Paul Antoine Matos
Foto: Óscar Rodríguez
La Jornada Maya

Mérida, Yucatán
Jueves 1º de septiembre, 2016

“Sedado y sentado en una silla, con el cuchillo que tenía, procedí a clavárselo en su pecho izquierdo, a la altura de su corazón. Después, en varias partes de su cuerpo”, así describe Pablo Santos García Gutiérrez el asesinato del siquiatra Felipe de Jesús Triay Peniche. García Gutiérrez indica que la escena fue presenciada por Enrique Lara Martínez, a quien acusa de ser el autor intelectual y haberle pagado 60 mil pesos por cometer el asesinato.

Pablo Santos García declaró lo anterior al Ministerio Público el 24 de agosto del 2014, nueve días después del homicidio. La agencia especial uno recabó lo dicho por el también siquiatra en el acta número E1/000301/2014, de la cual tiene copia La Jornada Maya.
El pasado sábado, el Tribunal Segundo de Juicio Oral otorgó un fallo dividido. García Gutiérrez fue encontrado culpable como autor material del crimen. En cuanto a Enrique Lara, se indicó su liberación bajo “duda razonable”, porque no se encontró la convicción judicial de su participación en el delito.

[b]Hospital siquiátrico[/b]

García Gutiérrez relata en el acta del Ministerio Público su relación con ambos siquiatras. En 2008 llegó a Yucatán, procedente de la Ciudad de México, para estudiar la especialidad de siquiatría en la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), en la cual su maestro fue Felipe Triay Peniche. También fue su sinodal en el examen de grado.

Al momento de la declaración, el acusado tenía 33 años, residía en Ciudad Caucel, y se encontraba casado y con una hija menor de edad. Manifestó que ingería alcohol ocasionalmente, fumaba, pero no se drogaba, ni era afecto a los juegos de azar.

Recordó que Triay Peniche tuvo incidentes en el Hospital Siquiátrico de Mérida, junto a un doctor Valladares, por la desaparición de medicamentos de uso controlado. Sólo el segundo médico fue inhabilitado.

A Enrique Lara lo conoció cuando éste fungía como subdirector de siquiatría en el Hospital de Alta Especialidad. El liberado y el asesinado tenían una relación laboral porque atendían a familiares y empleados de Pemex, con medicamentos procedentes del Hospital Ssiquiátrico, indicó.

Con protocolos de investigación en el Hospital Siquiátrico, los doctores recibían mucho dinero, pero a Triay Peniche le tocaba la mayor parte, aseguró.

Al ser nombrado secretario general del Sindicato de Trabajadores del Hospital de Alta Especialidad, Enrique Lara entabló amistad con García Gutiérrez. Acostumbraban ir a centros nocturnos y tener relaciones sexuales en el departamento del segundo.

En los centros nocturnos, Lara González “le manifestó al entrevistado en varias ocasiones que le estorbaba el doctor Felipe de Jesús en varios de sus negocios y aspiraciones y que no buscaba cómo quitárselo de encima y hasta me dijo que ya había pensado en matarlo”, se establece en el acta.

“Hace como un mes –señaló el 24 de agosto de 2014- en una de nuestras parrandas, el doctor Lara González me propuso matar al doctor Felipe de Jesús y, que a cambio, me daría la cantidad de 150 mil pesos y que además formaría parte de sus negocios. Del dinero, primero me daría la suma de 60 mil pesos y luego me daría el resto, una vez terminado el trabajo”.

“Lo pensé y, como la situación económica está dura y me gusta el dinero, acepté y dije que sí. Acordamos que al doctor lo mataríamos en mi departamento, que el encargado de hacerlo sería el doctor Enrique Lara González, por la gran amistad que había entre ellos”. Días antes del crimen, se le entregaron los 60 mil pesos como anticipo, en billetes de diversas denominación.

Pablo Santos relató que el siquiatra le indicó que el día probable del asesinato sería el viernes 15 de agosto, después de un evento en el Hotel Hyatt. Él se encontraba en la clínica T-1 del IMSS a las 18 horas, cuando Lara González le habló para que fuera al hotel a cambiar de vehículo.

De un Volkswagen Jetta blanco con placas del Estado de México, pasó a una camioneta Nissan Rouge negra; tras ello retornó a la T1 para checar salida y a las 20:30 horas se dirigió a su departamento, aunque se quedó a unas cuadras, a la espera del aviso de su colega.

Reconoció que Lara González tenía acceso a su departamento, en la calle 25 número 202F de la colonia García Ginerés con 22, porque le entregó un juego de llaves de cuando compartían “nuestras aventuras sexuales”.

Lara González sedó con un medicamento llamado haloperidol, un antipsicótico, a Triay Peniche, narró.

“Sedado y sentado en una silla y con el cuchillo que tenía procedí a clavárselo en su pecho izquierdo, a la altura de su corazón. Después, en varias partes de su cuerpo”. Ahí concluye la declaración de Pablo Santos García Gutiérrez, autor material del crimen, porque no quería continuar hablando al respecto.


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