Canadá, truena en Twitter y la Coparmex lo secunda

El margen de maniobra de México es prácticamente nulo

Eduardo Lliteras Sentíes
Foto: Twitter @AmbPierreAlarie
La Jornada Maya

Miércoles 3 de julio, 2019

El embajador de Canadá en México, Pierre Alarie, echó mano de su cuenta de Twitter para presionar al gobierno mexicano por la intención de solicitar un arbitraje internacional contra las empresas TransCanada e IEnova por el contrato del gasoducto marino sur de Texas-Tuxpan.

Al estilo del presidente Donald Trump, el diplomático canadiense publicó un tuit en su cuenta personal: “Estoy profundamente preocupado por las acciones recientes de la @CFE_mx y por la señal que envían de que, a pesar de las declaraciones de @lopezobrador_, México no desea respetar los contratos de gasoductos”.

En la era trumpiana, la diplomacia del tuit, ha sepultado lo que en otra época hubiera exigido, por lo menos, una llamada al director de la CFE, Manuel Bartlett, y quizá una solicitud de audiencia con el presidente, antes de salir públicamente a patalear como un patán.

Pero la grave erosión que ha provocado Trump de las instituciones internacionales, también ha significado una pérdida de las formas diplomáticas y ahora basta un vulgar tuit para exigir se acaten las exigencias de Washington y Ottawa, tronando los dedos a través del celular.

El tuit del embajador ni siquiera hace referencia a López Obrador como presidente, pero obtuvo el respaldo incondicional del presidente de la Coparmex, Gustavo de Hoyos, en campaña presidencial abierta todos los días en defensa de los intereses de sus agremiados. En lugar de pedir explicaciones a las dos partes, y de exigir que se diriman las diferencias de forma pronta y por la vía de canales diplomáticos, el líder de la Coparmex dijo estar preocupado porque no se respeten los contratos firmados por la anterior administración federal peñista, conocida por su extrema corrupción y abdicación total de cualquier defensa del interés nacional.

Esto, a pesar de que pudieran ser contratos que vayan contra el interés del país y de la Comisión Federal de Electricidad, como de hecho señaló el presidente al afirmar que se trata de contratos leoninos” que la CFE otorgó al sector privado para la construcción y operación de siete gasoductos controlados por el sector privado, que la empresa productiva del Estado paga sin que estén operando.

En efecto. Según se ha explicado, el 13 de junio de 2016, la CFE otorgó un contrato por 2 mil 164 millones de dólares para la construcción y operación de ese gasoducto a la empresa transnacional Infraestructura Marina del Golfo. Dicha empresa ad hoc fue conformada por IEnova –dirigida por Carlos Ruiz Sacristán, exsecretario de Comunicaciones y Transportes– y la empresa canadiense TransCanadá, ahora llamada TC Energía.

Además del interesante y revelador detalle de la participación de un alto ex funcionario federal al servicio de intereses extranjeros, poco se conoce públicamente de los términos del contrato, aunque es de sospecharse, como ocurre con el sector minero canadiense que opera en el país, que sea abusivo cuando no claramente perjudicial para el país.

Por ahí se debería empezar. Pero claro, al gobierno de Otawa, cuyo primer ministro Justin Trudeau viaja al G20, no le interesó buscar los canales adecuados para escuchar al nuevo gobierno, y en su lugar dio luz verde a su embajador para lanzar un ataque en redes sociales sin algún respeto por el nuevo ejecutivo mexicano.

Seguramente Trudeau, al igual que Trump, entiende muy bien que México y su gobierno, son muy vulnerables, tras décadas de “libre comercio” y de la aplicación a raja tabla de las sabias medidas del Consenso de Washington, que nos convirtieron en un apéndice de intereses extranjeros, con más del 80 por ciento de las exportaciones mexicanas enviadas a Estados Unidos.

El margen de maniobra de México es prácticamente nulo, por más que los demagogos de ocasión tras el “acuerdo” migratorio (en realidad imposición) con la administración Trump han salido a rasgarse vestiduras, alegando la abdicación de una soberanía, que hace mucho fue entregada por los gobiernos mexicanos del PRI y del PAN de forma sistemática y maquinada a favor de Washington. Y sus ex presidentes, hoy convertidos en adalides de la defensa de la nación, a la que traicionaron de las todas las formas posibles.

Es claro que, vistos los resultados obtenidos por Trump, con sus amenazantes y vulgares mensajes en Twitter -que reducen la realidad de una compleja relación diplomática y geopolítica a un par de frases con insultos- Otawa ha decidido seguir los mismos pasos, pero delegando la agresión a su embajador. Trudeau irá al G20 a defender los intereses de sus empresas y los del club de ricos del planeta que mantienen a las naciones del orbe sometidas al expolio del desigual intercambio comercial. Y las relaciones diplomáticas sometidas al poder militar y comercial de las potencias y sus aliados dentro de los países sometidos, como México.

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