'Umbrales de Xochitiotzin' busca revalorizar al muralista Desiderio Hernández

Muestra con la que el Salón de la Plástica Mexicana celebra 100 años del artista tlaxcalteca
Foto: Yazmín Ortega

Ángel Vargas

La búsqueda de lo espiritual, lo divino y la magia de Desiderio Hernández Xochitiotzin (1922-2007), “el último de los grandes muralistas”, queda patente en la exposición Umbrales de Xochitiotzin, con la que el Salón de la Plástica Mexicana celebra el centenario del artista tlaxcalteca, uno de sus fundadores.

Conformada por 120 piezas, gran parte de ellas exhibidas por vez primera, entre pinturas, grabados, bocetos, reproducciones de murales y objetos personales del creador, la muestra permanecerá abierta hasta el 27 de marzo.

A partir del 3 de mayo, será presentada con una serie de modificaciones en el Museo Regional de Cholula, Puebla, como preámbulo de la magna exposición retrospectiva que las secretarías de Cultura federal, de Tlaxcala y de Puebla dedicarán al muralista en el Complejo Cultural Los Pinos, desde el 8 de septiembre.

Citlalli Xochitiotzin, hija del pintor y presidenta de la Fundación Desiderio Hernández Xochitiotzin, informó a La Jornada que los festejos de este centenario, cumplido este 11 de febrero, incluyen también la edición de libros, proyecciones de documentales y conferencias a lo largo del año, así como un coloquio a finales de noviembre en la Benemérita Universidad de Puebla (BUAP). Ese mismo mes se realizará un par de festejos populares en Tlaxcala.

La fundación hará la entrega de una medalla conmemorativa para reconocer el trabajo social de alguna asociación civil, cuya convocatoria será lanzada a finales de este mes.

Existen pláticas con la Lotería Nacional para emitir una serie especial por los 100 años del artista, si bien una de sus obras ilustró ya uno de los billetes con los que esa institución conmemora también centenario del muralismo mexicano.

“Quisimos, como fundación, empezar los festejos en el Salón de la Plástica Mexicana, porque, simbólicamente éste representó mucho para el maestro. Fue uno de sus fundadores, siendo él muy joven; en este espacio centró muchos de sus deseos de impulsar la cultura para las siguientes generaciones”, indicó Citlalli Xochitiotzin.

Explicó que el artista tlaxcalteca, al empezar su actividad muy joven, entre los 18 y 19 años, representa un puente con la generación de Diego Rivera, Orozco y Alfaro Siqueiros, a partir de quienes comenzó a consolidar su propio lenguaje, influido asimismo por el Dr. Atl.

Una de sus principales inquietudes, y a la vez uno de los temas principales de su trabajo junto con el de la muerte y la importancia política del carnaval, fue transmitir su conocimiento sobre lo que es México, al cual veía no como una yuxtaposición de culturas, sino como resultado de dos mundos, dos visiones, dos imaginarios, agregó.

La promotora cultural recordó que su padre estuvo activo muchos años, incluso cuando en 1981 y 1982 estuvo a punto de perder la vista a causa de un virus. Provenía de una familia de artesanos; desde niño mostró gran destreza manual. Su mural más conocido es el del palacio de gobierno de Tlaxcala, en el que trabajó durante más de 50 años.

Para la elaboración de esa obra –de la cual se exhiben en la muestra reproducciones digitales de dos fragmentos–, el artista realizó una profunda y minuciosa investigación historiográfica.

“En esos momentos, las fuentes no estaban aún en la academia, sino en archivos de México y España. Buscó investigadores que lo apoyaran. Junto con Miguel N. Lira se dio cuenta de la importancia de ahondar en la cultura de Tlaxcala y darle su lugar como una cultura viva y fuerte, pero poco conocida, incluso con el peso de una leyenda negra. De allí, se abocó a plasmar la importancia de ese estado para la construcción de una nacionalidad en los siglos XVI y XVII”.

Bajo la curaduría de Emmanuel Albarrán, Umbrales de Xochitiotzin: centenario del último de los grandes muralistas abarca cuatro núcleos temáticos: El mural de Tlaxcala, Del relato místicos al lienzo/Azul de Tlaxcala, La noche que no termina/Luz desbordada y A Citlalli.

“Con esta muestra, el maestro regresa al Salón de la Plástica Mexicana (Colima 196, colonia Roma), del que fue fundador, en 1949, donde se presentó por primera vez en 1950 y por última en 1990. Es un homenaje a la grandeza del último gran muralista mexicano y una forma de comenzar la revaloración de un artista poco revisado”, resaltó el curador.

 

Lee: 'El lugar que habitamos' expone la diversidad cultural en regiones de AL

 

Edición: Estefanía Cardeña


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