Nunca es tarde

Para reindustrializar Yucatán, debe trabajarse en condiciones de globalización

Paul Antoine Matos
Foto: Raúl Angulo Hernández
La Jornada Maya

Mérida, Yucatán
Viernes 2 de septiembre, 2016

Una tesis es un esfuerzo de investigación para responder a una pregunta o hipótesis. Esto hizo Dulce María Sauri Riancho, buscando contestar si la relación entre las élites de los estados y el poder central, haya sido la Corona española o la Ciudad de México, durante 500 años, provocó la desigualdad de oportunidades para los habitantes de Yucatán y Nuevo León, dos entidades muy lejanas al centralismo.

La ex gobernadora de Yucatán presenta hoy, a las 13 horas, en el parque Científico y Tecnológico, su tesis doctoral Élites y desigualdad regional. Los casos de Yucatán y Nuevo León, ante los sinodales Alberto Aziz Nassif, Luis Ramírez Carrillo y Carlos Antonio Flores Pérez, resultado del programa de posgrado en historia del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS).

Yucatán, considera en su tesis, habría sido capaz de impulsar el desarrollo de países de primer mundo, como Estados Unidos, debido al fenómeno social que provocó la fibra del henequén.

El henequén además fue fundamental para el gobierno de Estados Unidos durante las dos Guerras Mundiales, tanto que era considerado un producto estratégico básico.

A través del método comparativo, Sauri Riancho observa las afinidades y diferencias entre Yucatán y Nuevo León, desde la llegada de los españoles hasta el fin del modelo estabilizador, en 1971.

Una de las principales diferencias que encontró entre ambas entidades es que mientras Yucatán tuvo un desarrollo que se disparó por momentos de la historia y luego tuvo bajas en diversas etapas, Nuevo León fue un estado que se construyó poco a poco.

“Como regiones históricas, Yucatán y Nuevo León se han caracterizado por su pertenencia e identidad”, expresó en entrevista con La Jornada Maya en su casa. Por ello, desde el exterior de dichas provincias se les asumió como lugares muy regionalistas en sus formas de ser”, indicó.

“Ambos estaban en la periferia de la Corona; sin riqueza en la tierra y su única posibilidad de sobresalir era la fuerza de trabajo. En el caso de Yucatán, en aquel entonces como península, los mayas eran quienes laboraban la tierra, mientras que en Nuevo León los chichimecas eran mercancía”, expresó. La primera cultura originaria mencionada aún está presente hasta hoy, pero la segunda fue exterminada, reconoció.

Otra diferencia es que en Nuevo León, el prestigio se adquiría a través de la supervivencia, mientras que para Yucatán se cabildeaba para recibir apoyos y recursos económicos, porque las élites peninsulares ponían como argumento que se “sacrificaban por la Corona” al estar en una tierra sin riqueza.

Independencia

Tras la independencia de México, surgió un nuevo panorama para Nuevo León y Yucatán. Durante la primera mitad del siglo XIX, la entidad peninsular tuvo un auge a través de la aparición del henequén que, hasta 1830 era un producto de traspatio, “como si fuera la naranja de china”, comparó.

Durante esa etapa, apuntó, Nuevo León se dedicaba al comercio, incluso al tráfico ilegal de productos de algodón procedente de los confederados estadunidenses hacia Europa. La entidad norteña sufrió diversos cambios en sus límites, en los que negoció para contar con frontera con Estados Unidos, a través del río Bravo, pero siempre con la intención de aprovechar su territorio, declaró.

Yucatán, en contraparte, sufrió la pérdida de dos zonas con gran riqueza, en especial en madera, señaló. “En 1847, la entidad vivió un duro despertar. La Guerra de Castas”. Esa lucha provocó la pérdida de la mitad de la población peninsular, que sólo se recuperó hasta 1945, un siglo después, agregó.

Por el conflicto peninsular se perdieron los territorios de Campeche y Quintana Roo. En 1902, tras años de negativas de Francisco Cantón de la separación del territorio de Quintana Roo, Olegario Molina, como gobernador, logró el objetivo, por lo que el oriente de la península se dividió en 12 espacios repartidos entre personajes del grupo porfirista de “Los científicos”, comentó.

Esa zona era de gran riqueza forestal, mientras que el centro de Yucatán contaba con poca capacidad agrícola, señaló.

Mientras Yucatán sufría conflictos sociales y políticos, se elegía un nuevo gobernador cada cuatro años, en Nuevo León no había recambio en el poder, recordó.

Fin del Porfiriato, Revolución y Guerras Mundiales

Durante el siglo XX, los hacendados yucatecos crearon la Comisión Reguladora del Henequén, en 1912, para restar poder a Olegario Molina. En aquel momento la entidad producía el 90 por ciento del henequén del mundo, del cual una gran parte era enviada hacia Estados Unidos para ser parte de la Primera Guerra Mundial, expresó Sauri Riancho.

En Nuevo León, durante la Revolución Mexicana, Francisco Villa llegó a la entidad y se ocupó la Cervecería, pero ninguna de las dos entidades fueron gravemente afectadas por el conflicto social más importante del país, reconoció.

Durante las dos Guerras Mundiales, Yucatán fue fundamental para los productos que Estados Unidos y otros países utilizaban, pero aparecieron las fibras sintéticas que provocaron la desaceleración del henequén y, con ello, su desuso, indicó. En cambio, Nuevo León, aceleró su crecimiento económico, tras siglos de hacerlos lentamente, en la década de 1940 y 1950, a raíz del modelo de Desarrollo Estabilizador, que convirtió a la entidad norteña en un punto atractivo, aseguró.

Conclusiones

Tras cuatro años de preparar su tesis doctoral, Dulce María Sauri analiza el panorama de Yucatán con el cuidado de una investigación profunda. La reindustrialización que se intenta en el estado, considera, sólo será posible si la élite económica no es ajena al intercambio de productos y servicios, a través del comercio internacional.

“Es necesario trabajar en las condiciones que ofrece la globalización. Durante siglos, estuvimos aislados del centro del país, pero el ser una península permite una apertura hacia el mundo”, resaltó.

Lo que demuestra la historia es que la élite económica yucateca, cuando se arriesga a innovar, es capaz de provocar el desarrollo de la entidad. “En la industrialización del siglo XXI, el yucateco tiene que apostar fuertemente al turismo, a la ciencia y a la tecnología”, concluyó la ex gobernadora.