Activistas ven lejano un acuerdo para frenar el calentamiento global

Exigen el decreto de una "emergencia climática"

Armando G. Tejeda
Foto: Afp
La Jornada Maya

Madrid, España
Jueves 12 de diciembre, 2019

El pesimismo se ha instalado en la cumbre del clima (COP25) que se celebra en Madrid, sobre todo entre activistas, científicos y representantes de los pueblos indígenas, que ven cada vez más lejos que se cierre un acuerdo de reducción de gases de efecto invernadero que involucre a las cuatro potencias económicas que más contaminan: Estados Unidos, China, Rusia e India.

A pesar del desánimo, la activista sueca Greta Thunberg, quien se ha convertido en un símbolo de la lucha ecologista, aseguró ante el plenario de "alto nivel" que "la esperanza está en los pueblos, que son los que siempre están detrás de las grandes transformaciones".

A dos días de que se cierren las negociaciones para sellar el documento de conclusiones y objetivos de la COP25 se ha abierto aún más la brecha entre lo que reclaman los pueblos que sufren el drama del cambio climático y los políticos y altos ejecutivos de las corporaciones empresariales que controlan el mercado energético en el mundo.

Mientras los primeros exigen el decreto de una "emergencia climática" e ir más allá del Acuerdo de París de 2016 para no llegar al punto de "no retorno" que todos temen, los segundos, que son quienes finalmente deciden, mantienen sus reticencias a acelerar el proceso y sobre todo de regular con transparencia y rigidez el mercado del carbón.

Si las cosas siguen igual, lo más probable es que la aplicación y reforma del artículo 6 del Acuerdo de París –que es con el que se pretende fiscalizar el comercio del carbón en todas sus vertientes– se pospondrá para la Cumbre del Clima de Glasgow, el próximo año.

Al margen del temor a un nuevo fracaso multilateral, en gran medida provocado por la retirada del gobierno de Estados Unidos del Acuerdo de París, que aumentó las reticencias de otros países contaminantes, la joven Thunberg se presentó ante el pleno, conformado por delegados de los 196 países invitados y un nutrido grupo de activistas de su organización, Friday for Future, para lanzar un nuevo mensaje de alerta y exponer con crudeza la situación del planeta.

Thunberg, a quien la revista Time nombró persona del año por su influencia en la lucha climática, explicó que hace un año era una niña tímida y le costaba hablar en público. "Pero encontré una causa, un motivo por el cual entendí que había que luchar", explicó, al exponer con claridad los criterios científicos que avalan la urgencia de actuar para reducir al menos 1.5 grados la temperatura del planeta.

Sostuvo que los países ricos son "los primeros" que deben dar ejemplo en la lucha contra la crisis climática y lograr un balance de emisiones cero, porque son los que más contaminan.

Agregó que en tres semanas comienza una nueva década que definirá nuestro futuro, y subrayó que "hay esperanza, pero no viene de los gobiernos ni de las empresas, sino de la sociedad y de las personas que comienzan a despertar".

Acusó a los líderes políticos y empresariales de estar más preocupados por dar una buena imagen que por adoptar medidas contundentes en la lucha contra el cambio climático; de convertir la cumbre en una simple negociación de asuntos pendientes. "El mayor peligro radica en que los políticos y los directivos de las empresas aparentan que se está trabajando en acciones concretas, cuando en realidad casi no se está haciendo nada, aparte de llevar una contabilidad inteligente y relaciones públicas creativas", expresó.

Sus palabras fueron respaldadas por Jennifer Morgan, directora ejecutiva de Greenpeace internacional, quien afirmó que "hay una brecha enorme entre lo que sucede fuera de aquí y lo que ocurre dentro", y denunció que la falta de decisión de los principales emisores se refleja en la lentitud con la que avanzan las conversaciones para cerrar el desarrollo de los mercados de carbono o la declaración final de esta cumbre.

Morgan señaló que a las potencias responsables de la emisión de más de 60 por ciento de los gases de efecto invernadero se podrían sumar Japón, Australia y Pakistán, que son reacias a una reducción más drástica de su consumo de carbón.