelian, la banda de Izamal que tocará en el Hell and Heaven
Los músicos aseguraron estar contentos y emocionados de regresar a México y de tener la oportunidad de volver a interpretar para su público yucateco temas como Maldito sea tu nombre y El principio del fin.
La cita es este sábado 11 de noviembre a las 8 de la noche, en el Club de Leones, ubicado en avenida Colón 198-A, colonia García Ginerés.
La emblemática banda prepara una lista de canciones cargada de heavy metal, hard rock, hard core, punk, power ballads y rock duro.
Ángeles del Infierno subirá al escenario luego de las presentaciones de las bandas yucatecas Vulgar Society y Atversus.
Aún quedan boletos disponibles a un precio general de 770 pesos y preferente de 990. Se pueden comprar en línea a través de este enlace, en Bizarro Shop de Plaza Dorada o en taquilla el día del evento.
La presidenta Delcy Rodríguez anuncia cambios en el equipo ministerial del gobierno
La Jornada
El siniestro habría sido provocado por un cortocircuito que derivó en una descarga eléctrica al interior del domicilio
La Jornada
Entre el sur de México y el norte de Colombia residen entre 10 y 46 por ciento de las poblaciones mundiales de 40 especies
La Jornada
En el barco viajaban dos pasajeros, el capitán y un marinero
La Jornada