Muere Frank Gehry, arquitecto que redefinió el vínculo entre arte, tecnología y espacio urbano

El punto crucial de su carrera llegó con el Museo Guggenheim Bilbao, inaugurado en 1997
Foto: Afp

El arquitecto canadiense-estadunidense Frank Gehry, figura decisiva de la arquitectura contemporánea y autor de algunos de los edificios más influyentes de las décadas recientes, murió ayer a los 96 años en su casa de Santa Mónica, California.

Su deceso ocurrió tras una breve enfermedad respiratoria, confirmó Meaghan Lloyd, jefa de gabinete del artista, ante medios locales. Su figura dejó una transformación profunda en la manera en que el público y la crítica entienden la relación entre arte, tecnología y espacio urbano.

Nacido en Toronto en 1929 como Frank Owen Goldberg, llegó a Los Ángeles en 1947 y adoptó la nacionalidad estadunidense pocos años después. Se formó en la Universidad del Sur de California y en Harvard, y consolidó un estudio propio en 1962.

Desde entonces desarrolló una obra que abrió paso a un vocabulario arquitectónico dominado por la fragmentación formal, las curvas tensas y el uso de materiales industriales poco habituales en la construcción tradicional.

Su despacho mantuvo una colaboración constante con ingenieros especializados que introdujeron herramientas digitales pioneras para resolver geometrías complejas.

Gehry alcanzó proyección internacional desde la década de 1970, cuando su Gehry House en Santa Mónica definió un camino experimental basado en cubiertas inclinadas, mallas metálicas y paneles corrugados.

Aquella residencia anticipó una exploración permanente de las posibilidades expresivas de los metales y el vidrio, rasgos que más tarde se volvieron distintivos. En paralelo diseñó mobiliario con cartón laminado, ejemplo de una búsqueda continua de soluciones accesibles con un alto contenido estético.

El punto crucial de su carrera llegó con el Museo Guggenheim Bilbao, inaugurado en 1997. La estructura de titanio y piedra caliza, apoyada en software de la industria aeronáutica, modificó de manera profunda el perfil de la capital vasca y alcanzó un reconocimiento global. Philip Johnson lo describió como “el mayor edificio de nuestro tiempo”.

El Guggenheim Bilbao también confirmó a su autor como una referencia del deconstructivismo, corriente que favorece la ruptura de esquemas lineales y la multiplicación de perspectivas en un mismo volumen. Varias escuelas de arquitectura incorporaron el museo en sus programas como caso de estudio sobre innovación urbana.

A partir de entonces, su catálogo se extendió por América, Europa y Asia. Entre sus obras se encuentran el Walt Disney Concert Hall en Los Ángeles, la Casa Danzante de Praga, el Museo Vitra Design en Alemania, la torre 8 Spruce en Nueva York, el Biomuseo de Panamá y la Fundación Louis Vuitton en París, reconocida por sus grandes “velas” de vidrio moldeado.

En el ámbito residencial proyectó la torre Opus Hong Kong, y en el corporativo impulsó la ampliación del campus de Facebook en Menlo Park, encargo en el que recibió la instrucción de mantener un perfil más sobrio que en sus trabajos anteriores.

Gehry incursionó también en la arquitectura vinculada con la cultura popular. En Seattle creó el actual Museo de la Cultura Pop, antes Experience Music Project, edificio de formas orgánicas y paneles metálicos de colores inspirados en una guitarra eléctrica destrozada.

El recinto, atravesado por el monorriel de la ciudad, se consolidó como un referente de la arquitectura expresionista y amplió su alcance más allá del ámbito museístico tradicional. Alberga exposiciones sobre música, ciencia ficción, cine de terror, videojuegos y cultura popular, además de objetos emblemáticos relacionados con Jimi Hendrix y Nirvana.

A lo largo de su carrera recibió más de un centenar de distinciones internacionales, entre ellas premios como el Pritzker (1989) y el Praemium Imperiale (1992), así como medallas como la Nacional de las Artes de Estados Unidos (1998) y la de Oro del Instituto Estadunidense de Arquitectos (1999).

También obtuvo galardones en Austria y Japón, además de doctorados honorarios y reconocimientos de academias de arte y diseño. Frank Gehry mantuvo una comunicación constante con diversos sectores y manifestó en varias ocasiones su inconformidad ante lo que consideraba mediocridad del oficio.

Rechazó la etiqueta de “arquitecto estrella”, aunque sus edificios generaron debates intensos y atrajeron a millones de visitantes. Sus obras dejaron una presencia visible en las urbes donde intervino, así como múltiples discusiones sobre el papel que la arquitectura puede asumir dentro de la vida cultural.

Edición: Emilio Gómez

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