Quien a este mundo vino…

En Chetumal, abundan las cantinas y los centros con espectáculos para adultos

Jesús Hernández Martínez
Foto: Rodrigo Díaz Guzmán
La Jornada Maya

Miércoles 18 de diciembre, 2019

En el sureste del país, Quintana Roo ocupa desde hace varios años el nada honroso primer lugar en el consumo de bebidas alcohólicas, pero eso no preocupó a los anteriores gobiernos. En la actualidad, hay una disminución en la entrega de concesiones para la apertura de nuevos negocios de ese ramo, pero el consumo de cerveza y licor ya se quedó como una costumbre local.

Estimativamente –los datos oficiales más recientes no están disponibles– operan en toda la entidad más de 7 mil 500 expendios de bebidas alcohólicas en las diversas modalidades permitidas y, como referencia comparativa, sólo ofrecen los servicios educativos en todos los niveles unas 2 mil escuelas.

Sin embargo, los datos obtenidos pueden ser engañosos pues, al año, llegan a Quintana Roo más de 20 millones de visitantes (este año se esperan 23 millones) nacionales y extranjeros por todos los medios de transporte, quienes en su mayoría consumen bebidas alcohólicas.

El 23 de septiembre de 2017, La Jornada Maya publicó una nota de Carlos Águila Arreola en la que se dio a conocer ese primer lugar de Quintana Roo en el Sureste en cuanto al consumo de alcohol. En esa ocasión, representantes de la agrupación Alcohólicos Anónimos alertaron a las autoridades sobre ese problema que afectaba incluso a niños y adolescentes.

Durante las anteriores administraciones, los gobernadores en turno entregaron concesiones para la venta de licor a sus “amigos” o como “premios” por algún favor. En Chetumal, no es raro ver a ex funcionarios atendiendo expendios de licor y cerveza “para llevar”. Pero también abundan las cantinas y los centros con espectáculos para adultos, además de los restaurantes y las tiendas departamentales que también venden licor y cerveza. Son comunes, aunque no abundantes, los clandestinos.

Algunos propietarios de las patentes y concesiones para vender licor y cerveza aseguran que, por la abundancia de expendios, ya no es negocio la actividad y aseguran que varios dan en renta sus negocios por 5 mil pesos mensuales.

Aunque el paso es ilegal -pero siempre hay manera de lograrlo- es costumbre que de la zona libre de Belice se traiga buen licor a Chetumal. En el vecino país se obtiene licor de calidad a precios inferiores a los que se ofrece en la capital quintanarroense aunque se corre el riesgo que sea adulterado.

Según algunas fuentes consultadas, el consumo de alcohol –que como se dice arriba habría que considerar el auge turístico– no es la causa directa de la multiplicación de homicidios; éstos se relacionan más con las agrupaciones del crimen organizado y la extorsión.

En las ciudades más importantes del Estado las autoridades tratan de controlar el alcoholismo pero casi siempre se imponen “las costumbres”. En Chetumal por ejemplo a todo lo largo del bulevar “es costumbre” que se reúnan grupos de adultos y jóvenes para consumir alcohol. Se dice que el bulevar es la cantina más grande de la ciudad.

Para contrarrestar el vicio, alejados de la zona urbana de la capital quintanarroense, con apoyo del gobierno, algunos particulares altruistas y la asesoría de Alcohólicos Anónimos operan unos cuatro centros de rehabilitación para los alcohólicos. En uno de éstos se pudo constatar el esfuerzo de los internos para dejar el vicio pero, según sus encargados, algunos se escapan y no pueden retenerlos a la fuerza.

Entonces tal vez no sea tan malo adoptar el lema: quien a este mundo vino y no toma vino pues…a qué vino.

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