Foto: @serpervil

Equipada con sus sabucanes, doña Francisca recorre los pasillos del mercado Lucas de Gálvez en busca de los mejores precios. Sucesos como la emergencia sanitaria y el paso de la tormenta tropical Cristóbal han incidido indirectamente en el cambio de su rutina; ya no compra con los de siempre, sino con quien venda más barato.

“Están por las nubes”, dijo en referencia a los precios de la canasta básica que, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) presenta un alza del 0.66 por ciento respecto al mes anterior y una inflación anual del 3.62 por ciento, acorde al Índice Nacional de Precios al Consumidor (Inpc).

En casa de doña Francisca, los estragos económicos de la pandemia se resienten desde hace varios meses, ya que se quedó sin trabajo. Ella tiene dos hijos -de 8 y 12 años- a los que debe alimentar diariamente y los precios de los insumos necesarios para esto han aumentado al doble, desde su percepción.

Para entrar en contexto respecto a este incremento, en el mismo mes -de julio- del 2019, las variaciones del precio de la canasta básica fueron del 0.38 por ciento mensual y del 3.78 por ciento anual.

Este año, el índice de precios subyacente aumentó 0.40 por ciento mensual y 3.85 por ciento anual. Por su parte el índice de precios no subyacente se acrecentó 1.48 por ciento mensual y 2.92 por ciento anual.

Lo anterior se traduce directamente en que doña Francisca ya no puede adquirir los mismos productos que antes de la pandemia. Un pollo entero -suficiente para una comida- ha pasado de costar 50 a 90 pesos, según su tamaño; casi el doble, “y ya ni se diga de la pechuga, impagable para nosotros”, expuso.

Locatarios afectados

Esta situación se hace extensiva a los locatarios de mercados como el Lucas de Gálvez, cuyas ganancias han disminuido considerablemente a causa de los acontecimientos que han lacerado al estado a últimas fechas.

Jorge Carlos Castillo, propietario de una frutería, lamentó que los distribuidores hayan incrementado sus precios en función de las afectaciones a los cultivos, que, según cifras oficiales, fue de 85 por ciento en la entidad tras el paso del meteoro Cristóbal.

El chile xcatic, tomate y el rábano, son los productos que más han aumentado de precio, consideró el mercader, ya que han triplicado su valor correspondiente. Lo anterior, con las consecuencias subsecuentes a las ventas, pues a los clientes ya no les alcanza.

Ante este panorama, no son pocos los locatarios del Lucas de Gálvez -y otros en la ciudad- que se han visto en la necesidad de conservar sus precios y prescindir completamente de la ganancia que su actividad permitía en tiempos anteriores a la pandemia.

La Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (Anpec) realizó un estudio del 15 de mayo al 15 de junio de este año, que arrojó que arroz, frijol y lentejas son los productos que más han variado sus precios a nivel nacional.

Ese mes, la inflación aumentó 2.84 por ciento respecto al mismo período del año anterior, lo que ha elevado los precios de la canasta básica en más del 80 por ciento.

Comer saludable no cuesta más

“Ahora más que nunca es importante comer saludable y la pandemia no debe ser pretexto para descuidar nuestra alimentación”, advirtió la licenciada en nutrición Karla Figueroa, cuestionada sobre los hábitos alimentarios en la contingencia.

La experta señaló que, contrario a lo que se piensa, comer saludable no debería ser costoso, pues en lugares como los mercados existen opciones accesibles que cumplen con los requerimientos de una dieta balanceada.

“Comer sano es incluso más económico, pues al comer en casa una persona puede ahorrar hasta el 50 por ciento de lo que gastaría si lo hace en un restaurante o fonda, en donde hay que pagar para que cocinen por nosotros”, explicó.

En estos tiempos pandémicos, la especialista aconsejó ingerir alimentos con altos índices nutricionales y bajos en calorías. Recordó que la ingesta calórica diaria en un adulto ronda las dos mil calorías, las cuales recomienda distribuir en cuatro comidas.

“Es común que la gente piense que comer saludable es ‘cosa de ricos’ pero con alimentos de la canasta básica es posible desarrollar un plan alimenticio, la idea es variar nuestros alimentos y tratar de consumir de todos los grupos de manera equilibrada”, detalló.

Añadió que medidas como prohibir la venta de alimentos “chatarra” a menores de edad en Oaxaca, contribuirían a mejorar la calidad de vida de los mexicanos y, por consiguiente, reducir los riesgos del COVID-19. En ese sentido, exhortó a las autoridades de salud a seguir el ejemplo y aplicar medidas similares en Yucatán.

Fragilidad alimentaria

Según un estudio reciente del Observatorio Regional de Gobernanza y Coordinación Social ante el COVID-19 (Orga) de la UNAM, la seguridad alimentaria es frágil en Yucatán, en donde el ingreso del 33.9 por ciento de la población es inferior al costo de la canasta básica.

“En el contexto de la pandemia y la crisis social y económica que trae consigo, la vulnerabilidad alimentaria podría agudizarse, lo cual, aunado a la alta prevalencia de obesidad, diabetes e hipertensión, constituye un escenario de mayor riesgo para la población”, advierte el organismo.

Acorde a la investigación publicada en su plataforma, el promedio nacional de mayores de 20 años diagnosticados con diabetes es del 10.3 por ciento, mientras en Yucatán es del 10.7 por ciento. En el caso de la diabetes, el promedio nacional es del 18.4 por ciento y en Yucatán del 21.7 por ciento.

En cuanto a la obesidad, el porcentaje promedio nacional de población de 12 a 19 años es del 14.6 por ciento, y en Yucatán es del 19.1 por ciento. Las cifras de la población adultas son alarmantes, pues mientras el 14.6 por ciento de los mexicanos presentan obesidad en Yucatán el 44.8 por ciento la padece.

De acuerdo con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, la región de América Latina y el Caribe vive en condiciones de inseguridad alimentaria promovida por un bajo crecimiento económico, los modos no sostenibles de producción y consumo de alimentos, así como la transición demográfica, epidemiológica y nutricional, y ahora la pandemia podría repercutir en un incremento del hambre y la pobreza.

En Yucatán se registraron 900 mil personas en condición de pobreza y 147 mil en pobreza extrema en 2018, según el Coneval. Estas cifras podrían aumentar como resultado de la pandemia y revertir los avances que se han desarrollado en materia de lo social. 

Edición: Elsa Torres


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