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La reaparición del sarampión en México ha encontrado condiciones favorables para la propagación de una enfermedad que ya se creía desaparecida. Sin embargo, debe considerarse que el brote actual es uno de los muchos que hay en todo el mundo justo en este momento. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) reporta que este padecimiento ha resurgido en más de 100 países en los últimos cinco años.

Ahora bien, como enfermedad vírica, el sarampión se encuentra entre las más contagiosas y su propagación mundial obedece a la caída en las coberturas de inmunización. Es relevante que un organismo como Unicef considere la proliferación del virus en el último lustro, ya que coincide con la pandemia de Covid-19, que obligó a muchos gobiernos a destinar una gran partida de su presupuesto en salud a la adquisición de vacunas contra este último mal.

El caso mexicano, sin embargo, debe analizarse considerando un plazo mayor. El último caso autóctono desde la introducción de la vacuna al país se había dado en 1990. Sin embargo, poco más de 20 años después, a partir de 2012, la presencia de anticuerpos en la población nacional comenzó a caer, pasando de 99.4 a 82.4 por ciento en la década siguiente. Es decir, en plena pandemia de Covid-19, los mexicanos ya habíamos perdido casi una quinta parte de la protección contra el sarampión.


De acuerdo con los institutos Nacional de Salud Pública (INSP) y de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos (InDRE), el porcentaje fue mayor para el grupo de edad de 20 a 49 años, que cuenta con 71 por ciento de anticuerpos. Esto es un gran riesgo para el grueso de la población económicamente activa (PEA). Esto, solamente por el riesgo de contagio. Agreguemos que la inmunidad es todavía menor en menores de un año y que la enfermedad, según datos de Unicef, mata a cerca de 300 personas al día.

Pueden enunciarse muchas hipótesis acerca de los motivos para la caída de la presencia de anticuerpos contra el sarampión en la población mexicana, pero todas podrían reducirse a una sola: desigualdad, manifiesta en la falta de acceso a las vacunas. Estamos hablando de falta de biológicos en clínicas de primer nivel, abandono del esquema de campañas nacionales de inmunización que llegaba a las poblaciones más alejadas -y vulnerables -aunado a la circulación de propaganda negativa contra las vacunas.

Por supuesto, la pandemia contribuyó en la medida en que dejaron de fabricarse y/o adquirirse inmunógenos contra el sarampión. A fin de cuentas, el presupuesto siempre ha sido limitado y enfrentar el Covid fue un reto mundial; pero pareciera entonces que ahora el reto será responder al retorno de un virus que en muchos países ya se consideraba desaparecido; lo que demuestra que la inmunidad del rebaño sólo puede darse cuando un gran porcentaje de la población se encuentra vacunado.

Ya la Secretaría de Salud ha anunciado que cuenta con varios millones de dosis para aplicar en este año. Ahora es vital que la protección del inmunizante llegue a toda la población, como se hizo entre 1970 y 1990, y que a las campañas de vacunación sigan las de educación con respecto a las vacunas, porque nadie debe sufrir complicaciones o morir a causa de una enfermedad que es completamente prevenible.

Lea, de la misma columna: Campeche: el retorno del fuero

Edición: Fernando Sierra


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