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La Jornada Maya
03/08/2026 | Mérida
Una investigación del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), derivada de los trabajos de salvamento arqueológico del Tren Maya, plantea que las antiguas comunidades mayas del norte de la Península de Yucatán aprovecharon de manera intencional la topografía del terreno para controlar el agua de lluvia y favorecer la producción agrícola en torno a sus viviendas.
El estudio, encabezado por el arqueólogo Carlos Matos Llanes, analiza cuatro asentamientos excavados durante las obras del Tramo 3 del Tren Maya: Tepakán, en Yucatán, y Bécal I, II y III, en el municipio de Calkiní, Campeche.
A partir del uso de Sistemas de Información Geográfica (SIG) y modelos digitales del terreno obtenidos con tecnología LiDAR, el investigador identificó un patrón en la ubicación de las antiguas unidades domésticas.
"Las unidades habitacionales se ubican en los sectores más elevados y rodeados de bajos, aprovechando así las inclinaciones naturales para el control del flujo pluvial", explicó.
Foto: INAH
Durante las excavaciones, el equipo detectó agrupaciones de entre 30 y 40 estructuras de pequeñas dimensiones, separadas por amplios espacios sin construcciones. El análisis sugiere que esas áreas libres pudieron funcionar como solares o huertos destinados al cultivo para el autoconsumo y, posiblemente, para generar excedentes agrícolas.
La hipótesis parte de que las actividades cotidianas de las familias mayas no se limitaban a las viviendas, sino que se desarrollaban en amplios espacios abiertos donde también se producía alimento.
El investigador señaló que los primeros resultados muestran que el agua de lluvia tendía a concentrarse precisamente en esos espacios vacíos entre los grupos habitacionales, lo que habría favorecido su aprovechamiento agrícola.
Aunque la propuesta aún deberá comprobarse mediante análisis de suelos y otras evidencias arqueológicas, el proyecto busca entender cómo las antiguas comunidades organizaban el paisaje doméstico y de qué manera adaptaban el entorno para garantizar la producción de alimentos.
Los trabajos forman parte del Salvamento Arqueológico del Tren Maya y continuarán con estudios en más unidades habitacionales, además de análisis químicos del suelo que permitan confirmar el uso agrícola de estos espacios.