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Margarita Robleda Moguel
Foto: Rodrigo Díaz Guzmán

Martes 28 de enero, 2020

No te tengo miedo, no me da la gana. No voy a permitir que rijas mi vida, que atropelles mis sueños, que me hagas cometer autogoles.

Miedo a lo desconocido, a lo conocido, al diferente, al cambio; miedo a soñar, terror a equivocarme, al qué dirán, a que no me quieran, a que me quieran… miedo a la soledad, a las multitudes; a perder, miedo a ganar. ¡Miedo a tener éxito!

Miedo a que se solucionen mis problemas y luego no tenga excusa para no ser feliz.

A los gobiernos les conviene que tengamos miedo de la misma manera que a las empresas farmacéuticas multinacionales, en lugar de buscar la cura de nuestras enfermedades, nos mantienen afectados para seguir vendiéndonos la esperanza de salud.

Las noticias amarillistas sobre el coronavirus y sus alcances me llenan de preguntas. ¿Quién gana? ¿Los medios de comunicación que nos mantienen atentos y les permite vender más anuncios? ¿Las farmacéuticas que producirán millones de millones de nuevas vacunas para vender a infinidad de países asustados? ¿Los gobernantes desalmados que descubren un nuevo vehículo para agenciarse de recursos en la compra y venta, en los moches del proceso de adquirirlas? ¿De los piratas que inventaran las suyas para vender bajo del agua?

Últimamente ha habido más muertes de influenza y no estamos enterados. Son noticias obsoletas, pasadas de moda, igual que la cantidad de muertes por la violencia aquí, allá y acullá, que no nos afecta con la misma intensidad por estar vacunados de noticias cargadas sensacionalismos. La indiferencia es el pan nuestro de cada día.

El miedo nos amarra, nos drena, nos separa. Nos hace comprar lo que no necesitamos, nos vuelve desconfiados, nos encierra, aleja, empobrece; nos impide pensar.

Desde niños nos controlaron con miedos: “Te va a llevar el Coco, el Tucho, el señor del costal”, “Si te portas así, nadie te va a querer…”, “Desconfía del que te dice que te ama, algo quiere.”. “¿Qué van a pensar los demás? ¡Qué raro eres! ¡Estás loco¡, ¡Eres diferente!”

Por eso, en lugar de decir: ¡Tengo miedo! Uno tendría que preguntarse ¿A qué le tengo miedo? Encontrar la razón y buscarle solución. Y frente a un “Tengo miedo de que no me quieran”, la respuesta podría ser: “Pues no te disfraces de cactus y respondas siempre a la defensiva: ¿Qué, qué?”.

El miedo no nos llevará a ninguna parte, al contrario, nos amarra. Toca tomar precauciones antes las vicisitudes que se van presentando, llámese violencia, Coronavirus o el virus que en su momento puedan llegar a inventar los interesados en controlarnos para su beneficio o surjan como consecuencia del atropello que ya hicimos a la Madre Tierra.

Toca tomar precauciones, punto. No dejarse enganchar.

Y como dice mi cuento Dónde está el coco, al final: El Coco, queridos amigos, está en el coco.

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