En un encuentro marcado por la nostalgia y la experimentación literaria, Óscar Muñoz y Rafael Robles presentaron en el stand de La Jornada Maya en la Filey Relatos a 33 revoluciones por minuto, una propuesta que convierte la memoria musical en objeto narrativo y material.
Se trata de un libro-objeto con apariencia de cassettes, elaborado de forma artesanal, que remite a una época en la que la música no solo se escuchaba, sino que se compartía físicamente.
“Estos libritos están hechos de forma casera, como sucedía con los cassettes”, explicó Muñoz, subrayando el carácter íntimo y manual del proyecto.
La idea, según el colaborador de esta casa editorial, juega con la percepción del lector desde el primer momento.
“Lo único que me dijo un amigo fue que tendría que buscar la casetera; no se había percatado de que no eran exactamente unos libritos”, relató entre risas, celebrando que el objeto cumpliera su cometido: parecer otra cosa antes de ser leído.

Foto: Jusaeri
Durante la presentación, Robles destacó la potencia generacional de la obra. Para él, los relatos condensan una experiencia compartida en la que el vinilo, las fiestas caseras y los descubrimientos musicales articulan una sensibilidad común.
“Óscar ha logrado plasmar el talante de toda una generación en unos cuantos relatos”, afirmó.
Esa memoria colectiva está atravesada por la música, que no solo ambienta, sino que estructura las historias.
“Lo que conduce esta memoria común es la música”, añadió Robles, quien consideró que el mayor acierto del libro es “apropiarse del lenguaje musical y trasladarlo a la escritura”.
Muñoz dio lectura a algunos textos en los que los discos funcionan como detonadores emocionales: amores, pérdidas y coincidencias improbables giran al ritmo de bandas clásicas. En uno de ellos, un vinilo perdido reaparece años después con una dedicatoria intacta, como si el tiempo también pudiera reproducirse en bucle.

Foto: Jusaeri
El público reconoció en estos relatos escenas familiares: fiestas en casa, discos compartidos y estrategias juveniles para el cortejo al compás de la música.
“Todos tenemos esos recuerdos de esas fiestas magníficas”, comentó uno de los asistentes.
Más que un libro para la estantería, Robles sugirió otro destino: “No va a tener un lugar en el librero, sino junto a los discos”. Una afirmación que resume el espíritu de la obra: un objeto que se lee, se mira y, sobre todo, se escucha en la memoria.
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