Una FIFA bajo amenaza de rebelión interna por el calendario de competencias durante la pandemia deberá tomar una decisión sobre uno de los mayores bochornos del futbol mundial en los últimos tiempos, del que indirectamente también es responsable. Brasil y Argentina, el partido más emblemático del balompié sudamericano, fue suspendido el domingo a los cinco minutos de iniciado por la presencia en el campo de juego de funcionarios civiles del ente sanitario brasileño por el supuesto ingreso irregular de cuatro futbolistas argentinos al país.
“FIFA lamenta las escenas que precedieron la suspensión del partido”, dijo la entidad en un comunicado ayer.
El escándalo se dio en el marco de una triple fecha de las eliminatorias de Sudamérica que estuvo en duda luego que las ligas de Europa, con la Premier inglesa a la cabeza, cuestionaran a la FIFA por planificarla justo en el inicio de la temporada y se negaron a ceder a los jugadores.
Edición: Ana Ordaz
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