Himnos de coraje

Carlos Duarte Moreno abarcó varios géneros de la expresión escrita

José Juan Cervera
Ilustración: www.museodelacancionyucateca.com
La Jornada Maya

Martes 8 de octubre, 2019

La recuperación de la memoria literaria convoca esfuerzos para recrear atmósferas distintivas de épocas y lugares. Su vitalidad conserva los ecos del tiempo que envolvió la inmediatez sensorial de sus frutos. Guarda muestras de una existencia fecunda, acogida y multiplicada en diálogo con voces nuevas que la hacen suya sin abandonar su identidad de origen.

Con raíces vigorosas, la obra de Carlos Duarte Moreno (1900-1969) abarcó varios géneros de la expresión escrita, aunque su recuerdo se hace más nítido sólo en algunos de ellos. La poesía y su transvase a la canción popular dan testimonio de ello.

También se desenvolvió como novelista: su único libro publicado corresponde a este género aunque otros materiales impresos -cuadernos y folletos- recogen una parte de su obra poética, especialmente aquella con la que obtuvo galardones literarios. Del mismo modo sería justo apreciar sus textos de carácter escénico, así como los artículos de opinión, crónicas, cuentos y poemas que durante varias décadas aparecieron con su firma en periódicos y revistas.

En Cuba, donde residió de 1931 a 1934, escribió Levadura. Novela del camino real de la vida. En marzo de ese último año regresó a Yucatán, haciéndola imprimir unos meses después de su llegada. El prólogo es de Ricardo Mimenza Castillo y está ilustrada con grabados en madera de Raúl Gamboa Cantón. En ella relata los sinsabores, amarguras y luchas de un personaje que se impuso como divisa la defensa de los desposeídos.

Su argumento se desarrolla en la isla caribeña, con reminiscencias de una vida militante en México que pasó por la tribuna periodística y sufrió enconadas persecuciones políticas, cárcel y traiciones. La estancia del protagonista en suelo cubano transcurre entre nuevas amistades, encuentros pasionales y conflictos internos que lo llevan a poner a prueba sus convicciones más hondas.

Podría decirse que el libro participa de las tendencias en boga durante aquellos años en que el régimen mexicano emanado del proceso revolucionario afianzaba sus instituciones y hacía uso de una fraseología que ponía el acento en las reivindicaciones de los sectores populares. Sin embargo, el texto de Duarte Moreno es característico de alguien que padeció privaciones y que desde muy joven se incorporó a las filas del Partido Socialista del Sureste. Su estilo denota al creador artístico que vive a fondo el sentido de lo que expresa.

La novela abre sus páginas con un epígrafe del pensador anarquista Pierre-Joseph Pruodhon, en que insta a rechazar los abusos de las clases dominantes. La historia alterna pasajes de desaliento y de luminosa esperanza. Apenas comenzó a circular entre los lectores de Mérida, recibió comentarios periodísticos: uno de Arturo Díaz Sumárraga y otro de Ricardo Mimenza Castillo, ambos publicados en el Diario del Sureste en diciembre de 1934. En enero del año siguiente la revista Forja, que editó el Grupo de Intelectuales Revolucionarios, insertó un fragmento de ella en su primer número.

Mimenza Castillo complementa en su nota de prensa las impresiones que asienta en el prólogo de Levadura, la cual desató sus recuerdos en torno a la figura benévola y solidaria de su antiguo camarada Enrique Recio (1882-1927), hombre de una agitada vida política. En las palabras preliminares que escribió para la novela alude a su autor como un "muchacho proteico y vanguardista de las izquierdas revolucionarias"; entre ellos había una diferencia de edades de una docena de años, pero también afinidades ideológicas.

Duarte Moreno postula, en boca del protagonista Rosendo Ayala, la necesidad de zambullirse en la adversidad para aspirar a mejorías de alcance colectivo. "Tu sufrimiento, como el mío, como el de tantos otros, no es más que levadura, dolorosa pero sublime levadura que levantará definitivamente nuestros perfiles superiores".

En la cuarta de forros de su Canto a míster Sam, poema impreso en 1954, el inquieto escritor alude a otra novela suya que permaneció inédita: Pencas. Libro del trópico, de la que nada más se sabe y constituiría otro ejemplo de la vena narrativa de esta figura literaria cuyo quincuagésimo aniversario luctuoso se cumplió en marzo de 2019.

Mérida, Yucatán
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