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Todo indica que viviremos un 2026 sumamente complejo y caótico en todos los frentes: el económico, el energético, el alimentario y el político, marcados por choques de poder y una guerra que se vislumbra larga.

Estados Unidos se está quedando cada vez más solo. Donald Trump demuestra una carencia de estrategia real; toda la estructura de inteligencia estadounidense ha fallado frente a la de Irán. Pese a que Israel —vecino y observador constante de Irán— contaba con información estratégica, nunca calcularon el control total que Teherán ejercería sobre el Estrecho de Ormuz.

Irán domina hoy esa vía vital. Aunque declaran que no está "cerrada" formalmente, la restricción opera de facto para los aliados de Washington y Tel Aviv. En este contexto, Israel avanza con tropas terrestres sobre el Líbano para desarticular a los proxies iraníes, mientras Trump lanza una virtual invitación a la guerra. Su llamado a la OTAN y a la Unión Europea y hasta China  para presionar a Irán. Europa no se comprará ese conflicto, aun cuando el golpe energético sea brutal. Rusia, al acecho, suministra lo necesario y se alza como el gran beneficiado del alza del petróleo, vendiendo más y a mejor precio.

América Latina vive momentos contrastantes. Mientras Brasil, Colombia y México mantienen cierta calma gracias a su capacidad de producción petrolera, en el Caribe vemos una isla que se hunde: Cuba. El reciente apagón generalizado ha paralizado a la nación, sumida en una crisis alimentaria provocada por décadas de bloqueo y el choque ideológico con el capitalismo estadunidense.

Trump se frota las manos, comolo  hizo con Venezuela, codiciando el petróleo y buscando convertir a Cuba en un enclave de estrategia militar para el control total de América. Es el sueño del "América para los americanos" (la versión MAGA) que, sin embargo, parece destinado al fracaso. Aunque se ha reunido para el Escudo de las Américas buscando liderar a las naciones del continente, su proyecto parece desmoronarse incluso si la Isla cae. Mientras tanto, dentro de Estados Unidos, la gasolina se encarece y el campo sufre: sin petróleo no hay fertilizantes, y sin ellos, no hay agricultura.

En este punto, la visión de Andrés Manuel López Obrador cobra vigencia. El discurso extremista que sentenciaba la "salida del petróleo" pecó de ingenuo. El petróleo no es solo combustible; es la base de la petroquímica en un mundo hecho de plástico. Todo lo que nos rodea tiene su origen ahí. El "petróleo pasó a la historia" fue un eslogan fanfarrón de personajes como Ricardo Anaya o Xóchitl Gálvez.

Las energías limpias están lejos de ser una sustitución total; ni el sol, ni el viento, ni el agua pueden suplir hoy la densidad energética del crudo ni su rol en la producción de bienes básicos. Ahí reside el acierto estratégico de mantener las refinerías, de las coquizadoras de Octavio Romero, de Deer Park y de Dos Bocas. Sin embargo, la tarea está incompleta: México aún pende de un hilo llamado gas natural. Dependemos de Texas; si Trump decidiera cerrar esa llave, México entraría en una crisis total en menos de 48 horas por falta de almacenamiento.

En política, el tiempo lo es todo. No hay casualidades, solo sincronía. Mientras Trump enfrenta una crisis de narrativa ante su derrota virtual en Medio Oriente, el escenario mexicano despliega un detonante de alta tensión.

La secuencia inició con un mensaje de López Obrador pidiendo apoyo explícito para el pueblo cubano. No fue solo solidaridad; fue un mensaje de no alineamiento directo al corazón de Washington. Ese eco encontró su potencia máxima en la voz de la Presidenta. Claudia Sheinbaum ha marcado, finalmente, su propia línea de fuego con Estados Unidos al respaldar la soberanía sobre la isla.

El mensaje es claro: la soberanía no es negociable. México ha decidido que no será un peón en el avance de Trump sobre el Caribe. Aunque la sociedad cubana —que ya se manifiesta buscando la caída del régimen— lea esta postura con ambigüedad (ayuda humanitaria sí, pero libertad también), México ya ha puesto sus cartas sobre la mesa.

Mañana inicia la negociación del T-MEC en el peor de los contextos. Trump llega asfixiado, acorralado por sus propios frentes abiertos. Ante esto, el magnate puede actuar de dos formas: lanzar un último zarpazo de leon desesperado o comprender, finalmente, que le conviene ser una fiera mucho más dócil ante su principal socio comercial.


Lea, del mismo autor: El león enjaulado en su paradoja

Edición: Fernando Sierra


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