Viaje al centro del cometa

El sueño de Rosetta y Philae

Daniela Tarhuni
Foto tomada de la serie Había una vez…
La Jornada Maya

Jueves 13 de octubre, 2016

Hace una semana concluyó una de las misiones más sorprendentes de exploración espacial que se hayan emprendido en la historia. Los orígenes se remontan, por lo menos, al lanzamiento de sondas espaciales creadas con el fin de estudiar planetas, satélites, asteroides o cometas.

La misión de la sonda espacial Rosetta es explorar minuciosamente el cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko. Su nombre rememora una de las grandes civilizaciones de la antigüedad: la egipcia. La sonda y su aterrizador aluden al descubrimiento de la Piedra Rosseta y a un obelisco en la isla Philae, que resultaron claves para descifrar el complejo sistema jeroglífico. Siglos después, la información que han recopilado estos dos robots resulta fundamental para entender cómo se originó el sistema solar, hace 4 mil 500 millones de años.

La misión llevó mucho más tiempo que la exploración del cometa. Si bien fue propuesta por primera vez en la década de los setenta, la ESA la aprobó hasta 1993. El lanzamiento se realizó en 2004 y de ahí pasaron diez años en los que Rosetta y Philae viajaron 6 mil 400 millones de kilómetros a través del Sistema Solar, antes de entrar en la órbita del cometa en agosto de 2014.

Y como toda misión, no estuvo exenta de problemas. El módulo Philae falló en su maniobra de aterrizaje en noviembre de 2014 y tras tres intentos, se situó más lejos de lo proyectado, lo que provocó que no pudiera recargar sus baterías y entrase en un estado de hibernación, debido al agotamiento de baterías. Siete meses después, el módulo emitió una corta señal con la sonda Rosetta y recuperó su actividad; desde entonces, proporcionó una gran cantidad de datos.

La misión terminó con el impacto de Rosetta en el cometa. En este momento están a una distancia tan lejana del sol, que no se tiene la potencia necesaria para operar los instrumentos. Los científicos decidieron bajar la sonda a la superficie y tomar numerosas mediciones, incluyendo imágenes de altísima resolución, datos que sólo pueden recopilarse de esta forma.

Durante estos dos años, la sonda Rosetta ha descubierto que hay oxígeno abundante en el cometa y detectó 16 compuestos orgánicos, considerados precursores de la vida en su superficie. El análisis del agua reveló diferencias con la disponible en la Tierra y el hielo del cometa tiene, por lo menos, la misma edad que el sistema solar. Y todavía queda mucha información por analizar.

El éxito no solo se ha dado en términos científicos, sino de comunicación; toda vez que han acercado a la gente a la comprensión de esta misión científica con diversas aplicaciones y contenidos, como la serie Había una vez..., cuyos personajes principales son la sonda Rosetta y el aterrizador Philae.

Los cartones son una maravilla, son entrañables. Uno genera empatía con estos robots, pues se humanizan y los vemos como dos amigos inseparables, exploradores de esta odisea espacial que nos hace soñar con el cosmos, pues ellos han traspasado las fronteras que los humanos aún no podemos cruzar.

En ciencia, no se trata de las respuestas, sino de generar las preguntas que nos permitan avanzar en el entendimiento de la naturaleza. El líder del proyecto, Matt Taylor, comentó respecto al fin de la misión: "Inevitablemente, ahora tenemos nuevos misterios por resolver. El cometa no ha develado todos sus secretos y estamos seguros de que hay mucha información escondida en este increíble archivo de datos que tenemos. Así que no vayan a ninguna parte. Apenas estamos comenzando".

¡Gracias Rosetta y Philae! Misión cumplida.

Mérida, Yucatán

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