Del terremoto del 85 al son cubano, trabajo reporteril

Con 39 años de trayectoria como reportera, Merry MacMasters ha visto muchos cambios en el ejercicio de la profesión

Katia Rejón
Foto: Enrique Osorno
La Jornada Maya

Mérida, Yucatán
Martes 19 de marzo, 2019

Para Merry MacMasters, Premio Nacional de Periodismo Filey 2019, la cultura es la fuente más complicada porque compite con otras áreas como la política o deportiva, que siempre están presentes.

Con su voz joven, pausada y tranquila, sin las prisas que caracterizan un trabajo como el suyo, que en La Jornada, en la Ciudad de México, lleva 25 años, explica las dificultades de su fuente, la cultura, la que enfrenta el reto de ser el tema de todos los días.

En entrevista con La Jornada Maya, comparte cómo inició y parte de sus experiencias en 39 años de carrera como periodista.

¿Cómo llegaste al periodismo?
Mi papá fue periodista en Estados Unidos. Él vio algo en mí -no sé qué- y me impulsó mucho siempre hacia el periodismo. A lo mejor al principio yo tenía otras aspiraciones pero me atraía mucho. A veces, las cosas se van dando. Estudié historia del arte, y siempre cubro artes visuales porque hace falta que los reporteros tengan más conocimiento, más especialidad en las artes.

Además de las artes visuales, ¿tienes algún género o disciplina favorita en tu trabajo?
Estoy muy compenetrada con el medio, cubro de todo. En cierto momento, hace muchos años entré en contacto con la música tropical, antillana o son cubano. Estaba en El Nacional y me dieron una columna en época de vacaciones y fin de año cuando no había información. Empecé a entrevistar a soneros mexicanos, un sector muy activo, a muchos de los músicos de la época de los 40 y 50. Encontré que era un terreno inexplorado, y me fui metiendo. Ésa es otra de mis pasiones, el son cubano. Yo soy sonera.

¿Qué experiencias consideras que han sido trascendentales en tu trayectoria periodística?
El terremoto del 85 fue una experiencia muy fuerte. Por fortuna, en la calle donde vivía no pasó nada, pero la ciudad se paralizó. Se cayeron centros culturales y nosotros teníamos que reportear, entregar notas de cultura. Eso te enseña a que no todo es “ve y cubre tal cosa”, sino que necesitas ingenio y buscar la noticia.

Una de las cosas que se comentaron durante la rueda de prensa del Premio Nacional de Periodismo Filey fue que la cultura tenía un papel relegado en los medios, ¿qué opinas de esto?
Sí, a veces la sección deportiva se lee más que la de cultura, pero creo que es el manejo de la información. Hay que trabajar un poquito más, porque hay notas políticas que las van a leer porque es el tema del día. Se me ocurre que hay que hacer de la información de cultura, el tema del día.

¿Ha cambiado mucho la labor reporteril cultural desde que comenzó hasta ahora?
Ha cambiado todo. Me acuerdo que cuando comencé por lo menos ya existían las grabadoras. Cuando inventaron el fax y mandé por primera vez uno, me parecía maravilloso el ahorro de tiempo, dictábamos las notas por teléfono. Escribí en máquina, computadora y ahora en WhatsApp.
Pero hay que seguir saliendo a la calle, buscar la noticia, hablar con la gente. No hay que perder la comunicación humana porque no hay nada como ir a los eventos, hablar con las personas, eso es lo que más pesa.

¿Qué otras habilidades necesita un reportero cultural para hacer un buen trabajo?
Hay que tener una pasión por la cultura en general. Sería difícil apasionarse por cada disciplina, nos puede gustar más una. A casi nadie le gustan las artes visuales, y menos la danza, siempre dice que no lo entienden. La pasión es lo más importante y tratar de aprender en cada nota que haces. He hecho entrevistas en las cuales la persona a lo mejor estaba cansada o distraída y me da un dato equivocado, pero yo reviso en Internet los nombres, datos, me doy cuenta del error y aprendo en mis notas. Me gusta verificar y enriquecer.

¿Cómo ve el panorama actual de la cultura en México?
Hay muchos cambios en el sector cultural y no es un buen momento para la prensa escrita, pero hay que defender el espacio como se pueda. Hay una generación que todavía quiere leer algo y tenerlo en las manos, hay otra generación que no lee ni en papel ni en digital, pero hay que seguir.

La conversación termina donde empezó, en el premio que obtuvo por su trayectoria. Dice que está muy contenta, honrada, emocionada, “casi no lo puedo creer”.