Blanche Petrich

Arely Gómez y el paquete envenenado de Murillo Karam

“¿Cómo puede caminar un país son 22 mil desaparecidos?”

La nueva procuradora general de la República Arely Gómez tardará todavía algunos días –supongo—para redecorar sus oficinas, ordenar los papeles, relevar algunos mandos de la PGR para crear su círculo de confianza, echarle una ojeada al abultadísimo expediente Ayotzinapa/Iguala y definir su posición. Ojalá que ya a estas alturas se haya dado cuenta que está frente a un caso criminal que ha reventado en la cara del gobierno federal con toda la fuerza de una crisis profunda, con implicaciones internas e internacionales.

Tarde o temprano se tendrá que subir al ring, ya que en torno a Ayotzinapa –esa pequeña localidad aledaña al pueblo de Tixtla, Guerrero, cuyo nombre ya es mundialmente famoso-- está planteada una disputa de proporciones mayores: la disputa por la verdad histórica de lo que pasó la noche del 26-27 de septiembre en Iguala, con el secuestro-desaparición de los 43 estudiantes de la Normal Rural “Isidro Burgos” y el asesinato de tres de ellos, uno de ellos con señales de tortura brutales. Fue desollado.

Su antecesor Jesús Murillo Karam le ha dejado un paquete envenenado. Su investigación del caso pretende dejar bien encerrada bajo candado lo que, con atrevimiento inaudito, llamó la “verdad histórica”. Es una caja de Pandora que no podrá permanecer cerrada por mucho tiempo.

La verdad de MK se resume así: según declaraciones de algunos sicarios y policías de Iguala y Cocula, los jóvenes –entre 18 y 23 años, todos ellos, alumnos de primer grado de la carrera de maestro rural-- fueron ejecutados, quemados en una pira de un tiradero de basura, sus cenizas trituradas, embutidas en bolsas de plástico y tiradas a un río cercano. Nunca nadie jamás los podrá encontrar. Ah, como cereza del pastel, todos sus teléfonos celulares también fueron arrojados a la hoguera definitiva. Perdido todo rastro. Todo ello por una confusión: la mafia que domina la región pensó que los chicos desarmados, que iban a la “toma” de autobuses para poderse movilizar a la capital para la protesta anual del 2 de octubre, eran del cartel rival e iban a “tomar” la plaza. Ajá.

¿Culpables? El hidalguense ya lo dejó resuelto. El tope de responsabilidad recae en el alcalde de Iguala José Luis Abarca y su esposa María de los Ángeles Pineda. De allí para abajo, decenas de policías municipales, narquillos locales, sicarios capturados ahí mismo, en esas dos ciudades que eran –nos dicen—el bastión del cartel “Guerreros Unidos”. De ahí para arriba, en la cadena de responsabilidades, nada. Ni el ex gobernador Ángel Aguirre, ni el Ejército que tiene un gran cuartel y un general en “la plaza”, ni la policía federal, que se supone vigilan la seguridad en una región señalada por el Observatorio Mundial de las Drogas como productora principal de amapola, materia prima de la heroína.

Cada estadunidense adicto a esta droga dura, durísima, gasta 60 dólares diarios para satisfacer su adicción. Y son un millón de adictos. Este es el panorama general.

Pero para el gobierno mexicano, todo queda dentro del reducido ámbito del municipio. “Atado y bien atado”, le dejó el paquete a la sucesora. Eso pensó.

Al gobierno de Enrique Peña Nieto le corre mucha prisa por cerrar el caso. El precio político que está pagando no para de crecer. En el plano internacional el Papa Francisco ya opinó…negativamente. El presidente Barack Obama ya dio manotazo en la mesa por el mismo asunto. La ONU, la OEA, la Unión Europea han tomado cartas en el asunto de los desaparecidos en México, agravado por los 43 de Ayotzinapa.

Y en el plano interno una corriente de opinión plural y muy activa le disputa la verdad histórica a la PGR. “No les creemos”, es la idea central. Para resumir: en cinco meses desde esta agresión, nueve jornadas de protesta nacionales multitudinarias bajo consignas que denotan, no solo el reclamo de la aparición con vida de los 43 sino un señalamiento de responsabilidad que representa una crisis institucional en serio, cristalizada en las consignas “Fuera Peña” y “Fue el Estado”.

¿Quién va ganando en esa disputa?

Por un lado, la movilización en las calles registra una natural curva descendente. Preocupante. Los movimientos que han confluido en este gran momento de protesta pronto tendrán que elaborar una estrategia de articulación para poder mantener y multiplicar el efecto de esa inconformidad, que no solo se expresa por los 43 de Ayotzinapa sino en general por la insostenible crisis de derechos humanos que vive el país. Como preguntara en alguna ocasión Carmen Aristegui en su programa de radio: “¿Cómo puede caminar un país con 22 mil desaparecidos?”.

Además, a favor de la versión oficial y el carpetazo que se avecina juegan los medios de comunicación del establecimiento. Para la comentocracia mexicana, la reticencia de los padres de aceptar que sus hijos ya están muertos y sus cenizas están disueltas en las aguas del Río San Juan “ya es pura necedad, producto de su ignorancia de campesinos y la perversión de los grupos radicales que los manipulan”.

Pero por otra parte el tic-tac del reloj marca el paso del tiempo que dentro de dos, tres, seis meses, pondrá en este campo de batalla elementos determinantes.

Uno será el informe final del Equipo Argentino de Antropología Forense, que con todo el peso de su prestigio internacional fue nombrado por los padres de los muchachos desaparecidos como sus peritos independientes. “Solo a ellos les vamos a creer”, advirtieron desde el principio.

El EAAF ya adelantó algunas líneas que ponen serios cuestionamientos a la “verdad” de Murillo Karam. No admite que los restos de fuego en el basurero, donde supuestamente ardieron durante 12 horas 43 cuerpos humanos, sean producto de un solo evento sino de varios, registrados en un periodo de varios años. Es decir, eso de la gran fogata que nadie vio…quien sabe. Demostraron que en el vertedero de basura de Cocula hay restos humanos que no pertenecen a ninguno de los normalistas desaparecidos en septiembre. Y ponen en duda que el único pedazo de hueso que sí relaciona a los estudiantes con la hoguera de Cocula provenga efectivamente de las cenizas recuperadas del río San Juan.

Para cuando Murillo Karam quiso sellar su investigación con la etiqueta de “verdad histórica”, a fines de enero, el EAAF recordó que el análisis científico y técnico de la escena en Cocula estaba apenas en una tercera parte de su proceso. Ellos han seguido trabajando en silencio. Será muy complicado para doña Arely intentar descalificar sus resultados, cuando este equipo investigador ponga su dictamen final sobre su escritorio.

Hay otro plazo fatal. Con acuerdo del gobierno federal, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos integró una comisión interdisciplinaria de cinco expertos con credenciales incuestionables para realizar una evaluación independiente de las investigaciones. Apenas empezaron su trabajo en México este mes (2 de marzo). Cuentan con seis meses para presentar sus conclusiones (plazo prorrogable, por cierto). La investigación del ex procurador no tiene las mejores trazas de salir bien librado de este escrutinio. Pero él ya no tendrá que dar la cara. Lo hará la nueva procuradora. Y la formidable maquinaria de propaganda e imagen que tiene a su disposición la hermana del vicepresidente de Televisa, Leopoldo Gómez.

Ya se verá, después de este compás de espera, si logra tapar el sol con una pantalla…o si la alianza de padres de familia, pueblos de Guerrero, movimiento social y defensores de derechos humanos del mundo entero logran articularse y hacen prevalecer la verdad en esta batalla.

Cosas de los medios

En el Distrito Federal, los amigos del escritor y periodista tijuanense Federico Campbell decidieron respetar aquello de “genio y figura hasta la sepultura” para conmemorar el primer aniversario de su fallecimiento. Y de la mano de Eduardo Vázquez, secretario de Cultura del DF y de su incansable directora de Proyectos Especiales María Cortina, rompieron la etiqueta acostumbrada en estas ceremonias y organizaron una velada de nostalgia y vino a la que, sin duda, a Campbell el bohemio le hubiera encantado asistir.

Su esposa Carmen Gaitán y sus meros cuates David Huerta y Eduardo Clavé hicieron carcajear al honorable público con los recuerdos del intelectual. A mí me tocó recordar su faceta de periodista.
Si han llegado al final de estas líneas, pues aprovecho y les comparto un cachito de lo que dije esa noche bohemia en un café de la Condesa capitalina.

“Como un homenaje al periodismo en el que siempre creyó y del que tantas veces quiso huir, Campbell dejó una pequeña joya que, además, lo convirtió en maestro involuntario de periodistas durante varias generaciones. En Periodismo escrito describe: “El periodista es un cazador, alguien que establece conexiones: relaciona hechos e ideas, escoge datos con rigor y criterio, comprueba las fuentes, interpreta el acontecimiento y organiza por escrito lo mejor que puede su texto para disfrute del lector. Algo semejante, pero según otras reglas, hace el escritor, que es un agricultor y vive en un ritmo mental más lento que el periodista siempre acelerado por la presión de los hechos y el tiempo”.

Casi nadie lo logra. Federico Campbell fue las dos cosas: cazador y agricultor. Toda una proeza”.

(*) Pido permiso a nuestras mayores, las escribidoras yucatecas, pioneras de las letras y las resistencias en los años setenta del siglo 19, para titular así esta columna. Ellas llamaron Siempreviva a su revista, primer espacio periodístico hecho por y para mujeres, que perduró 75 ediciones y fue semillero de las intelectuales y feministas de las siguientes generaciones. Con mi tía abuela Ada Moreno Irabién en la memoria.

Blanche Petrich Moreno, reportera desde hace más de 35 años. Forma parte del equipo de periodistas que hacen el diario La Jornada desde su fundación.
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