Muere Joao Gilberto, la leyenda del Bossa Nova

Las causas de la muerte por el momento no han sido informadas

Texto y Foto: Afp
La Jornada Maya

Ciudad de México
Sábado 6 de julio, 2019

El brasileño João Gilberto, fallecido ayer a los 88 años, era el último padre vivo de la bossa nova, ritmo sincopado de la samba pero mezclado con la frescura del jazz que se convirtió en reflejo del alma brasileña.

Su voz delicada cantando Garota de Ipanema sigue cautivando al mundo más de 60 años después de su grabación. En el verano de 1958, esparció la saudade (nostalgia) junto al compositor pianista Tom Jobim y el poeta-diplomático Vinicius de Moraes.

Pero Gilberto murió enfermo, solo y en la ruina.

La mayoría de los brasileños lo vio por última vez en un video en 2015, donde aparecía, muy delgado y en pijama, cantando la entrañable canción a su nieta, acompañado de la guitarra.

Nacido el 10 de junio de 1931 en Juazeiro, en el estado de Bahía (noreste), João Gilberto Prado Pereira de Oliveira descubrió la música con su primera guitarra a los 14 años.

Cuatro años después, Joaozinho abandonó su pueblo natal para ir a Salvador de Bahía, donde fue escuchado en la radio local, y a los 19 años se fue a Rio de Janeiro.

Allí tocó en una pequeña banda, Garotos da Lua, con la que hizo sus primeras grabaciones, y en 1957 se dio a conocer como guitarrista en un disco de Elizeth Cardoso, Cançao do Amor Demais, compuesto por Tom Jobim y Vinicius de Moraes.

Peleas y abandono

Pero sus últimos días fueron menos felices. Gilberto había quedado en medio de una pelea entre sus hijos mayores, João Marcelo y Bebel Gilberto, también músicos, con su última ex esposa, Claudia Faissol, una periodista 40 años más joven que él y madre de su hija adolescente.

Bebel y João Marcelo acusan a Faissol de haberse aprovechado del músico, pero la trama trascendía el dinero.

Muchos han definido al artista como un genio de un perfeccionismo obsesivo, como expuso en sus recordadas interpretaciones de Desafinado, Corcovado o Chega de Saudade, a menudo en dúo con su primera esposa Astrud Gilberto.

Sin embargo, Gilberto fue igualmente famoso por excentricidades como su reclusión en pijama en casa y su fobia social, por la que apenas entreabría la puerta para recibir comida de un restaurante.

Desde finales de 2017, el referente internacional de la música brasileña había quedado bajo tutela de su hija Bebel, quien aseguró que su padre ya no podía cuidar de su salud ni de sus finanzas debido a su fragilidad física y mental.

Bebel avaló un allanamiento del apartamento cuyo alquiler Gilberto llevaba meses sin pagar en el barrio de Leblon. El cantante fue obligado a salir del inmueble y se trasladó a un apartamento prestado en Gávea.

El declive había comenzado en 2011, cuando Gilberto se había comprometido a hacer una gira de conciertos por sus 80 años, pero la suspendió alegando problemas de salud.

El cantante había recibido un millón de reales (entonces unos 600 mil dólares) como adelanto y fue obligado a devolverlos.

En medio de un prolongado pleito con su primera discográfica, sin álbumes nuevos desde 1989 y sin presentaciones desde 2008, vendió en 2013 60 por ciento de los derechos sobre sus cuatro primeros discos al banco Opportunity.

Susurros que hechizan

En 1958, Chega de saudade marcó el punto de partida para la carrera de Gilberto y la bossa nova. El público quedó hechizado por su voz susurrante, las armonías de Jobim y las palabras de Moraes.

En 1960 y 1961 lanzó otros dos álbumes, con composiciones de Jobim y Moraes.

Luego, por casi 20 años el guitarrista y cantante vivió en Nueva York con un interludio de dos años en México. Trabajó con Jobim y músicos de jazz como el saxofonista Stan Getz.

El álbum Getz/Gilberto, con Garota de Ipanema cantada por Astrud Gilberto, su primera esposa (que lo dejó por Getz), se consagró como un éxito, como también lo fue su concierto en el neoyorquino Carnegie Hall, en 1964.

En 1967, Frank Sinatra incluyó Girl from Ipanema en su repertorio, y la bossa nova cautivó a una audiencia internacional.

Gilberto siguió cosechando elogios en 1970 con su álbum, Ela é Carioca. Y, aunque leal a Jobim, se unió a Caetano Veloso y Maria Bethania, mezclando bossa nova y samba, entre canciones y diálogos.

Gilberto regresó a Rio, pero siguió subiéndose a los escenarios más importantes del mundo, deleitando al público con piezas como las ya citadas Rosa Morena y Aquarela do Brasil.

En 2001 ganó el Premio Grammy al mejor artista de música del mundo por su álbum João: voz e violão.

Y en agosto de 2008 las entradas para sus conciertos para el 50 aniversario de la bossa nova se agotaron en menos de una hora. Y en 2015 se presentó en los festivales de Viena, Marcillac y Marsella.