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Astrid Sánchez
14/09/2026 | Mérida, Yucatán
En 20 hectáreas de terreno, el Centro de Desarrollo de Medicina Indígena Abuelo Juan Cob conserva más de 200 especies de plantas de la región que forman parte de los conocimientos de la medicina tradicional maya y es un espacio donde se promueve la transmisión de estos saberes a nuevas generaciones.
Leydi Dorantes, médica tradicional maya y responsable del centro ubicado en el municipio de Yaxcabá, Yucatán, explicó que el espacio fue fundado en 1993 y estuvo a cargo de distintos médicos tradicionales, parteras y sobadoras, entre ellos su abuelo, quien también era médico tradicional maya y sobador “h-men”, mientras que su abuela se dedicaba a la parte espiritista.
Actualmente, el objetivo del Centro es mantener vivo un conocimiento que en distintas comunidades de Yucatán ha comenzado a perderse ante la sustitución de las plantas medicinales por medicamentos industriales.
“La medicina tradicional maya no es solamente sanación de cuerpo, es sanación de cuerpo, mente y espíritu. Es importante seguir conservándola porque podríamos podríamos vivir más tiempo con mejor calidad sin estar contaminando nuestro cuerpo.”, sostuvo Leydi en entrevista con La Jornada Maya, quien consideró que la herbolaria constituye uno de los principales elementos para preservar este conocimiento y mantenerlo disponible para las comunidades.
El Centro también busca que ese conocimiento no quede limitado a las personas mayores que lo han conservado durante décadas pues actualmente trabajan con distintas dependencias de gobierno y universidades que llevan a estudiantes al lugar para conocer las plantas y las prácticas asociadas con ellas y realizan talleres para que personas de la comunidad o de otras partes del estado e incluso del mundo puedan acudir a aprender esta práctica.
También cuentan con aprendices, como David Pech, “Pechán”, quien se ha incorporado al proceso de formación en herbolaria y otras prácticas de la medicina tradicional.
“Pechán” relató que su primer acercamiento ocurrió en Mérida, cuando acudía con un sobador que le atendía las muñecas mientras entrenaba. Aquella experiencia le hizo preguntarse quién continuaría con ese conocimiento cuando las personas mayores que lo poseen ya no estuvieran, inquietud que finalmente lo llevó hasta Yaxcabá y al Centro de Desarrollo de Medicina Indígena Abuelo Juan Cob.
“Lo más satisfactorio hasta ahorita creo que fue el conocerme a mí mismo, el aprender a curarme a mí mismo para igual poder compartir mis experiencias”.
Para Leydi, uno de los principales obstáculos para la medicina tradicional también ha sido la pérdida de confianza provocada por personas que comercializan productos elaborados sin conocimiento suficiente. Señaló que en internet se encuentran numerosos productos “milagro” que se presentan como medicina tradicional, lo que ha contribuido a que algunas personas desconfíen de quienes mantienen prácticas heredadas de generación en generación.
Pero destacó que después de la pandemia de Covid-19 aumentó el interés por conocer alternativas y recuperar saberes relacionados con las plantas, lo que han aprovechado para promover el trabajo del equipo del Centro.
Durante un recorrido por el terreno, Leydi compartió algunas de las especies que forman parte de este conocimiento. Explicó que no todas las plantas son cultivadas directamente en el espacio, pues una parte importante se encuentra en el monte y es recolectada por habitantes de la comunidad que conocen los lugares donde crecen. En el sitio también reproducen especies y mantienen áreas destinadas a plantas que requieren cuidados especiales.
Además, el Centro es una Unidad de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre (UMA) autorizada por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) por poseer cientos de ejemplares de “despeinada”, planta también conocida como pata de elefante o ts´iipil, que se encuentra en la categoría de especie amenazada.
De acuerdo con Leydi, los abuelos asociaban esta especie con lo que antiguamente llamaban “malos pensamientos”, una expresión que ella relaciona con estados como la ansiedad y la depresión. A partir de ese conocimiento preparan la planta de determinadas maneras para ayudar a quienes buscan este tipo de tratamiento tradicional.
Entre la vasta diversidad de vegetación que resguarda el recinto, “Pechán” comparte que su planta favorita es la ek’balam, cuya resina es utilizada para detener sangrados de heridas y sus hojas funcionan para hacer un jabón que trata los hongos en la piel. Para Leydi es el sipche’, la cual asegura que sirve para los nervios y hasta para eliminar las envidias.
Esta transmisión del conocimiento incluye también prácticas relacionadas con la partería tradicional maya, pues además del uso de la herbolaria también se comparte la experiencia de sobadas para atender a mujeres embarazadas.
Uno de los ejemplos que compartió fue el uso de plantas como el chal che’ y el orégano en preparaciones tradicionales relacionadas con malestares menstruales y otros padecimientos. También explicó que determinadas combinaciones de plantas son utilizadas dentro de los conocimientos tradicionales para acompañar procesos relacionados con la fertilidad que han ayudado a muchas mujeres a poder embarazarse.
Y es que hay de todo: desde plantas que forman parte de la alimentación cotidiana, como la albaha, el achiote o la guayaba, hasta aquellas que se destinan específicamente a preparaciones medicinales.
Este conocimiento no se limita a la preparación de tés o remedios ya que en el Centro también elaboran productos a partir de combinaciones de distintas plantas, como jabones, tinturas y aceites.
Foto: Astrid Sánchez
Además de las plantas, el espacio mantiene otros elementos vinculados con la cosmovisión maya y prácticas tradicionales, como los baños con hierbas, limpias y otras prácticas de carácter espiritual.
El Centro de Desarrollo de Medicina Indígena Abuelo Juan Cob mantiene así una labor que combina la conservación de especies, la elaboración de productos de herbolaria, la atención desde la perspectiva de la medicina tradicional y la enseñanza a quienes buscan aprender estas prácticas. Para Leydi, mantener abierto ese conocimiento es también una forma de evitar que desaparezca una parte de la cultura maya.
“Si nosotros seguimos conservando este conocimiento, puede llegar a más personas”.
Edición: Ana Ordaz