Nuevos proyectos y malas noticias

De turismo, transgénicos y biocombustibles

Carlos Meade
Foto: Cristina Rodríguez
La Jornada Maya

Jueves 20 de octubre, 2016

Los anuncios de nuevos proyectos de desarrollo a nivel peninsular son preocupantes. Se trata de iniciativas que auguran buenos negocios para algunos y pérdida de bienestar, ingresos y salud para muchos.

Las plantaciones de palma aceitera, el permiso para la siembra de soya transgénica y una estrategia de turismo cultural para detonar el Mundo Maya son propuestas descabelladas que no se orientan por la sostenibilidad, sino por el beneficio de intereses particulares.

Devastar miles de hectáreas de selva para cultivar una palma que produce aceite que luego se convierte en biocombustible es una alternativa que se quiere pasar por muy amigable al ambiente, cuando en realidad es muy agresiva por la devastación que su cultivo supone, por los insumos químicos que requiere y por la afectación a la biodiversidad, además de que en esa misma tierra se podrían cultivar alimentos y no combustible para seguir contaminando la atmósfera.

El permiso para la siembra de soya transgénica ha sido liberado y, para que se concrete ese crimen, sólo se espera el dictamen de un juez de la Suprema Corte, que debe decidir sobre un juicio de amparo interpuesto por las organizaciones de agricultores y apicultores de la península.

La siembra de semillas genéticamente modificadas incrementa el poder de control que unas cuantas empresas trasnacionales tienen sobre la producción mundial de alimentos. Además, la utilización de agroquímicos dañinos a la salud, contaminará nuestro acuífero. Y la afectación más directa e inmediata será que los apicultores perderán el mercado europeo ya que la contaminación transgénica de las plantas melíferas será inevitable y como en Europa occidental los productos transgénicos están prohibidos, Alemania, que es el mercado principal de nuestra miel, dejará de comprarla.

La idea de regresar a la propuesta turística de Mundo Maya (donde los mayas vivos son sólo trabajadores de cuarta) parece un despropósito. Desde que se lanzó esta iniciativa, hace más de 25 años, las organizaciones mayas dijeron: ¿Mundo Maya sin nosotros, sin ser consultados, sin ser considerados? No, gracias.

La declaración de la nueva titular de turismo en Quintana Roo, Marisol Venegas Pérez, es notable por su incongruencia. Cito:

“Ya tenemos reuniones pactadas con los tres estados, porque tenemos que hacer una sola estrategia peninsular; tenemos que unir la cultura de Yucatán con la teología (sic) y cultura también de Campeche y la nuestra, y nuestra riqueza natural y todo lo que la península tiene para tener (sic): un buen producto en el mercado”.

Más allá de las referencias teológicas que la península “tiene para tener”, el relanzamiento de Mundo Maya vuelve a invisibilizar precisamente a los mayas. Y es que, más allá del desprecio y la marginación que suponen los acuerdos cupulares, parece que no se ha comprendido el verdadero potencial en turismo cultural que las comunidades, organizadas y auto-gestionadas, podrían desarrollar, abriendo a nivel peninsular el mercado del turismo cultural, rural y comunitario, nichos de mercado que crecen en el mundo y que se distinguen por un turismo inteligente y responsable, muy diferente del turismo de sol y playa, que el gobierno ha fomentado desde los orígenes de Cancún y que ahora nos arroja masas de visitantes de bajos ingresos, que contratan paquetes todo incluido y cuya derrama local es marginal, con el alto costo de una huella ecológica profunda.

Ya sería hora de que los mayas se beneficien de manera directa (y no sólo con empleos precarios que los expulsan de sus pueblos) al recibir turismo en sus comunidades, un turismo respetuoso e interesado en su cultura.

Tulum, Quintana Roo

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