Raquel: de Sonora a Yucatán

Raquel Padilla Ramos y la lucha de los yaquis

Felipe Escalante Tió
La Jornada Maya

Viernes 8 de noviembre, 2019

Como pocas, Raquel Padilla Ramos atravesó el país en busca de satisfacer una inquietud que la consumía: responder qué había sido de los yaquis deportados a Yucatán durante la guerra de exterminio que sostuvo el Estado porfiriano, en busca de controlar las tierras aledañas al río Yaqui. Así llegó a la Facultad de Ciencias Antropológicas de la UADY, con un proyecto para cursar la maestría.

Así nos encontramos un día de 1997, ambos a mitad de curso; ella del posgrado, yo de la licenciatura. Debo decir que su estatura intelectual era inversamente proporcional a la física; chaparra para el estándar sonorense, pero ya reconocida por propios y extraños como LA Raquel, no sólo por ese modismo norteño de poner un artículo antes del nombre, sino porque era única. Ya sabíamos que en busca de la historia de los yaquis en Yucatán había recorrido el Archivo General del Estado, el Fondo Reservado y la Hemeroteca del entonces Centro de Apoyo a la Investigación Histórica de Yucatán –esta última tenía una sala de lectura espantosamente oscura que convertía la experiencia de la consulta en un desafío al carácter –y la Carlos R. Menéndez, amén de haber realizado varios viajes al interior del estado a fin de obtener una entrevista con descendientes de esa etnia.

Lamentablemente, con indignación y rabia, nos enteramos que murió asesinada. Al momento de escribir estas líneas se sabe que el caso se está tratando como un presunto feminicidio cometido por su ex pareja. Juan, a quien ella mostraba orgullosa en sus redes sociales; en las fotografías parecía estar entonando aquella canción de “Yo soy rielera, tengo mi Juan…”. Pero a la distancia, sólo podemos decir que redes vemos y relaciones no sabemos.

Raquel dejó textos básicos para comprender la relación entre la península y Sonora, especialmente en cuanto al tráfico de seres humanos, que siempre le indignó: Yucatán, fin del sueño yaqui (1995), Los irredentos parias; los yaquis, Madero y Pino Suárez en las elecciones de Yucatán (2011), y Progreso y libertad. Los yaquis en la víspera de la repatriación (2006). Tuve el enorme gusto de presentar el segundo de ellos en el Palacio Cantón, en noviembre de 2012, ocasión en la que Raquel agasajó a los asistentes con unas deliciosas coyotas.

Como académica, Raquel estaba muy adelantada a la visión que se tiene de esta comunidad desde el poder político. Más allá de los artículos, asesorías de tesis y demás actividades que sí admite el Sistema Nacional de Investigadores para su política de estímulos, ella llevaba sus conocimientos a Vicam, Loma de Bacum, y apoyó la lucha de los yaquis contra la construcción de un gasoducto que sin regulación alguna contaminaría el río. Por este motivo era constante que la amenazaran a través de sus propias redes, en las cuales también compartía los avances de sus investigaciones, en una muestra de generosidad.

Con su muerte se apaga también una voz contra el olvido del crimen ocurrido en la guardería ABC y contra Grupo México, por la contaminación del río Sonora. Más recientemente había manifestado su apoyo al grupo Madres Rastreadoras, que también había sido amenazado. Raquel estaba pues, empleando la historia en una lucha por un mejor presente. Con su asesinato, ocurrido la tarde de este 7 de noviembre, ha perdido Sonora, ha perdido Yucatán, ha perdido la academia; ha perdido la nación.

En los últimos años, Raquel se encontraba en una etapa retadora. Había sobrevivido a un accidente automovilístico en el cual ella y su hijo resultaron heridos de gravedad. Ambos se recuperaron y desde entonces ella estaba dedicada a buscar transformar la percepción que sobre los yaquis tiene la sociedad hermosillense, llevando sus historias a escuelas preparatorias, sosteniendo conferencias de las que pocos profesores salían bien librados, regañados por contribuir a mantener prejuicios sobre los pueblos indígenas.

Raquel buscó justicia para muchos. Es lo mínimo que se exige para ella.

Un abrazo para Raquel, Alfonsina y Emiliano (Mi general).

Mérida, Yucatán
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