Eduardo Lliteras Sentíes
La Jornada Maya

Mérida, Yuc.
6 de julio, 2015

La imagen del gobernador con el puño derecho cerrado y en alto, trepado en una silla, mientras le lanzaban vítores y aplausos los priístas que lo arropaban, es una foto de campaña, no de gobierno. De la campaña que apenas está iniciando a un mes de que terminó el proceso electoral, formalmente hablando, en el estado.

Es claro que en los próximos tres años tendremos un gobierno estatal avocado a perpetuarse en el poder en 2018. Y dispuesto a arrebatar a la oposición los bastiones que perdió el PRI en el interior del estado. Hablamos de Progreso, Valladolid, Umán y Hunucmá, posiciones clave en el mapa político de la entidad que cayeron en manos de la oposición. O de Mérida, la joya de la corona, que sigue en manos del PAN a pesar del impresionante y millonario gasto estatal durante la reciente campaña. Y también a pesar de la ola de violencia que recorrió el estado, particularmente los municipios del interior, incluyendo tres muertes todavía sin esclarecer, que fueron atribuidas a bandas de pandilleros y golpeadores a sueldo, locales e importados de Quintana Roo, contratados ex profeso para actuar como grupos de choque durante las elecciones.

Estamos ante una promesa a los priístas, pero también ante la advertencia a los demás partidos del gobernador de Yucatán, Rolando Zapata Bello: recuperaremos lo perdido a través de la “política sin miedo”, ya que el PRI es un “partido de ganadores”. El anuncio realizado en una reunión exclusiva con miles de priístas traídos de varios municipios del estado hasta el Centro de Convenciones Siglo XXI no contó reveladoramente con la presencia de la secretaria general del PRI, Ivonne Ortega Pacheco, ni con los diputados electos Jorge Carlos Ramírez Marín o Pablo Gamboa Miner.

Reunión poco publicitada, de aparente bajo perfil, con motivo del tercer aniversario de la victoria electoral de Rolando Zapata Bello y de su equipo, pero que marca el inicio de los juegos por la sucesión entre los diversos candidatos o candidatas priístas a la gubernatura.

Allí, el gobernador dejó en claro que el objetivo de su gobierno y del PRI –del que se declaró “líder moral en Yucatán”– es que el tricolor “siga gobernando en la próxima generación”. Ni más, ni menos.

Es decir, no sólo anticipó cual augur que el PRI seguirá “siendo el partido en el gobierno después de 2018”, sino que se impondrá a lo largo de toda una generación más, según sus propias palabras, mediante el relevo generacional a manos de hijos de políticos locales, bien apadrinados por sus progenitores y apellidos de abolengo priísta como Gamboa, Granja o Sobrino. Sin descartar, quizá, algún Zapata.

Descubierto en su faceta de cartomanciano electoral, Rolando Zapata Bello también advirtió que su gobierno y el partido del que es líder se convertirán “en auditores permanentes” de los gobiernos municipales en manos de la oposición.

Ese ánimo fiscalizador –que uno esperaría fuera cumplido, por ejemplo, por la Auditoría Superior del Estado de Yucatán, la que parece más bien omisa y ausente en cuanto a las cuentas estatales– fue justificado por el mismo gobernador al afirmar que “a los priístas nos toca exigir que se cumpla lo que otros prometieron para que la ciudadanía sepa distinguir entre falsas promesas de campaña y compromisos priístas que sí se cumplen”. En pocas palabras, te lo digo José Cortes Góngora para que lo entiendas Mauricio Vila.

Ya lo había anunciado el presidente del PRI en Yucatán, Carlos Pavón Flores, en días pasados cuando afirmó que la estrategia de su partido será de “fortalecimiento de nuestras estructuras en los municipios”.
Ciertamente el mensaje del gobernador no fue bienvenido por algunos partidos de oposición. Por ejemplo, Movimiento Ciudadano afirmó que es “el mejor momento para que Rolando Zapata replantee su permanencia al frente del gobierno”, mientras el Partido Acción Nacional, por conducto de su presidente, Hugo Sánchez Camargo, externó la “preocupación de que haya anunciado que vienen tres años de mayor impulso a la coacción del voto, repartos de despensas y violencia por la inacción de la policía”.

Los demás actores han guardado silencio hasta ahora, particularmente el sector empresarial y las diversas cámaras, así como las organizaciones civiles, que parecen más bien presas de sus preocupaciones privadas. De su malestar con algunas medidas gubernamentales.

Como suele suceder, cada quien habla como le va en la fiesta, y mientras la Canaco Mérida ha vuelto a pedir –sin resultado hasta ahora– que se extienda el periodo vacacional, la Canirac se ha quejado con dureza de la exclusión, de todas las cámaras, de la organización de la Semana de Yucatán.

Por su parte, la Canacintra ha externado su preocupación por el aumento del IVA en los alimentos preparados y sobre la posible cancelación de proyectos de conectividad en Yucatán por el llamado presupuesto base cero que ya estudian los diputados electos.

No menos importante fue la petición de la Coparmex y de la Asociación de Hoteles de Yucatán para que durante la jornada electoral se suspendiera, al menos parcialmente, la llamada ley seca. Petición que no fue escuchada, a pesar de un documento entregado al gobernador y de los reiterados llamados de todas las cámaras, al unísono, para que Yucatán no hiciera el ridículo ante los turistas que tanto trabajo cuesta traer a vacacionar prohibiendo ingerir bebidas alcohólicas a quienes nos visitan.

Por último, el alcalde de Mérida, Renán Barrera Concha, se prepara para despedirse rindiendo su último y tercer “informe” mientras se pertrecha para una larga temporada de acoso judicial. Así lo anuncian los priístas.

Abandonado, bloqueado por su partido en sus aspiraciones para ser diputado, federal o local, así como para presidirlo en Yucatán, Renán Barrera deberá dejar el gobierno de la ciudad sin fuero. Lo que anticipa una larga estación de lucha judicial con un buen equipo de abogados que deberán mantener a raya los ataques priístas.

Es claro que el Partido Acción Nacional no tiene ninguna posibilidad de ganar el gobierno del estado así como se encuentra en el presente. Como lo deja Hugo Sánchez Camargo. Dividido, fraccionado, enfrentado entre sí, entre los diversos liderazgos.

De allí que algunos panistas ya hablen de una nueva forma de gobernar al PAN en el estado. Es decir, mediante un comité de cogobierno que logre aglutinar a todos los grupos que hoy disputan la presidencia de Acción Nacional.

Una suma de liderazgos y tribus panistas inclusive a través de alguna personalidad alterna a quienes han levantado la mano para dirigir el partido. Que dé cohesión al PAN, así lo dice Rodolfo González Crespo. Ya que de otra manera, los panistas no sólo no podrán competir con la robusta maquinaria priísta encabezada por Rolando Zapata Bello para intentar reconquistar el gobierno estatal, sino que bien pueden ver sucumbir, ahora sí, en la próxima elección por Mérida, su último bastión en el sureste del para intentar reconquistar el gobierno estatal, sino que bien pueden ver sucumbir, ahora sí, en la próxima elección por Mérida, su último bastión en el sureste del país.


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