La renuncia y la trampa del gasto social

Ante los cambios de la política propuesta por la 4T no queda más que tener fe

Francisco J. Hernández y Puente*
Foto: Rodrigo Díaz Guzmán
La Jornada Maya

Viernes 12 de julio, 2019

La carta con la que Carlos Urzúa ha renunciado a su cargo de Secretario de Hacienda y Crédito Público (SHCP), entre muchas otras cosas, pone al descubierto que la estrategia que el gobierno de la 4T definió para el ejercicio presupuestal 2019 está haciendo agua.

Hace ya poco más de un año, el 1 de julio de 2018, Andrés Manuel López Obrador pronunciaba su primer discurso como Presidente electo en el zócalo de la capital del país. En esa ocasión, la definición de su estrategia presupuestal para iniciar su gobierno la sintetizó como sigue: “Todo lo ahorrado por el combate a la corrupción y por abolir los privilegios se destinará a impulsar el desarrollo del país. No habrá necesidad de aumentar impuestos en términos reales (…) bajará el gasto corriente y aumentará la inversión pública”.

Y todo inició, en efecto, con un sistemático combate a los actos de corrupción que permea a las instituciones públicas, como Pemex, IMSS, CFE, las instituciones dedicadas a la educación pública, la ciencia, el deporte, entre varias más. Parecería aún hoy -y eso hay que reconocerlo- que no hay dependencia que escape al manejo turbio, retorcido y desviado de los recursos del erario público. Tal ha sido la diversidad y la magnitud de las desviaciones que su combate se ha convertido en la actividad casi única del gobierno. Esa perseverancia ha sido aplaudida y le ha valido al Presidente mantener un alto nivel de aprobación.

Manejo caótico de los recursos

Sin embargo, han transcurrido los primeros seis meses del ejercicio presupuestal, y lo que hemos presenciado hasta hoy es un uso de los recursos públicos, para decir lo menos, verdaderamente caótico, con recortes en áreas sustantivas, despidos, cambios de nombre y reasignaciones presupuestales de los programas sociales, desabasto de bienes y servicios públicos, nombramientos de personal sin experiencia y sin conocimiento de las áreas que ocupan, situación que, junto a la inexperiencia de gran parte de los mandos medios y superiores de la nueva administración, resulta en un ejercicio presupuestal desordenado, contradictorio y cada vez más centralizado. Lo anterior ha generado una estridente y generalizada queja por dichos recortes que han tocado a casi todos los sectores, lo mismo burócratas, científicos, académicos, policías, médicos, jueces, artistas que han levantado la voz para protestar por los daños causados.

Ahora, en su carta, el ex secretario de Hacienda señala que se han tomado decisiones de política pública sin el suficiente sustento, y la imposición de funcionarios sin conocimiento del campo hacendario, motivada por personajes influyentes del actual gobierno.

Con todo, el Presidente, al darle posesión al nuevo secretario, Arturo Herrera, insiste en lo que dijo hace un año y en lo que ha venido diciendo durante los siete meses de su gobierno: “tenemos que acabar con la corrupción (…), pensamos que habrá crecimiento (…), vamos a sacar adelante al país sólo combatiendo la corrupción y no permitiendo los lujos en el gobierno (…). Ésta es la fórmula que se está aplicando y nos está dando buenos resultados (…) ha aumentado la recaudación, no tenemos déficit, no ha crecido la deuda pública, lo acabo de decir y lo repito, el peso es la moneda que más se ha fortalecido en el mundo”.

Apuros presupuestales

Aunque el Presidente siempre tiene mejores datos, los últimos reportes de la propia Secretaría de Hacienda registran que por el lado de los ingresos, las cosas no van nada bien. Pese a que los niveles de recaudación tributaria (IVA, ISR, IEPS) todavía reportan cifras positivas en los primeros cinco meses del año, y aunque los precios del petróleo en el mercado internacional se han movido por arriba de las estimaciones de principios de 2019, (63 dólares vs 55 dólares/barril), la caída en la plataforma de producción petrolera que se ha venido registrando explica, en buena medida, los apuros presupuestales del gobierno y su recurrencia a recortar el gasto en distintas áreas y dependencias. De enero a mayo, la producción de crudo promedió un millón 680 mil barriles diarios, de acuerdo con datos de la SHCP, 210 mil barriles menos de lo programado.

La premisa básica de la que partió la construcción del presupuesto 2019 -de que no es necesario aumentar la recaudación porque los ingresos federales actuales son suficientes, solamente que están más distribuidos-, no parece cumplirse. Más aún, precisamente porque el presupuesto se ha redistribuido para promover una mayor atención a lo social con grandes montos de transferencias monetarias directas, se ha tenido que recurrir a los recortes presupuestales ya comentados.

El gobierno de la 4T reproduce en este breve plazo de 2019, lo que ha ocurrido con las finanzas públicas desde mediados de los noventa. Reduce el gasto en inversión pública e infraestructura, para reorientarlo al gasto social, con lo que el país ha perdido persistentemente capacidad para crecer y generar un mayor nivel de bienestar.

Según lo han documentado Lustig y Scott en un reciente artículo (Nexos, julio de 2019) el gasto social pasó de 5 por ciento del PIB en 1995 a 12 por ciento en 2015, llegando ese año a su pico histórico. El problema de ese tipo de comportamiento no es que se destinen más recursos al gasto social, sino que se haga a costa de la reducción en el gasto de inversión y/o mediante la recurrencia creciente a ingresos petroleros que no son sostenibles.

Si el Presidente se empeña en la misma estrategia y sigue pensando que la construcción de una política de bienestar social se logra con el exclusivo expediente de combate a la corrupción, sin buscar fuentes sostenibles de recaudación que le den fortaleza financiera a su gestión, seguirá reproduciendo el círculo vicioso por el que transitamos en los primeros meses de su mandato. Eso lo sabía Urzúa, pero también lo sabe el nuevo secretario. No podemos seguir atorados en la trampa de aumentar el gasto social a costa de detener la inversión pública y recortes sin sentido y sin fuentes de financiamiento sostenibles. ¿Escuchará el Presidente al secretario en turno?

*Profesor del CEPHCIS-UNAM.

Mérida, Yucatán
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