Opinión
La Jornada Maya
18/08/2026 | Mérida, Yucatán
En los últimos ocho años, el tema de la salud pública ha estado en la agenda por varios motivos. El primero, porque su mejora fue promesa por parte del expresidente Andrés Manuel López Obrador, llegándose al extremo, siempre recordado por la oposición, de que se tendría un sistema mejor que el de Dinamarca. El segundo, por la pandemia de Covid-19, que puso a prueba la infraestructura hospitalaria y la capacidad de atención disponible. Ahora, porque el gobierno que encabeza Claudia Sheinbaum Pardo está operando una reforma que busca garantizar el acceso universal a los servicios médicos.
Este martes, sin embargo, se presentó una contradicción que debe resolverse con prontitud, a menos que se busque repetir la historia de la huelga de personal médico de 1964-1965. En la conferencia diaria de la presidenta, el subsecretario de Integración Sectorial y Desarrollo de la Secretaría de Salud, Eduardo Clark García Dobarganes, dio a conocer que el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) y el sistema IMSS Bienestar han aumentado las atenciones en consultas generales, de especialidad y cirugías programadas, en rangos que van del 28 al 60 por ciento.
Sin duda, este incremento generalizado, que se ha dado en los últimos dos años, es un logro para la sanidad pública mexicana. Las causas pueden ser múltiples, y todas ellas deben leerse en sentido positivo: ha aumentado la derechohabiencia o la existente recurre cada vez menos a la atención privada, y al mismo tiempo han disminuido las derivaciones por subrogación. Igualmente, se redujeron los tiempos de espera para procedimientos quirúrgicos, algo que solía ser un reclamo extendido. Otro factor es que el IMSS Bienestar atiende a 56 millones de personas sin seguridad social, que hoy tienen acceso a consultas y otros servicios.
En dos años, también, se alcanzará la cifra de 39 hospitales nuevos. Algunos de ellos representan un hito en cuanto a diseño, equipamiento y número de especialidades, como es el caso del Agustín O’Horán, en Yucatán.
Y es precisamente en este nosocomio donde quedó de manifiesto lo que ha implicado el aumentar la atención: una sobrecarga laboral para el personal de enfermería, que este martes, después de cumplir con su turno de 12 horas de guardia, se manifestó frente al hospital, acusando que la situación ya ha llevado a renunciar a 40 personas de esta rama, que es crucial para la recuperación de cualquier paciente.
Los números, por más positivos que resulten, se sustentan en el trabajo diario de personal médico, de enfermería, laboratorio, mantenimiento, intendencia, que hoy se encuentra en instalaciones nuevas, más grandes, planeadas para atender a más personas; pero han llegado menos de los que estaban en el viejo hospital, pues hubo quien aprovechó para jubilarse o a quien no le convino el cambio. Hacer más con menos fue una frase que se utilizó hasta el cansancio en los gobiernos neoliberales. Cuando se aplica a la atención a la salud, resulta una broma de muy mal gusto.
Corresponde a la doctora María Teresa Zapata Villalobos, directora del O’Horán, gestionar la creación de puestos de acuerdo a las necesidades de la institución, asegurar que la planta laboral de enfermería y médica cuente con los recursos adecuados para desempeñar sus funciones y, tratándose de uno de los servicios vitales del Estado mexicano, sin duda recibirá el apoyo de las autoridades.
De poco sirve tener un hospital como el O’Horán, que en algún momento de su historia fue el mejor de América Latina, y que hoy sería motivo de orgullo para cualquier país que presume que puede realizar cirugías con un robot, si su elemento humano es insuficiente para brindar una atención con la misma calidad que su equipamiento.
El movimiento médico está por cumplir 61 años de haber sido reprimido. Su causa principal fueron las condiciones laborales de sus “becarios”, practicantes e internos a quienes no se les quiso reconocer como trabajadores. Lo que menos se desea es que se repita la explotación del personal y menos la represión. Pero los números récord que hoy alcanza el sistema de salud los sostiene el arduo trabajo de miles de personas, y urge que sean más.
Edición: Estefanía Cardeña