Entrevista con Álvaro Carcaño y Maribel Vargas

La televisión no da cultura a la gente para que no piensen y se olviden de los problemas: Maribel Vargas

Entrevista con Álvaro Carcaño y Maribel Vargas
(Segunda parte)

En Mérida el Parque de Las Américas es un espacio maravilloso, ahí se podría llevar música clásica, cuartetos, pequeños grupos de cámara o corales.

Si no se hace un teatro realmente de buena calidad, la gente se habitúa a lo malo y entonces piensan que el buen teatro es aburrido.

Más que decirle algo a la gente, mi mensaje sería para los encargados de la cultura

Hablar de cultura es muy fácil, pero hacerla es diferente.

No siento aire, no siento voces, no siento nada. Ahora ni siquiera hay medios de comunicación para estar bien informados. De lo que nos enteramos es solo a través de la prensa extranjera.

Gloria Serrano
Foto: Fabrizio León

5 de mayo, 2015

Mérida, Yucatán. Mediados de abril. Es una calurosa mañana de primavera la que nos reunimos con el actor Álvaro Carcaño, a quien la gente recuerda mayormente por sus apariciones en el programa infantil »Odisea Burbujas« (1979-1984), y su compañera de andanzas y cómplice perfecta, la directora de cine Maribel Vargas. La semana pasada publicamos la primera parte de una amplia e interesante conversación, en la que ambos artistas hablan de su larga trayectoria en escena y dan algunas pinceladas del paisaje cultural en esta ciudad. Sin rodeos, ahora profundizan en esos y otros temas de interés nacional:

A partir de su aprendizaje ¿cuál es la propuesta que presentan al público en cada obra?

A: Nuestra propuesta es la de un teatro que produce una reacción en el espectador, que le deja algo para su experiencia. Un teatro en el que la gente ve reflejada su problemática y en el que encuentra algo útil para su vida personal. Esto es lo que buscan los grandes autores, siempre te dejan algo.

M: Pienso que el público se debe acostumbrar a ver todo tipo de teatro: clásico, dramático, costumbrista, comedia. El teatro es el reflejo de la cultura del país y sus regiones. Algo en lo que he insistido mucho, es que no se lleve el teatro a las escuelas, sino que las escuelas lleven a los niños al teatro para que conozcan el espacio. Generalmente cuando se representan obras en los centros educativos, las producciones tienen que ajustarse a las condiciones del lugar. No es lo mismo ver un concierto por televisión que ir a una sala donde la acústica es otra, donde se pueden sentir los instrumentos. En el teatro ocurre lo mismo.

A: Si no se hace un teatro realmente de buena calidad, la gente se habitúa a lo malo y entonces piensan que el buen teatro es aburrido. Es lo que sucede con la televisión, la gente está acostumbrada a ver solo reality shows que son poco menos que deleznables, que exhiben las miserias de la gente pero que por su alto rating no los quitan. Y claro que hay teatro comercial de calidad; de hecho, el teatro tiene que ser comercial para que pueda sobrevivir, pero a la gente se le debe de educar para que cuando vea algo que no es bueno, lo rechace.

M: Ahora nos hemos dedicado a los monólogos escritos por Álvaro, que es un actor de carácter y que maneja todos los géneros, es un mimo, con todo lo que implica la pantomima, pero lamentablemente no hemos podido montar algún espectáculo de pantomima para que se conozca este arte. En el caso de los monólogos, el 90 por ciento de público asistente no es experto en teatro, pero como Álvaro maneja muy bien la parodia, la expresión corporal y sabe cómo contar una historia, la gente se divierte y disfruta mucho la función, así el teatro cumple su misión.

A: Yo creo que esto es lo más valioso, que la gente se inquiete, que investigue y aprenda por sí misma. Yo creo que con humor -ojo humor, no chiste- se puede enseñar todo. Con la rigidez del maestro dogmático, la gente le da la vuelta a la cultura. Yo hablo de todo pero con humor.


Hablemos un poco más del valor social de la cultura:

M: Más que decirle algo a la gente, mi mensaje sería para los encargados de la cultura. Por ejemplo, en Mérida está el Parque de Las Américas, que es un espacio maravilloso, ahí se podría llevar música clásica, cuartetos, pequeños grupos de cámara o corales porque la gente no está acostumbrada a escuchar este tipo de música y espacios como estos se podrían aprovechar muy bien para realizar espectáculos culturales. Finalmente tu casa es un reflejo de tu persona y Mérida es el reflejo de quienes manejan esta casa. Yo les preguntaría cómo quieren ver su casa y cómo quieren que sean las personas que viven en esta casa.

A: También se deben exaltar los valores locales, cosa que no se hace. El punto básico es educar a la gente para que desarrolle el aprecio por la cultura. Hablar de cultura es muy fácil, pero hacerla es diferente. Hablar… ¡de lengua me como un taco!, supervisar que las distintas actividades sean de calidad, eso es otra cosa.

¿Qué papel juegan los medios de comunicación en la difusión de la cultura?

A: Sé que mi opinión es muy subjetiva y personal, pero pienso que en los medios no existe un lugar para la cultura, por lo menos no para la cultura cinematográfica o teatral. Basta con abrir cualquier periódico y ver qué tiene su sección cultural. Y en la televisión ni se diga. Tampoco hay crítica cultural y mucho menos autocrítica del trabajo que realizan. La autocrítica es esencial, yo pienso que esa es justo la pata que le hace falta a la mesa.

M: Esto sí es una problemática muy seria en todo el país, a los medios no les interesa realmente la cultura. Una de las premisas de la televisión es no darle cultura a la gente, que no piensen, que no entiendan, que se olviden de los problemas reales. Hay que darles basura, esa es la idea de la televisión. Y la de los periódicos es desinformar y en el cine, solo exhibir películas norteamericanas, sin mayor contenido.

Ampliemos la reflexión a todos los ámbitos, ¿cómo ven la situación del país en la actualidad?

M: Lo veo en caída total. Yo llegué a México hace 47 años. Nací en Guatemala pero me eduqué en Ecuador, me crie en Sudamérica y cuando llegué a México, este país era como el hermano mayor de América Latina, era un país visto, por quienes llegábamos de fuera, como una verdadera maravilla. Era un país muy querido, respetado. El México que ahora veo ni siquiera es el hermano menor, porque ya no nos tienen ese aprecio y cariño. Esto tiene mucho que ver, y vuelvo a lo que ya comentamos, a cómo quieres que sea tu casa. Es como cuando dos personas se conocen desde la infancia y al llegar a la edad adulta tienen desencuentros porque uno creció intelectual, cultural o profesionalmente y el otro se quedó abajo. Eso es México, yo veo que el país va cayendo y para mí es dramático. Estamos en una situación que no sé a dónde nos va a llevar y cómo vamos a salir de ella.

A: Yo pienso que ni el gobierno sabe qué hacer con este país. A partir de la firma del Tratado de Libre Comercio nos hemos venido en picada, la economía se ha destrozado y en consecuencia todo lo demás. Hemos llegado a que México sea visto como un país corrupto, iletrado, que es el patio trasero de los gringos y de los canadienses.

M: La diferencia que yo veo entre México y otros países de América Latina es que, a pesar de que han sido muy golpeados por distintas guerras, son países contestatarios. La población indígena en Bolivia tiene un peso fuertísimo, igual que en Ecuador. México está tan cerca de Estados Unidos que es un país adormecido; suben la gasolina y todo el mundo corre a llenar el tanque del coche, no hay una respuesta de resistencia. Es impresionante, en otros países la población obliga a los corruptos a salir del gobierno y aquí no pasa nada. Para mí, México es un país kafkiano, me quedo atónita ante la falta de respuesta, como si tuviéramos el cerebro dormido, no hay una reacción de indignación.

A: Quienes nos gobiernan se creen emperadores y piensan que nosotros somos los súbditos, que tenemos la obligación de mantenerlos. Y regresamos al tema de la cultura, Brasil, Ecuador, Argentina, Chile… han invertido en cultura, nosotros no. México es el país que menos asiste al teatro en comparación con Centro y Sudamérica, prácticamente estamos hablando de todo un continente.

M: Es muy triste porque en México la riqueza de creadores, escritores y autores, es enorme. Es un país rico en cultura, la gente es ingeniosa. Con lo que está pasando siento como si nos encontráramos en esa relativa calma del ojo del huracán. No siento aire, no siento voces, no siento nada. Ahora ni siquiera hay medios de comunicación para estar bien informados. De lo que nos enteramos es solo a través de la prensa extranjera.

A: Todos los medios se autocensuran para quedar bien con el gobierno. Nadie abre la boca ni dicen qué es lo que pasa realmente. Es como si este fuera un país totalitario, al que no se puede criticar porque te matan. Y bueno, para qué vamos tan lejos, ahí está Carmen Aristegui que en cuanto abrió la boca, le quitaron el programa.

M: Nosotros hicimos teatro campesino con el método de Augusto Boal y nos sacaron, nos acusaron de llevar ideas comunistas y nos quitaron todo.

A: Pero no tenía nada que ver con eso, se trataba sencillamente de abordar la problemática del lugar en una obra de teatro. Ahora estamos en una especie de limbo en el que no sabes qué hacer, como si estuvieras afuera del mundo, flotando. Pero las cosas no llegan gratis, estamos así porque así es como esta camarilla ha manejado el país. Y cuando digo camarilla me refiero a todos, partidos políticos, gobernantes, todos.

M: Yo sinceramente estoy bloqueada porque mi lógica no acaba de entender que a México, un país al que adoro, le esté sucediendo esto. En lugar de salir adelante cada vez está siendo más destrozado. Con la salida de Carmen Aristegui, ya tampoco tenemos las voces de Denise Dresser, Lorenzo Meyer y Sergio Aguayo, los cortaron de tajo. Lo que sí veo como una esperanza, es el trabajo de los jóvenes. Ustedes tienen todavía mucho camino por recorrer, nosotros ya vamos de salida. Debe haber algo que detone esa capacidad de reacción, de respuesta de los mexicanos. Me pregunto cuál va a ser la reacción de los jóvenes para evitar que se concrete este plan tan malévolo, ojalá logren evitarlo…

Maribel, Álvaro, gracias por esta conversación.

Congruentes con lo que dicen, piensan y hacen; incómodos para quienes ostentan el poder, generosos en compartir su experiencia, agitadores de conciencias, así son Álvaro y Maribel y así es también la naturaleza de los artistas y creadores, los célebres y los desconocidos, cuyo trabajo ha sido el oportuno compañero de las grandes revoluciones culturales. Son Marcel Marceau, Bertolt Brecht, Diego Rivera, Henri Cartier-Bresson, Akira Kurosawa, Eduardo Galeano, o León Felipe y su poema «Revolución»:

Siempre habrá nieve altanera
que vista el monte de armiño
y agua humilde que trabaje
en la presa del molino.

Y siempre habrá un sol también
—un sol verdugo y amigo—
que trueque en llanto la nieve
y en nube el agua del río.

Bueno es saber que siempre habrá nieve altanera en un teatro, agua humilde en un cine y un sol verdugo y amigo tocando en una orquesta. Lo preferible, lo realmente deseable, sería escucharlos y tratar de aprenderles, solo un poco, del arte de ver lo que a nuestros ojos, es invisible.