Las diferentes visiones de la ciencia

Las diferentes visiones de la ciencia

Daniela Tarhuni
La Jornada Maya

Miércoles 1º de junio, 2016

Durante el mes de abril, cinco connotados investigadores de la botánica, Víctor Werner Steinmann, Eduardo Ruiz Sánchez, Sergio Zamudio Ruiz, Eleazar Carranza González y la técnico académico biólogo Rosa María Murillo Martínez, adscritos al Centro Regional del Bajío del Instituto de Ecología (Inecol), que alberga al herbario más importante de la región y el cuarto más grande de México, con más de 200 mil especies bajo su cuidado, fueron separados de sus cargos.

Esto ha sido motivo de gran preocupación para varios grupos académicos que se dedican a los estudios florísticos en los campos de la Taxonomía, Sistemática y Filogenética, entre otros, tanto de Yucatán (del Centro de Investigación Científica de Yucatán, A.C.), así como del resto del país dedicados a la conservación, el manejo y el aprovechamiento de los recursos naturales renovables.

Respecto de la salida de este grupo de investigadores del Inecol hay, por lo menos, dos versiones: la oficial y la de los afectados. Y como suele suceder en estos casos, ambas visiones son diametralmente opuestas. Los documentos de cada parte se han hecho públicos en la red y pueden consultarse para que cada quien los lea detenidamente y forme su propia opinión.

Mientras que la institución sustenta la separación de cargos debido a una baja productividad de los académicos, alegando una problemática de relaciones interpersonales que “amenazaba con destruir el proyecto entero fundado por el Dr. Rzedowski y ponía en riesgo el futuro del Centro Regional del Bajío del Inecol”; los afectados dieron a conocer en una carta fechada el 6 de mayo dirigida al Director General del Conacyt, Dr. Enrique Cabrero Mendoza, al Dr. Sergio Hernández, Director de Centros de Investigación Conacyt y a los propios empleados del Inecol, que su despido fue producto de una serie de irregularidades y que se realizó bajo coerción.

Las repercusiones no se han hecho esperar. La más significativa es la renuncia del editor responsable de la revista Acta Botánica Mexicana, (una de las pocas revistas mexicanas del área botánica indizadas en el ISI Web of Knowledge) el Dr. Jerzy Rzedowski, Investigador Emérito del Inecol, y uno de los fundadores del Centro Regional del Bajío. Días después, renunció todo el comité editorial, conformado por destacados investigadores de varias instituciones del país.

Me queda claro que no todos comparten la misma opinión. Un comentario en los foros en redes sociales, ante la carta del Dr. Víctor Werner Steinmann cuestiona: “¿Podrían por favor compartir las líneas de investigación que estaban trabajando y de qué forma estas líneas de investigación contribuyen a la productividad y crecimiento económico sustentable del país? La ciencia y tecnología deben estar en pos del avance del país, su crecimiento y estabilidad económica; no en pos de llenar bibliotecas o estantes de universidades.”

Este comentario deja ver una concepción sobre la ciencia que mucha gente comparte: el conocimiento científico básico se traduce en bibliotecas llenas de artículos que nadie consulta. Visto así, el conocimiento que se genera, debería responder únicamente a la productividad y el crecimiento económico. Si alguien no le ve una utilidad práctica, inmediata, y que se pueda medir en términos económicos, pareciera justificable la desaparición de ese campo.

Nada más lejanas de la realidad que esas visiones reduccionistas de la ciencia. El conocimiento básico que se genera en nuestro país y, en particular, aquel que se relaciona con los recursos naturales, es sumamente importante; si no, cómo podríamos conservar, aprovechar y manejar sosteniblemente nuestros recursos.

Yucatán tiene una destacada trayectoria científica en sistemática, florística y biogeografía. Para muestra, el Herbario CICY, es considerado como la colección más completa y mejor curada de la flora del sureste de México.

El propio doctor Rzedowski determinó en 1978 una unidad biogeográfica llamada Provincia Biótica Península de Yucatán, que además de los estados mexicanos de Campeche, Quintana Roo y Yucatán, comprende los departamentos del norte de Belice (Belice, Corozal y Orange Walk) y el Departamento del Petén de Guatemala. Esta área natural dadas sus condiciones de clima, precipitación y suelo, entre otros, conforman una estructura particular de cobertura vegetal y florística. Gracias al trabajo realizado en este campo, se ha logrado identificar especies nuevas o determinar poblaciones de ciertas plantas, muchas de ellas, en riesgo o en peligro de extinción.

Si bien la “utilidad” inmediata de este conocimiento para que nos lleve “al crecimiento económico sustentable de nuestro país” resulte difícil de apreciar, la ciencia no da soluciones mágicas e inmediatas; el conocimiento básico que se genera puede ser aprovechado por otras instituciones, particulares o empresas interesadas y de ahí promover el crecimiento económico.

En particular, la decisión tomada por el Inecol resulta preocupante pues sienta un precedente de vulnerabilidad en la investigación de la flora mexicana, lo que nos puede conducir a perder el conocimiento sobre nuestros recursos naturales. Más allá, pareciera que cualquier línea de investigación que no sea económicamente rentable, corre el riesgo de desaparecer. El caso antes descrito pasó en Michoacán, pero no hay nada que indique que Yucatán no pueda ser suceptible de sufrir lo mismo.

Ante ello, hay que estar alerta y solicitar una revisión exhaustiva de este y otros casos donde no quedan claras las razones de separar de sus cargos a un grupo de investigadores.

@Nyxsys
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Mérida, Yucatán