Trabajo y humildad, claves en el ascenso de Óliver: Rivera

“Está comprometido con lo que hace”, resalta el zurdo sonorense
Foto: LMP

Hace 18 años, en su debut en Grandes Ligas, Óliver Pérez ponchó a sus dos primeros rivales, Ichiro Suzuki, quien en ese entonces comenzaba su camino rumbo a convertirse en una súper estrella de las Mayores, y Jeff Cirillo -ambos sorbieron chocolate tirándole-, en camino a una victoria como abridor con los Padres de San Diego, 5-3. El domingo, el zurdo recetó anestesias en la séptima entrada a sus dos contrincantes iniciales, Ryan McBroom y Erick Mejía, de Kansas City, que abanicaron rectas bien colocadas en la esquina de afuera, rumbo a imponer el récord de temporadas jugadas para un mexicano en la Gran Carpa (18).

Cuando se juntan talento y esfuerzo suelen pasar cosas buenas y eso es lo que ocurrió con Óliver. “Siempre trabajaba muy duro”, expresó Óscar Rivera, quien compartió con La Jornada Maya algunas de sus experiencias con otro gran zurdo que surgió de la cueva.           

“Vivíamos en una casa club (cerca del Estadio Carlos Iturralde). Al poco tiempo él y otro grupo de compañeros viajaron a Estados Unidos para reportarse a una sucursal de los Padres (en 1999)”, comentó el sonorense, que no trató mucho al histórico big leaguer mexicano en ese entonces, pero su manera de entrenar y de ser dejaron huella en el futuro as de los Leones de Yucatán. “Como lanzador todos sabemos de lo que es capaz y lo sigue demostrando en el mejor beisbol del mundo, siempre comprometido con su trabajo y en la loma de pitcheo lo hemos visto; como persona es muy sencillo y humilde, y tengo la dicha y el honor de decir que soy su amigo”, agregó el autor del único juego perfecto en los playoffs de la Liga Mexicana. Nos conocimos por el beisbol, continuó, “pero siguió una amistad que hemos ido fortaleciendo junto con otros compañeros de esa generación (a los que Óliver ha visitado en Mérida). Todos le echamos buena vibra en esta su temporada 18 en MLB”.

Rivera apuntó que “hablando con él y los demás compañeros de la generación nos platica que se siente contento con esta nueva marca para un mexicano, que ha trabajado mucho para sobresalir en Grandes Ligas, sin pensar en los logros, ya que lo más importante para él es que que lo vean como un ejemplo a seguir”.

Después de ser firmado para los melenudos en 1997 por Roberto Pérez, quien estaba a cargo del desarrollo de talento en la organización, Óliver y otros lanzadores selváticos comenzaron a formarse bajo el mando de Raúl Ortega y Javier Escopeta Martínez.

Edición: Ana Ordaz


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