Escuelas del Periférico, entre carencias y violencia

Norponiente, zona con problemas sociales diversos

Sandra Gayou Soto
Foto: Rodrigo Díaz Guzmán
La Jornada Maya

Mérida, Yucatán
Lunes 3 de abril, 2017

Hay un punto ciego en la capital yucateca. No es el norte, ni está en el sur; es el norponiente de la ciudad, un conjunto de colonias ubicadas a las orillas del Periférico, donde conviven familias de distintos niveles socioeconómicos y procedencias.

La diversidad salta a la vista a la hora de entrada a las escuelas: madres que trabajan, amas de casa, abuelos, uno que otro papá, vecinos, hermanos, primos o amigos; la constante es la juventud de las madres en preescolar, que rondan los 20 y 25 años, con hijos de 8, 6 y 4, por mencionar un ejemplo. Algunas de ellas apenas terminaron la secundaria, muchas son madres solteras. En ocasiones, son las abuelas las que asisten a las juntas, sin embargo, algunas no pueden firmar las listas de asistencia o copiar las tareas, pues no saben leer o escribir.

La comunidad confluye en los centros escolares; el kinder Francisco González Bocanegra y la primaria Juan Pablo Sabido Sosa. Las familias son diversas, resalta la ausencia de padres, alta presencia de abuelas y madres con hijos en preescolar que apenas superan los 20 años.

La realidad escolar que se vive en las colonias Amapolita, Lindavista (con todas sus secciones) y Mérida, es muy diferente a la que se ve en los informes por Internet y redes sociales.

La comunidad escolar

Docentes y supervisores intentan hacer cumplir a cabalidad con las indicaciones de la Reforma Educativa, sin embargo, esto exige una amplia participación de los padres de familia y esto por lo regular no sucede; conformar una mesa directiva de madres y/o padres con disposición y tiempo para trabajar por y para las escuelas es una labor titánica.

En estas colonias, la composición del vecindario es diversa. Hay familias meridanas de origen, yucatecos emigrados de otras poblaciones del interior del estado y desde luego fuereños, no sólo provenientes de la Ciudad de México; hay quienes llegaron de otros países, como Honduras y Guatemala. Esto en ocasiones es un factor que complica la convivencia escolar, por las distintas formas de pensar y el “acá es otra cosa”.

Uno de los retos más grandes para los educadores es la convivencia, participación y asistencia de los padres de familia a las actividades escolares. Las maestras no pueden ocultar su molestia al ver que de un grupo de 20 niños asisten cinco o seis padres, a los cuales en ocasiones únicamente ven el primero y el último día de clases.

Los programas de la Segey

Los directores tienen que buscar la manera de mantener sus planteles en las mejores condiciones, son los encargados de inscribir a las escuelas en programas como Escuelas al 100 o Escuela segura, también cuentan con un número telefónico al que reportan sus necesidades, que eventualmente son atendidas. Cuando los que llaman son los padres de familia, la atención es un poco más rápida.

Reparaciones en tuberías, salones, instalaciones eléctricas, cambio de focos, ventiladores o domos en los patios, son algunas de las demandas de las escuelas. El kinder, apenas el ciclo escolar pasado, logró colocar un techo en el patio después de meses de gestión. La primaria se encuentra a la espera de que su petición sea atendida.

Mientras tanto, el trabajo de las sociedades de padres para recaudar fondos y el cobro de cuotas ayuda a solucionar algunas situaciones. Las cantidades que logran reunir apenas alcanzan para organizar festivales como los de primavera o día del niño. Son pocas las familias que aportan cuotas; en el kinder se canceló el programa de desayunos escolares, pues los padres se negaron a pagar la cuota de recuperación.

En la primaria Juan Pablo Sabido Sosa, los programas de la Segey llegan tarde pero llegan. Los paquetes de mochilas y útiles escolares estuvieron disponibles para los alumnos semanas después del anuncio oficial del programa e iniciado el ciclo escolar. Las madres no los esperaban y surtieron sus listas con anticipo, pues sabían de antemano que lo que les darían no formaría parte de la lista de útiles y así fue.

A cada alumno se le entregaron dos camisas con el logotipo del gobierno del estado y de la Segey, tiempo después, una chamarra. Los zapatos llegaron pero ninguno fue entregado: las tallas no coincidieron con las solicitadas por la escuela.

Los directores tienen que presentar en tiempo y forma documentos que comprueben en qué se utilizó cada peso recaudado, el cumplimiento de todas las normatividades que marca la Segey, además de llenar formatos vía Internet en páginas con serios problemas técnicos; ahí está todo, lista de grupos, boletas y certificados.

La seguridad y el Escudo Escolar

El kinder y la primaria forman parte del programa Escuela segura, y aunque saben de la existencia de Escudo escolar, no han recibido información al respecto.

Existen situaciones de violencia tanto en las colonias como al interior de cada familia. Hace algunos meses, una de las calles paralelas a la primaria estuvo cerrada por un enfrentamiento con arma blanca entre vecinos y hubo un despliegue importante de unidades de la Secretaría de Seguridad Pública. El director decidió suspender las clases ese día.

Los mayores problemas al interior de cada grupo son de violencia, bullying y robo de objetos. Los maestros lo enfrentan de la mejor, manera de acuerdo a manuales y talleres de Escuela segura. Sin embargo, las niñas siguen peleando y burlándose unas de las otras, los niños siguen jugando a golpes y los borradores, tajadores, lápices y colores, siguen desapareciendo.

La situación de esta zona de la ciudad es tan compleja y diversa como lo está siendo el crecimiento de la urbe. Las condiciones de pobreza, desigualdad y desempleo hacen que rebote en la convivencia diaria entre los niños, quienes al final son los más afectados.