Poco después de las 1:30 de la tarde del lunes, dos semanas antes de que se cumplieran dos años del último partido de tenis importante disputado en Wimbledon, una voz se escuchó en los altavoces: “Buenas tardes y bienvenidos a la Cancha Central”.
Luego vino el anuncio dando la bienvenida a “invitados especiales en el Palco Real”, entre ellos una mujer que desarrolló una de las vacunas contra el Covid-19, lo que generó la primera ovación de pie de las varias que los espectadores ofrecieron ayer. Y, poco después, se escuchó la frase “Hemos estado esperando esto por mucho tiempo” antes de la presentación de Novak Djokovic y el rival al que terminaría derrotando 4-6, 6-1, 6-2, 6-2 con la ayuda de 25 “aces”, Jack Draper, británico de 19 años que ocupa el lugar 253 en el ránking mundial. En cierto sentido, fue como si Wimbledon nunca se hubiera ido, como si el All England Club no hubiera decidido cancelar el torneo de Grand Slam más antiguo por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial hace un año debido a la pandemia.
El público vitoreó desde las tribunas —incluso antes de que el dos veces campeón Andy Murray jugara y ganara su primer duelo individual en cuatro años en este lugar. Hubo lluvia —tanta, que los partidos programados para las canchas sin techo debieron aplazarse por más de 4:30 horas y al menos 20 encuentros fueron pospuestos para el martes.
Un par de estadunidenses se apuntaron las victorias más destacadas: Frances Tiafoe eliminó al subcampeón del Abierto de Francia y tercer preclasificado, Stefanos Tsitsipas, mientras que Sloane Stephens, la campeona del US Open de 2017, doblegó 6-3, 6-4 a la bicampeona de Wimbledon y décima cabeza de serie, Petra Kvitova.
Edición: Ana Ordaz
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